lunes, 24 de noviembre de 2008

Requerimientos Culinarios

A quién corresponda,

Familiares y amigos. Se acerca y se acerca la fecha para que nos volvamos a ver. El tiempo pasa rápido y en esos breves momentos libres, se me vienen dulces recuerdos de lo que quiero retomar y recordar mientras estemos visitando en Santiago y alrededores. Se echa mucho de menos, el comadreo, el pasar rato juntos, el reírse y celebrar a destajo. Habrá mucho para ponerse al día en términos de contenido. Tenemos nuevas personitas que conocer. Por un lado conoceré a Tomás Sandoval Ortega quien tendrá un mes cuando lleguemos. Y mientras estemos por allá nacerá Benito Cortés Silva. Y también se ha sumado a la counidad chungunga Julita, la salchicha de Pascuala. Estaremos más ocupados que alcaldes en campaña.

Cómo buena familia Silva y Muñoz, no hay celebración, reencuentro, momento social que no sea en torno a la buena mesa. Por lo tanto si usted (¡Sí usted!) está planificando una junta (ya que, de paso, andaremos de gitanos sin casa propia) anote estas sencillas ideas para matar dos pájaros de un tiro (o sea, para el "catch up" culinario y social)...

Estas son las cosas que TENGO que comer cuando esté en Chilito...

Platos de fondo
  • Reineta a la plancha con ensalada de lechuga y palta (Visita al Mercado pendiente)
  • Ceviche (de Corvina, Mixto. Visita a Machu Pichu, Alto Perú, o el Peruano de la Carmen)
  • Sushi (acá es caro y aprendí a prepararlo yo, pero nunca me he atrevido a usar pescado crudo, sino que a puro kamikama y salmón ahumado. Si es por recomendar un lugar, el Wasabi o el Sushi House)
  • Pastel de choclo vegetariano (con carne de Soya, como en el Naturista)
  • Porotos granados con o sin mazamorra
  • Humitas
  • Empanadas de jaiba, ostiones, mariscos y de pino de pavo que me hace mi suegra y las empanadas fritas de queso que me hace mi suegro. Creo que visita a la Fuente Suiza está en la lista.
  • Completos de pavo (y con el rico pan chileno de completo)
  • Pan con palta y quesillo (o sea, re-simple, para la hora del té)
  • Longanizas de pavo en cualquier asado o para el picoteo
  • Los tacos de mi mamá
  • Ensalada de apio y palta
  • Pizza que prepara Pablo en su horno de barro
Para el dulce
  • Frutilla, frambuesa, melón calameño, melón tuna, tunas, pepino dulce
  • Helados San Francisco de Tres Leches o papayas a la crema
  • Helados del Sebastián (y cafecito después)

Para la hidratación y deshidratación

Jugo de melón y de chirimoya
Champaña si hace calor
Si no hace mucho calor puede ser vino tinto. Estándar Carmenere o Cabernet Sauvignon Casa Silva Reserva
Vino con chirimoya
Cortadito

Por Daniel agrego una visita a la Parillada Uruguaya, y todas las preparaciones con carne que hacen tan bien mis suegros y que yo no como por mi vegetarianismo.

jueves, 16 de octubre de 2008

Chungungos en Reading 0, la Precuela

Vuelvo al blog después de que la desidia y las tareas académicas me quitaran el poco tiempo que parece que uno tiene cuando uno es el que lo administra.


Tengo varios pendientes: un par de recitales más, más comida y datos costumbristas. Pero hay pendientes más pendientes, creo. Empiezo con uno vital en la explicación de esta historia. De qué se trata todo esto de estar en Reading.


Como todo en esta vida, nuestra presencia en Reading es el resultado de una mezcla de oportunidad, trabajo, planificación, improvisación y suerte. En primer lugar, por supuesto, la obligación. Mucho tiempo había pasado chuteando el tema del doctorado. Primero, que recién había terminado el magíster, luego que estaba entero endeudado, luego que a qué hora preparo papeles, y así y así, hasta que llegó el año en que me pasaba de edad para postular a la Beca Presidente de la República.


La postulación a la beca la mandé el último día a una hora del cierre de las postulaciones. ¿Por qué tan a la hora de los quesos? Porque antes tuve que enviar una postulación a Inglaterra, para tener con qué justificar la solicitud. Eso significó preparar una propuesta de proyecto. Todo eso tomó semanas de escribir, llenar formularios, juntar papeles, gastar plata y más plata y enviar una cantidad absurda de correos electrónicos.


Meses después recibí mi carta de Lancaster. Me decían que muy bonito mi proyecto pero que no tenían supervisor disponible. Según la Sarita eso era bueno porque en general a uno le decían que chao, no más, sin opinar sobre el proyecto (Lección para la vida: si se quieren ir a la segura, primero contáctense con las Ues que les interesen y se pololean un supervisor ANTES de postular. Me lo dijo Malcolm Coulthard y ese caballero sabe de lo que habla). Tres días después, me llego el mail que me avisaba que me habían dado la beca. En el momento, estaba apurado haciendo quizás qué otra cosa. Alcancé a llamar a la Gabi y más tarde a la familia. Emocionados todos, pero a la pregunta de ¿A dónde te vas?, la respuesta no podía ser más estresante: a ningún lado, que yo sepa.


Me contacté con la gente de MIDEPLAN para preguntarles si podía postular a otras Ues y me dijeron que sí, pero que el comité tenía que decidir si las Ues nuevas valían la pena.


Otros tantos meses postulando a otras tres universidades. Recolectar las cartas de recepción de solicitud, presentarlas a MIDEPLAN y esperar que les gustaran mis nuevas postulaciones. Todo en la incertidumbre. Siempre parecía que me faltaba un visto bueno de alguien o un documento de alguien más.


Me rechazaron de Birmingham porque no le hacían al tipo de proyecto que presentaba. Y luego me llegó la aceptación de Reading. La última postulación que mandé. La única llenada a mano. A última hora. Sin fe.


Más trámites, la gente de la beca que no me contestaba porque yo no preguntaba. La gente en Reading apurándome para mantenerme el cupo. A última hora haciendo ventas de garaje, sacando visas, pasaportes, despidiéndose, embalando de todo, consiguiendo los permisos de la U para ir a estudiar (con goce de sueldo, se entiende), prometiendo últimas visitas y conversaciones que finalmente nunca fueron, saludando y viendo a un montón de gente por última vez en un montón de tiempo. Todo el rato con la sensación de que quedaban más cosas pendientes que solucionadas y de no tener claro qué era lo que exactamente estábamos haciendo. Y entre medio, trabajando, clases, correcciones, lecturas, el Coloquio de Cognitivos, publicaciones, presentaciones. Gabita, por su parte, trabajando como china antes de dejar su trabajo en el British Council, luchando con (¿contra?) su tesis para entregarla antes de irse (o lo más luego posible desde Inglaterra) y preparando la logística del viaje (reservas, mapas, platas, horas, búsqueda de arriendos…).


Las maletas las terminamos de hacer el día que nos fuimos y nuestras madres se encargaron de ordenar lo que no alcanzamos a ordenar nosotros en nuestro departamento.


Para cuando estábamos en el aeropuerto con la Gabi, ya habíamos perdido tres kilos cada uno en poco más de un mes, no habíamos dormido como la gente en semanas y nuestras conversaciones se trataban de listas y más listas (de trámites, personas, conversaciones, eventos, cosas qué llevar, regalar, vender y guardar). La pena de la despedida antes de perdernos de la mirada de nuestras familias terminó con la última gota de energía que nos quedaba. Lo que quizás fue bueno, porque finalmente estábamos tan exhaustos que no nos quedaban muchas ganas de sentir más pena o preocupación.


Del vuelo mismo ni de cómo llegamos al bus que nos traería a Reading no me acuerdo nada. Mi memoria empezó a computar de nuevo cuando caminamos desde la estación al hotel que Gabita había reservado. Inglaterra seguía viéndose tal y cómo me acordaba de ella. Nublada y llovisnoza. Nuestra primera comida fueron unos noodles en un restaurant que estaba frente a Primark y que cerró a la semana siguiente. Comimos sin apetito, con el cuerpo cortado de tanto viaje, ojerosos y medios deshidratados. Nuestra lista de tareas para los siguientes tres días incluía conseguir departamento, encontrar la universidad, registrarme en mi programa, empezar el par de módulos del Master que incluye mi programa y empezar a instalarse.


Tampoco fue fácil, pero a esas alturas ya nos habíamos hecho más adultos que nunca antes en la vida. Y estaban Sarigüella y Kahlcito en Londres, así que teníamos familia cerca.


Nueve meses después.


Estoy escribiendo en el Post-Graduate House, un edificio muy bonito al que tenemos acceso los estudiantes de doctorado. Vengo saliendo de una reunión de preparación para mis clases de la próxima semana. Estoy en un cómodo sillón en el hall escribiendo en este notebook ultra-liviano que tengo gracias al gentil auspicio de mi suegro. Acaban de salir un montón de estudiantes de postgrado de alguna sesión de entrenamiento de las decenas que ofrecen (metodología, investigación, estadística, habilidades de presentación, por ejemplo). El hall está lleno de conversaciones en inglés con acentos de todo tipo: africanos, pakistaníes, japoneses, chinos, británicos de varias partes, un par de kiwis. La Gabi está en el centro de Reading tomando un curso para el CELTA Certificate, lo que combina con su trabajo de medio tiempo en el Center for Language Studies de la universidad. A las 5 voy a estar en una pequeña recepción a los estudiantes nuevos de doctorado de este año que empezó en octubre.


Cuando caminamos por la U hay gente que nos reconoce y nos saluda. Tenemos caseros en los negocios y en la feria.


Tenemos amigos nuevecitos, alegres y cariñosos.


En la noche, seguramente, vamos a comer mientras vemos un capítulo de Dexter en línea o de Prime Suspect, si es que nos ha llegado por correo nuestro par de discos de LoveFilms. Nos acaban de arreglar la calefacción, así que no pasaremos frío.


Es cierto, a Gabita le habría gustado estar acompañando a su hermana mientras espera a Benito y a mí me habría gustado haber gritado el gol de Chile contra Argentina con mi papá y mis hermanos.


Pero de algún modo perdernos esas cosas sirve para recordar un par de verdades. Por ejemplo, que hemos tenido suerte, que la vida es buena y que la felicidad, por muy feliz que sea, no es nunca fácil.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Islandia y Noruega (Segunda Parte)


Ahora si que si. Envié el primer borrador de la tesis y bajó la carga de pega. Puedo escribir un poco, porque igual ahora vienen las correcciones del profesor y tengo que preparar el curso que empiezo el 22 de septiembre para sacar mi certificado internacional de profe de inglés. Antes que vuelva el torbellino debo escribir de Noruega. Antes que se me olvide todo. Y aquí va.

Lo que más recordaremos de Noruega, sin duda, fue la hospitalidad de Aurelio y Sirpa. Aurelio, es primo de mi mamá, por el lado de mi Tata. Y vive en Oslo desde el 73. Entenderán las circumstancias en las que se fue. Y Aurelio se parece a mi tío pato. Tienen los mismos ojos y la misma sonrisa. Aurelio está emparejado con Sirpa, una gran mujer, de mucho carácter y sentimiento que nació en Finlandia. Hace un par de años que tuvo una parálisis y los doctores no se explican que ahora camine. Pero tiene mucha energía, lo que lo explica, según yo. No conocía a nuestros anfitriones hasta el día que pisamos Oslo y nos recibieron como reyes, con mucho amor y regaloneo. Nos alojaron en la casa de una hija de Sirpa que en esos momentos estaban navegando. Era una casa espectacular. Ahí nos esperó Sirpa cuando llegamos del aeropuerto con Champaña, salmón ahumado, jaiba, chocolates, torta... uf!

Aurelio nos enseñó a tomar el bus al centro. Luego de la champaña y el banquete salimos a patiparrear. Conocimos el centro, que como buena ciudad europea de pocos habitantes, es pequeño, pero con edificios del siglo 18 y 19 totalmente bien mantenidos. Hay muchos edificios nuevos también, pero totalmente armónicos y llenos de detalles. Como la alcaldía, que tiene unas esculturas de oso muy lindas.

Era domingo, y la gente estaba afuera de los restaurantes y cafés como si fuera sábado. Igual que en Islandia, los noruegos son relajados y viven la vida como si se acabara mañana. Como detalle de este relajo, hay que mencionar que en el aeropuerto no tuvimos que mostrar el pasaporte. Simplemente fuimos a buscar nuestra maleta y salimos. Y en el metro, las puertas están abiertas, y asumen que uno compra el boleto antes de subir. O sea, civilización todo el rato.

Y el lunes fuimos al patiparreo tipo Waldo Silva. Con Aurelio. Fue intenso, pero el mejor tour para conocer la ciudad. En dos patas. Fuimos al centro, luego al palacio de los reyes, los jardines que le llevaban patitos, que mi mamá perseguía como si tuviera 5 años. Y uno le decía "mamá, muerden", pero, insisto, era como si tuviera 5 años.

Mi mamá siempre se quedaba atrás, sacando la foto y caminando al ritmo Erika Iglesias que tanto la caracteriza.

Oslo queda en la costa. Y fuimos al muelle donde pasan unas micros-bote que te llevan a tres puntas de una isla donde hay museos. Caminamos por el equivalente al "paseo ahumada" hasta llegar a la opera, edificio que recién se abrió. Y es IMPRESIONANTE. Es un edificio moderno, blanco y con vidrio que simula un iceberg, que incluso termina en el agua. La otra gracia que tiene es que se puede subir hasta la punta, sin subir un sólo peldaño, sólo subiendo por la pendiente. Y por dentro tiene mucha madera. Y unos baños cuáticos. Por afuera, hay que andar con anteojos de sol, porque el reflejo del cielo sobre esta piedra blanca encandila mucho.

Lo otro IMPRESIONANTE es el parque de las esculturas. Gustav Vigeland esculpió solito más de 200 esculturas de bronce y granito. Todas están hechas respecto al tema de la familia. Hay de niños, de niños con su papá, con su abuelo, mamás jugando con los hijos, niños haciendo travesuras, abuelos haciéndole cariño a la abuela. Son muchas escenas familiares, llenas de expresión y detalles. En Wikipedia sale más obre este maravilloso parque.


Y ese fue el primer día. Ya no me acuerdo muy bien en qué orden ocurrieron las cosas. Pero se puede destacar lo que siguiente:

El último día fuimos a la Galería Nacional. Acá está el famoso Grito de Münch, que es bastante impresionante, pero la galería está llena de joyitas noruegas (Sohlberg, por ejemplo, a quién no conocía ni de nombre y ahora me fascina) y tiene una buena colección de Münch, Van Gogh, Cezzane). No es muy grande, pero para haber ido a ver un sólo cuadro, salimos re-contentos. Bueno, mejor dejo de hablar de arte porque mi ignorancia queda en evidencia.

El último día fuimos a ver Holmenkollen, que es una cancha de salto en esquí. Obviamente, en verano no hay nieve y nadie estaba saltando, pero lo hicimos a pie y para una que sufre de vértigo fue, por decirlo menos, vertiginoso. Este lugar queda en una zona muy pirula y fue interesante pasear por ese barrio y ver como "sufren" estos noruegos.

Tengo que mencionar también el museo de Fram, donde está el barco (Fram) que llegó por primera vez al polo sur (en 191). Roald Amundsen era un explorador medio chiflado que quería explorar los extremos de la tierra y tuvieron que construir este barco enorme, de capas y capas de roble que aguantara las calamadidades del clima. Eso incluía que, por ejemplo, tenía que aguantar periodos de dos o tres años atrapados en el hielo. Y el barco, que tiene una forma tipo huevo para romper el hielo, estaba preparado para alimentar a la tripulación por 5 años. En fin la historia es entretenida y el barco es IMPRESIONANTE.

Y un momento muy especial de este viaje, fue la invitación a comer a casa de Aurelio y Sirpa. Una casa muy linda. Comimos Salmón con papás, una torta rica con frambuesa y arándanos y pudimos disfrutar de una linda terulia, repasando fotos viejas y comunicándonos y traduciéndonos entre noruego, chileno e inglés. Daniel, el chico tech, le explicó a Aurelio como usar Skype.

Y después pa' la casa. A Reading. Fue emocionante la despedida. Este viaje fue mucho más de lo que cualquiera de nosotros se había imaginado. Somos de memoria frágil, eso sí. Porque una vez arriba del avión yo ya estaba pensando en la tesis y Daniel en sus estudios. Y no le he escrito a Aurelio y a Sirpa para agradecerles nuevamente. Espero hacerlo pronto. Esperamos tenerlos por acá algún día. Y retribuir, aunque sea un poquito.

lunes, 11 de agosto de 2008

Islandia y Noruega (Primera Parte)

Ahí partimos los muy patudos. 31 Julio 2008. Mis padres, Waldo y Erika nos están visitando y como mi papá no puede estarse quieto mucho rato (ni sin tele, todo un desafío) y quiere conocer 100 países de aquí al próximo año (lleva como 90), fuimos a dos países que no conocía.

Primero partimos a Islandia por una breve estadía de tres noches. Nos quedamos en un muy rico departamento en Reykjavik. Es lejos el país más caro que hemos visitado. Ahora Inglaterra parece una ganga. Es el país donde una botella de vino rasca sale $14.000, un plato de fideos sale $15.000 y medio kilo de guindas la módica suma de $17.000. Pero vale la pena el esfuerzo.

La ciudad, que tiene 150.000 habitantes, tiene un aire a Puerto Natales o a Puerto Varas. Las casas están construidas para el frío y la lluvia y son igualitas a las del sur. Todos son buena onda, andan relajados por la vida y viven felices. Es más parecido a Chile aún cuando uno piensa que está lleno de volcanes y geysers. Pero han sido más pillos que nosotros porque utilizan el calor de la tierra producto de los volcanes y geysers para calentar el agua y las casas. Es por eso que todo tiene un olorcillo no muy agradable a azufre y cuando uno se ducha y se lava el pelo uno queda pasadito.
El primer día nos dedicamos a recorrer la ciudad. Es pequeña y baja, nada de edificios gigantes. Está en la costa y se ve un horizonte verde maravilloso. En invierno debe ser todo blanco. En la tarde fuimos a una piscina termal que queda en la ciudad, Laugardalur. Hay varias piscinas, en todas partes. Así como aquí hay pubs para sociabilizar, allá la gente sociabiliza en estas piscinas calentitas que están abiertas hasta las 23 horas. A la que fuimos era gigante, habían como 6 piscinas chicas tipo termal, una mediana con juegos y una grande para nadar. Los camarines eran gigantes, porque parece que de verdad se llena en invierno o verano. Por eso deben ser tan buena onda, si pasan metidos relajándose en aguita caliente. Para rematar ese día fuimos a un cerro a ver el atardecer más largo que he visto. En esta época nunca obscurece por completo. A lo más el cielo está azul marino, pero a las 23 horas todavía hay luz de atardecer.
El segundo día hicimos dos paseos inolvidables. Nos levantamos tempranito para ir a ver ballenas y delfines. Tuvimos suerte porque vimos ballenas por montones y de todos los tamaños. En esas latitudes todavía no hay ballenas azules, pero divisamos muchas ballenas jorobadas que ya son re-grandes y cuando tiran su chorrito y muestran las aletas uno queda plop. También divisamos unas aves muy típicas allá que se llaman puffins. Son chiquitines, una mezcla entre pingüinos y golondrinas y tienen carita de pena y el pico rojo.
El segundo paseo fue a las afueras de Reykjavik a conocer lo que se llama el Círculo Dorado, que consite de tres lugares impresionantes: un parque nacional llamado Pingvellir, Gullfos y los Geysers con la guía más parlanchina del planeta. Más latera que informativa, debemos decir. Nos tocó sol y calorcito sólo en nuestra primera parada, en el parque nacional. Luego lluvia.

La gracia de Pingvellir es que es patrimonio de la humanidad de UNESCO. Es muy lindo, pero por sobretodo tienen gran importancia histórica. Originalmente ahí estaba el primer parlamento y ocurrieron los primeros grandes eventos de la historia de Islandia. Además, el lugar tiene importancia geológica. Este lugar queda justo en la cadena Mid-Atlántica, dónde se separan los continentes de Europa y America, provocando actividad volcánica y terremotos. Es decir, si uno se para a un lado, se encuentra en la placa Europea y si se pasa para el otro lado, uno pasa a America. Está lleno de fisuras que dan cuenta de como se separan las placas.

La segunda parada, Gullfos, o cascada dorada, es una mansa ni que cascada (de 32 metros, separado en dos etapas) que hace que uno se sienta chiquitito e indefenso en la naturaleza. Finalmente, los Geysers en Haukadalur se ven en acción tirando sus chorritos y pasado a azufre.

Dormimos poco por el exceso de luz y de actividades. Este tour, por ejemplo terminó a las 12 de la noche.

Y así fue todo intenso. Al otro día partimos a Oslo. Y ese será otro capítulo.

domingo, 13 de julio de 2008

Actualización Académica


Ya se está acabando Julio. Y ha sido poco lo que hemos aportado al blog. La foto habla por sí sola. Mucho estudio por parte de ambos. Yo espero enviar mi versión de tesis a mi profesor guía el miércoles, aunque todavía suena como meta imposible. Daniel, por su parte entregó su propuesta de investigación doctoral hace un par de semanas.


La rutina nos ha cambiado un poco. Ya es pleno verano y eso se nota porque se oscurece como a las 10 PM. Entonces es difícil acostarse temprano porque cuando oscurece ya es tarde, pero el reloj biológico sigue andando por un para de horas más. Lamentablemente para mí, el verano no se nota por las altas temperaturas, porque en realidad calor no hace y ha llovido más que otra cosa. Botas e impermiable siguen a mano y mi eterno plan de leer en el parque sobre mi pic-nic rug están postergadas hasta nuevo aviso.

La vida sigue apacible pero con mucha más carga de trabajo.

Daniel estudia y estudia. Se queda despierto hasta tarde, se levanta muy temprano, y está muy flaco, porque come poquito.

Yo, por mi parte, estoy trabajando más porque acepté un nuevo trabajo en la universidad como coordinadora de programa social de estudiantes internacionales y sigo ayudando en el Centro de Auto Acceso (para aprendizaje de idiomas). Ha sido una experienca distinta. El domingo pasado me toco pasear a estos estudiantes (50) por Oxford y me sentía como tía de jardín infantil (y me acordé por qué no fui tía de jardín infantil). Este fin de semana voy a Londres con 80 estudiantes.

Así que cuando tengamos tiempo sí tendremos varias cosas para poner en el blog. Pero a nuestros seguidores les agradecemos el apoyo y sólo les decimos... continuará

sábado, 14 de junio de 2008

Going Green: algunas lecciones y contradicciones

Si no conoce su huella de carbono (carbon footprint, ¿cuánto monóxido de carbono emite usted?), si no lleva sus bolsas cuando va a comprar, si no recicla... usted está out. Acá en Inglaterra se lleva esto de volverse verde, pero con sus pifias.

En Chile me miraban raro por llevar bolsas de feria al supermercado, o por acumular reciclaje que después le llevaba a mi mamá que vive en Ñuñoa, donde hay camión de reciclaje. Pareciera que a la gente en Chile no le importa ser más amigables con el medioambiente... Es cosa de ver en el supermercado cómo la gente pone un yogurt en cada bolsa para llevarse la mayor cantidad de bolsas. En otro ámbito, encontré re-vergonzozo escuchar que una figura pública reconoció en su programa haber salido en su auto a pesar de que tenía restricción como si fuera un chiste... acá pillaron a una figura pública hablando por celular en el auto y tuvo que dar disculpas públicas.

Acá la cosa es distinta: gobierno, comunidades, personas individuales... todos tenemos que ser ecológicos; la paranoia es mucha.

La foto que pusimos es de nuestro bus, el 17, que nos deja en la esquina de la casa. Todos los buses de esta línea funcionan con bio-ethanol, que viene de la remolacha y que vale 90 pesos el litro (más información de esta iniciativa aquí). Otras iniciativas incluyen disminuir el impuesto a autos ecológicos e implementar sistemas sin fines de lucro de arriendo de autos eléctricos por $1000 la hora, así como sistemas de préstamo de autos.

Y por nuestra casa, estamos teñidos de verde, o al menos eso intentamos: utilizamos dos basureros, uno para la basura y otra para el reciclaje. El vidrio se recicla aparte y acumulamos nuestras botellas de vino para llevarlas al deposito. La bici es nuestro principal medio de transporte, llevamos nuestras bolsas cuando salimos a comprar y compramos lo más posible usado, en nuestro charity. E intentamos cocinar lo más posible en casa.

Así que nos vamos con una estrellita a la casa...

Hay dos culturas que hay que cambiar para que no salgamos para atrás con esto del calentamiento globa. Una es la cultura del reciclaja (implementarla!!!) y la otra es eliminar la cultura del consumismo.

La cultura del reciclaje es clave para ser un poco más ecológico. Ya habíamos hablado de los charities... Básicamente uno lleva la ropa, ropa de cama, muebles, libros, discos, utensilios de cocina, etc que uno ya no use a estas tiendas. Ellos la organizan dentro de esta tienda y se vende. Lo que se gana por ventas va a una institución de caridad. Nosotros hemos comprado ropa de cama, ropa, pocillos, moldes para el horno, colchas, discos y muchos libros en estas tiendas a precio de huevo. Aparte de lo barato, está la idea de reciclaje, ¿para qué comprar ropa nueva? La cantidad de agua que se utiliza para hacer una polera es cercana a los 1.000 litros.

También existe un sistema de freecycle, en que en un sitio web de la comunidad la gente inscribe cosas que quiere desechar, desde bicicletas a coches de guagua y se aplica la misma lógica.

Hay que acabar con el consumismo en mala. Este país ES la cultura del consumismo. El colegio, la salud es gratis y la gente puede ganar bien y no tener que gastarse la mitad del sueldo en pagar el colegio de los niños. Y la plata se gasta. Es un pasatiempo: gastar. Se consume: la gente compra demasiada ropa, sale a comer (que también es un mal signo en tu carbon footprint) y viaja mucho que es muy malo en términos ecológicos.

Respecto a los vuelos, acá están mal acostumbrados. Hay vuelos directos y a precio de huevo (Incluso hay unos gratis!!! sólo se paga impuesto y tasa de embarque) a dónde a uno se le ocurra. Las escalas ya no existen. La cantidad de sitios y aerolíneas es ridícula y sólo en Londres hay 5 aeropuertos y hasta con 5 terminales. Creo que hay que empezar a hacerse la idea que viajar es un lujo. Que hay que hacer escalas y que tendrán que haber menos aviones sobrevolando. Debe ser negocio redondo, pero no una gran idea para el futuro. Subir los impuestos no ayudará en mucho.

Lo otro que se estimula acá es consumir productos locales. O sea chao con la piña de costa rica y la palta chilena. Como en los tiempos feudales, hay que tratar de mantener una economía reducida a lo local y no empezar a contaminar importando cosas. Hay restaurantes que dicen vender sólo productos locales... y eso pareciera darle más "onda". Pero eso es esnobismo puro (y seguramente mentira) porque no creo que el aceite de oliva sea inglés; o el vino...

Uno hace lo que puede y se da cuenta que el problema es grande. No es fácil. De hecho los camiones de reciclaje pasan poco y a veces no podemos seguir acumulando basura. También nos hemos dado cuenta que hay demasiado envase dando vuelta: En el supermercado y hasta en la feria todo viene en paquetes o envueltos. Si uno compra un pepino, este viene sellado al vacío en plástico; si uno compra tomates, estos vienen en una caja plástica. Y la gente prácticamente no cocina, sino que compra comida preparada que vendrá en más cajitas y en bolsa. El otro día compramos un cucurucho de papas fritas, pero en vez de cucurucho venía en una caja y la caja en una bolsa.

Invitamos a todos a sacar su carbon footprint en www.carbonfootprint.com y reflexionar sobre qué puede hacer uno para ser más ecológico. Las empresas harán lo suyo en algún momento, esperemos, pero el cambio tiene que partir de uno. Partir por comprar la nueva bolsa líder para las compras es una gran idea...

Miren que seré tía y quiero que sobrin@ tenga aire para respirar y agua limpia para tomar.

sábado, 7 de junio de 2008

Celebrando Vaisakhi

Antes que nada una aclaración: Daniel tiene muchas ganas de escribir, hay dos conciertos que reportar, por ejemplo, pero está estudiando mucho y no le alcanza el tiempo para escribir. Así que yo de nuevo. Sorry y bienvenidos.

El evento al que hace referencia esta nota sucedió el domingo 4 de mayo. A eso de las 10, 11 AM. Yo hacía mis ejercicios con mis audífonos puestos en el living. Daniel estaba en el computador. Daniel miraba por la ventana y veía niños con globos naranjos. "Debe ser el día del niño o de la primavera" pensaba yo. Después Daniel estaba pegado a la ventan y yo no escuchaba nada porque andaba con audífonos. Hasta que me los saqué de copuchenta y escuchaba tambores y ruidos de masa. Por la ventana se veía gente y gente pasar. Obvio que salimos a la calle a ver qué pasaba, cámara en mano.

Las veredas estaban atestadas de gente, muy pocos locales, pero harto Sikh, de esas personas que andan con barba larga y con un turbante 24/7 en la cabeza, mientras que las mujeres andan con saris o eso pijamas que usan. Y por la calle -el tráfico estaba cortado- había una marcha desfile de la comunidad Sikh, que incluía niños, mujeres, jóvenes y más viejos. De la nada, yo con mi pijama puesto aún, estábamos en la mitad de un carnaval. Se escuchaban los tambores, un carro alegórico con música sik/hindú a todo chancho, otro que rezaba por un micrófono y la gente que hacía que hubiera ruido de gente.

Estábamos extasiados. All of a sudden, nuevamente estábamos en otro país (como en Southhall).
El motivo de la marcha/desfile/carnaval era la celebración del año nuevo Sikh, Vaisakhi que se celebra mediante una Nagar Kirtan, que en punjabi significa algo así como canto de himnos divinos por el vecindario. Y es eso: una procesión por el pueblo cantando himnos de su religión.

Nos dieron un panfleto para que entendiéramos qué significaba todo esto. Por ejemplo, qué es el sikhismo... una religión progresista, moderna fundada hace 500 años en lo que hoy es Pakistán y hoy tiene 20 millones de miembros (la 5ª en el mundo). La religión profesa las enseñanzas de 10 gurus que están el su libro sagrado y un gurú viviente, en este caso Sri Guru Granth Sahib.

El mensaje de la religión Sikh incluye: Devoción a Dios todo el tiempo, vivir por la verdad, servir a la humanidad, igualdad para la humanidad, denuncia supersticiones, apoya la democracia y la libertad de expresión y religión.

Todo fue muy lindo y colorido. Además que fuimos sorprendidos con un acto enorme de generosidad de los Sikhs hacia la comunidad (nosotros). La gracia de esta peregrinación es que las tiendas/almacenes de Sikhs instalan unas mesas en la calle, afuera de su negocio y regalan comida. A medida que pasaba el grupo peregrinando, los trabajadores de los almacenes repartían comida a todos. A nosotros nos tocó samosas con salsa de garbanzos, gulab jamoon, chai. Y dulces y jugos. Habían tiendas que tenían chocolates, bebidas y papas fritas, cosas más británicas. Yo no busqué la comida. Me la pusieron en mis manos y quedé muy feliz con el acto de generosidad. No faltaba el white trash que abusando de la confianza llevaba una bolsa llena de chocolates y bebidas.

En fin, Corazón y guatita contentos. ¿Cúando para un 18de Septiembre te han regalado un anticucho o una empanada en la calle? y si lo han hecho ¿no es sospechar que la hayan puesto veneno, lo primero que uno hace? Acá era otra cosa... era ver pasar gente feliz, y personas felices y agradecidas de la vida te entregaban un cucurucho con comida sonriendo. Nos hicieron el día. Y ya lo anotamos en el calendario para el próximo año.

Más información de la comunidad Sikh de Reading: www.reading-gurdwara.org.uk




jueves, 22 de mayo de 2008

Vacaciones Mediterráneas - Parte 2


19 Mayo

Empieza la segunda parte del viaje. Vamos al extremo este, pero pasamos por el sur, por Agrigento donde está el valle de los templos. Sabemos que no será corto. Yo con mi capuccino en un Servicentro quedo flor. Pasamos a un teatro Griego que nos habían recomendado. De ruina tenía poco. Estaba tan protegido con estructuras que se perdía toda la gracia. Además que anunciaban: “Cuidado con las víboras” así que uno andaba medio saltón. Justo abajo había una playa. No estaba tan rica como la nuestra en San Vito, pero merecíamos tener nuestro último chapuzón. Almorzamos por ahí. Y fue aquí, en la mitad de la nada en que comí lo más rico que comí en Italia: spaghetti con almejas e insalate de mare. Los mariscos estaban en su punto, nada de chiclosos y el aceite de oliva y el limón lo dejaba muy rico. Los spaghetti estaban al dente y la preparación era simple, nada de crema o nada sofisticado. Sólo un poco de tomate y aceite de oliva. Espectacular. So f***ing awesome.

Llegamos al valle de los templos un poquito tarde para nuestro itinerario, pero igual entramos y vimos casi todo lo que podíamos ver. Como buen lugar turístico y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, estaba lleno. Y todos en grupos, menos nosotros. O eran cursos enteros de 60 o más niños o los abuelitos de tour de tercera edad. Guías de todos los idiomas. Pero las ruinas hablan por si solas. Son dos templos grandes y uno más pequeño. También hay catacumbas y una bella vista al mar y los valles. Esta es la sección titulada “baño cultural”. O sea, no podíamos no tener nuestra parada en un lugar que es Patrimonio. Les juro que mi papá me deshereda.

Y luego teníamos que llegar a nuestro segundo B&B que quedaba cerca de Catania y del Etna, San Leonardello. La gracia de este B&B es que era agroturismo o turismo rural. En la página web hablaban también de paseos en bicicleta y grandes desayunos. Y nos imaginábamos puro campo y el volcán. Llegamos re tarde y nos atendió, el caballero fantasma. Nunca supimos su nombre. Nunca supimos si era el patrón del fundo o el capataz. Era un caballero viejito que nos mostró nuestra pieza hiper rústica y el lugar del desayuno que antes era una pieza donde se prensaba uva para hacer vino. Muy lindo. Le tuve que pasar mi pasaporte, así que esperaba que fuera un caballero de carne y hueso. Era como de esas historias de El día menos pensado, del tipo… “anoche nos recibió un caballero que nos mostró todo… pero si aquí no hay ningún caballero, quizás es el espíritu del hombre que vivió acá hace doscientos años”.

En fin. Conversamos un poco en una terraza por ahí en la casa, acompañados de la perra Lulú y dos gatos. Muy agotados. A dormir. Esperando ver al caballero de nuevo y mi pasaporte.

20 de mayo

El caballero existe. Nos preparó café y nos sirvió el desayuno. En este campo, en que hay puros árboles cítricos y un par de higueras y nogales, hacen miel, mermeladas y limonchello. Y el desayuno era eso: café (rico como siempre) y pan con mermelada. Lo que nos decepcionó un poco. Esperábamos unos huevitos o unos quesitos más que sea. Porque era más caro y ni cerca de lo rico y hermoso que era el B&B de la señora Anna.

Ricardo partía ese día. Había sol y a pesar que yo quería dejar de manejar un poco, salimos a buscar una playa para que Ricardo se bañara y aprovechara sus últimos minutos de sol. El problema fue que las playas más cercanas estaban llenas de grúas, preparándose para el verano. Ninguna gana de bañarse ahí. Era como un espacio en construcción. Nada era tan lindo como San Vito. Pasamos por varias playas. Recorrimos toda la costa. Incluso fuimos a una reserva natural que estaba cochina. Era el colmo. Así que pasamos más tiempo en el auto que en la playa. Al final llegamos a Taormina, que era como Viña del Mar. Ricardo se bañó. Yo dormí un poco bajo el quitasol que nos prestó el caballero fantasma. Y almorzamos por ahí. La mala cueva fue que nos sacaron un parte por no pagar parquímetro. Nunca cachamos que había que pagar. Y teníamos que ir a dejar a Ricardo al aeropuerto. Así que manejé de vuelta, recogimos su maleta, fuimos al aeropuerto y volvimos a Taormina a pagar el parte. Una gran lata. Sobretodo para mí, que empezaba a odiar la carretera.

Todo se arregló un poco cuando volvimos a nuestro B&B en San Leonardello. Fuimos al pueblo más cercano, Giarre, que terminó siendo bastante lindo y compramos productos locales: aceitunas, berenjenas, queso, vino y picoteamos en la casa. Nos sentamos afuera y llegaron nuestros vecinos alemanes que estaban obsesionados con el Etna. Había estado cubierto todo el día, pero como a las 10 de la noche se despejó y lo pudimos ver. Estaba al lado y botaba lava como loco. La silueta del volcán no se veía, porque estaba muy oscuro, pero se veían unas manchas rojas de lava que a ratos se intensificaban y se alargaban. Bajaba la lava y yo quería correr, pero el caballero alemán estaba extasiado y me dio tranquilidad. Vimos el Etna botando lava. Impresionante.

21 Mayo

Es feriado en Chile. Acá no. Tomamos nuestro desayuno de pan con mermelada de higo y naranja y salimos a caminar. Descansamos un poco. Leí bajo un parrón. Saqué foto a las flores y los animales de la casa: dos gatos y un perro.

Partimos de vuelta. Todo cronometrado. Almuerzo y a entregar el auto y a esperar el avión. De ahí nos esperaba un tren a Reading. La cola de British Airways eran pura gente mayor y nosotros, bajando el promedio de edad. El avión salió con retraso y el grupo de adultos mayores iba a perder la conexión a Manchester. Todos se complicaban y alegaban. La señora que iba al lado mío estaba muy preocupada porque tenía una cita temprano en Cheshire y no sabía como llegar. Y empecé a sentir que todo volvía a la normalidad, que en un par de horas estaría en un tren a casa, for good.

En la estación había mucha gente ebria. Todos dando jugo. Y era obvio, por una parte son ingleses que toman mucho y era el partido del Chelsea con Manchester United por la Copa Europea. Este es el lugar donde vivo, me dije a mi misma.

Fotos (más en Facebook)









Vacaciones Mediterráneas - Parte 1


No sé si uno puede evitar esa mini depresión que a uno le viene después de viajar por vacaciones. Pero hoy cuando me desperté y caché que estaba en mi cama en Reading no me quería levantar. Una vez de pie todo volvió a la normalidad. Me pesé para cachar si había subido de peso (no, qué maravilla, es cierto lo de la dieta mediterránea), salí a trotar, a comprar leche, al charity, a lavar ropa, ordenar, facebukear, cocinar. I’m back. Y lo único que puedo decir es que tendré que buscar una forma para volver. Fue todo demasiado increíble. O cómo decíamos con Rick: this is so f***ing awsome! (léase con entonación Laguna Beach).

El viaje lo dividimos en dos partes: playa y campo. Nunca pensamos que nos iba a tocar tan buen tiempo. Entre 20 y 26 grados. De haber sabido, no vamos al campo y nos quedamos en la playa. Pero ya estaban listos los arriendos de nuestros Bed & Breakfast.

15 Mayo 2008

Viajamos en British Airways porque tiene vuelos directos a Catania, en la costa este. Pero nosotros partíamos nuestra estadía en la punta noroeste, específicamente en San Vito lo Capo y la isla no es nada de chica. Así que manejé cuatro horas con mi co-piloto Ricardo y Daniel de comentarista de paisaje. En el futuro espero que ¡alguien saque carnet para acompañarme en esta pega! Las carreteras eran mi primera preocupación. Respecto a la señalética, nada que decir: está todo muy bien indicado. La calidad de las carreteras… nada que decir, a lo más un hoyito chico y unos arreglos de vez en cuando. El problema son los italianos. Esto de tener cultura de Formula 1 a mí no me ayudó en nada. Son buenazos para andar a 150 km por hora, pasar con poca visibilidad (en curvas, por ejemplo) y tirarte el auto encima. En nuestro rent-a-car nos dieron un Chevrolet Matiz que se volaba cada vez que pasaba un auto al lado mío. Así que eso fue un poco estresante, (I have to sayI mean, like really stressing, you know también con acento Laguna Beach)… Además que la mitad del camino era pura curva… tipo Farellones. Para la próxima: pasaje a Trápani (en el oeste) y bus.

Quizás la mejor sorpresa de ese día fue llegar a nuestro B&B, Tra Cielo e Sabbia. Atendido por su dueña, la señora Anna y su marido Enrico. La página web no tenía las mejores fotos y los valores económicos (32 euros la single y 55 la doble) nos hacía sospechar que quizás íbamos a tener problemas. Pero no podíamos estar más equivocados. En la página web decía “a pasos del mar” y en Chile eso puede significar 30 minutos a pie. Pero acá era literalmente frente al mar, y las piezas eran preciosas, grandes y limpias. Era ecológico y tenía agua calentada por el sol y una cadena que liberaba cantidad de agua según las “necesidades”. Rápidamente nos instalamos y fuimos a comer, porque no habíamos comido nada desde al avión. A comenzar a descubrir lo que esta isla tiene que ofrecer. Partimos por lo más conocido: pizza y helado. Muy rico. Son como tontos para ambos.

16 Mayo 2008

San Vito lo Capo es parte de lo que se llama Castellamare del Golfo. Y es una línea costera que tiene muchos balnearios y San Vito es uno de ellos. A unos 10 kilómetros está la reserva natural dello Zingaro. Todavía era temporada baja por lo que no había mucha gente. El sábado y domingo estaba más lleno. Va gente de Palermo y otras ciudades cercanas y muchos alemanes. La gente habla italiano y alemán. No se parla mucho inglés…

Nos despertamos con el olor a café de la señora Anna. Uno de los mejores desayunos de mi vida: café, jugos, pan italiano, mermeladas ricas, tortilla, cornettos (que son cómo facturitas) de nuttela y pastelera. Y la playa que estaba al frente era espectacular. Color turquesa, temperatura tipo La Serena (no era el Quisco, que es mi estándar, así que bien), sol, arena limpia y una vista a un morro gigante que es la marca de San Vito.

Estuvimos todo el rato en el agua. Desestimamos el sol y nos insolamos en mala. Ahora nos estamos despellejando. Es tonto, lo sabemos. No necesitamos que nos lo repitan.

En la noche salimos a comer y conocer mejor el pueblo. Ya era viernes así que el pueblo tenía más movimiento. Nos dimos cuenta que en términos de comida, lo que se lleva en la isla es el atún y el pez espada. Hay mariscos por montones también y mucho pulpo. Degustamos unas delicatessen de la zona: pasta de atún con naranjas que queda bastante bien, salame de atún, atún ahumado pez espada ahumado. Lo mejor era el pez espada ahumado. Acá en UK el pescado es muy caro y los mariscos son pocos y más caros aún, así que aprovechamos de hacerle harto al marisco y al pescado.

La cocina de Sicilia tiene influencias de todas partes, griegas, italianas y moras. Después de todo fue invadida por todos. Así que también se lleva mucho el cous-cous y los platos árabes. Me faltó el cous cous. Pero le di cómo caja a las pastas, al atún, el pez espada, las almejas, el pulpo… todo. También tienen muchas almendras, pistachos (y muchas cosas a base de ambos) y cítricos. Esta es la zona del Limoncello que es un licor de limón. Tiene sabor a un dulce Ambrosoli de limón, según yo, así que cero onda con eso. También hacen su propio vino, y es particularmente bajo en grados alcohólicos, con un punch alcohólico pero que a la larga tiene poco cuerpo y poco sabor. Eso debe ser por el clima, porque el vino con más cuerpo es de países más fríos.

Y tomé café como loca. Ya no sé que voy a hacer cuando me quiera tomar un café acá. Ya en Inglaterra el café es más rico que en Chile, pero el de Italia es mil veces mejor que el inglés.

17 Mayo

Salimos a la reserva dello Zingaro. Tuve que manejar unas curvas muy de Mónaco pero cada vez soy más Italiana al volante. La reserva es muy larga. Deben ser unos 20 km de extremo a extremo. Nosotros avanzamos lo que pudimos. Paramos en tres playas. Nada que decir. Demasiado lindo el paisaje, el agua muy rica y bonita y lo mejor de todo poca gente. O sea, son playitas no balnearios. Así que una vez en el agua me saqué la parte de arriba del bikini. ¡Muy europea! Si es por encontrarle algo malo a las playas es que tienen poca sombra y tiene piedras en vez de arena y meterse a pata pelada es muy complicado y doloroso. Pero una vez en el agua, mirando alrededor y cachando el manso ni que paisaje, o sea, ayúdame a decir paradisíaco.

Entre playa y playa hay un sendero muy lindo y fácil. Sólo zapatillas y ropa cómoda. Incluso había alemanes tan producidos con guaguas colgando de la espalda con esos andamios. Hay que llevar mucha agua o si no, no te dejan entrar. Porque adentro no hay. Este es mi tipo de panorama… me acordaba de todos los paseos que hemos hecho que son de este tipo en el que uno termina desayunándose con los mansos paisajes: los senderos de Ensenada, el paseo al lago Cabrera en Hornopirén (5 horas de caminata en total rodeada de tábanos) y a la reserva de Hornopirén, (el agua más helada de mi vida) y cómo olvidar el paseo en Papudo a las playas “muerte segura” y “peligro inminente”. Y acá… el paseo a Sonning y a todas partes, hasta al supermercado (que me topo con cisnes varios). Amo caminar.

Después de 6 horas de caminata y baño… después de haber subido y bajado cerros pasamos a la zona de picnic y nos servimos nuestro pez espada ahumado y pasta de atún con naranja. Fuimos tan finos que hasta llevamos rúcula .

Fuimos al mismo ristorante que la noche anterior. Ya que el caballero nos había tratado tan bien y nos regalaba un bajativo.

18 Mayo

Ricardo tenía una idea. En vez de ir a Grecia, podíamos ir a unas islitas que quedaban cercas que tenían ese look mediterráno y playas “lovely”, según la Raugh Guide. Para llegar había que ir a Trápani que queda como a 40 minutos en auto y tomar un ferry que se demora 15 minutos. ¡Papaya! Habíamos acordado no decirle a nadie, pero la realidad más realidad es que esta isla, Levanzo, tiene buen lejos. De cerca, el pueblito tiene su gracia, es cierto, pero las playas son demasiado asquerosas. Y es una pena, porque son turquesa y tienen arenita. Pero es cómo si nadie haya pensado en usar un basurero. Estaba lleno de botellas de agua vacías, envases de todo tipo. Hasta papel confort. ¡Nada que ver! Además, si hubiera estado limpia, quizás hubiera sido igual de inaccesible porque estaba lleno de medusas. Venden hasta bloqueador con repelente a las medusas, lo que nos dio a entender que no eran pocas y no era agradable si te tocaban. Ricardo tenía un bloqueador con repelente pero no se atrevió a probarlo.

Este fue un punto bajo de nuestra aventura. Es anecdótico pero perdimos tiempo innecesariamente. Así que cancelamos las actividades del resto del día y nos fuimos de vuelta a San Vito a quitar el sabor amargo con nuestra playita y un par de pizzas.

A todo esto, esa noche, fui comida viva por los zancudos. O sea, a parte de la insolación, tenía, sólo en el brazo, 8 picadas.

Fotos (y más en Facebook)










sábado, 3 de mayo de 2008

La Música 02: The Black Crowes, la venganza

PARTE 1: LA AFRENTA

El año 1996 fui al peor recital de mi vida. Gran parte del estatus de “peor” tiene que ver, ciertamente, con el nivel de expectativas que tenía. Para variar, me había gastado plata que no tenía y, esta vez, era en grande, porque el asunto le llevaba viaje y estadía en casa de unos amigos de un amigo. La cosa era en Viña del Mar, en el Estadio Sausalito, y estaban todos que se hacían pichí porque tocaban Page y Plant, lo más cerca que íbamos a estar los roqueros shilensis de los Led Zeppelin en nuestra vida.


El motivo de mi expectativa y el desembolso, sin embargo, no tenía nada que ver con Page y Plant. De hecho, originalmente no pensaba gastar un peso en ese recital en particular. Los había visto en la tele, los había escuchado en la radio, los había visto en videos. Page y Plant daban rabia de lo aburridos que se habían puesto. Todo más suave, con varias octavas más abajo para que a Plant le llegara la voz y, lo peor, con una onda folclórica-étnica que para lo único que servía era para explicar por qué le habían quitado las guitarras eléctricas y el ruido rocanrolero a casi todas las canciones. Lejos de Led Zeppelin, el show que se venía era una cosa más de adulto-fome, onda treintón nostálgico (Dios me libre, toco madera). Más pa' señoritas, sin ánimo de ofender.


No no no. Decidí ir al recital cuando supe quiénes teloneaban: The Black Crowes. Los Rolling Stones de los 90 les decían muchos. En la práctica, eran en ese momento lo que Page y Plant habían dejado de ser hacía rato. Venían promocionando el tercero de una serie imperdible de discos de rocanrol blusero hecho y derecho. Acá se cachaban poco, así que era un milagro que vinieran.


El viaje, los tóxicos de rigor, llegar al estadio, hasta ahí todo bien, la verdad. Salieron los Black Crowes y metieron bulla y tocaron el mejor rocanrol que había escuchado desde los mismísmos Rolling Stones. Una hora en que sólo cantábamos nosotros y un lote de argentinos que había por ahí cerca, lo que le agregaba una de mística que ni les cuento. La felicidad del momento solo se comparó con la desesperación de ver como, justo cuando Thick and Thin, la canción del cierre, legaba a la parte climática… ¡Paf! Se cayó el sonido. Así de simple. Murió. Los músicos se miraban y le gritaban a los técnicos. Cuando Rich Robinson le pegó una patada a un amplificador estaba todo claro. Desesperado grité “Toquen unplugged!!! “. Es la única vez que he gritado algo en un recital y que me lo han celebrado a metros a la redonda. Lo malo es que no lo dije en broma. De verdad quería que se quedaran.


Pero no. La suerte ya estaba echada. Los Black Crowes se fueron entre las burlas de los Led Zepelinneros que ya a esas alturas gritaban el “Chaaaao, chaaaao” y coreaban “Sepelín, Sepelín”, frotándose las manos porque se venían los ídolos.


Los ídolos llegaron y fueron una bosta. Bueno, claramente no estábamos en el estado de ánimo para disfrutar nada, la verdad. Pero la tontera estuvo fome, no es que lo diga yo, no más. Los chascones metaleros que iban a lo del headbanging y a escuchar rock tuvieron que conformarse con las versiones baladísticas de casi todo. Caleta de versiones acústicas. Y con el sonido bajo. Y, claro, la guinda del berlín: solamente el comienzo de Stairway to heaven. Sí, como lo oyen. Los puros acordes del principio y de ahí a otra canción lenta.


Ahí ya me rendí. AC/DC había EMPEZADO con Back in Black, Kiss con Deuce (IGUAL que en el disco). Así fui criado en la cosa de los recitales. Los grupos pueden tocar lo que quieran, pero tienen que poner lo que la plebe quiere escuchar. Y nada de versiones especiales, porque la gallada quiere cantarlos. A ver si a Maiden se le ocurre alguna vez venir a tocar los primeros acordes de Number of the beast y al tiro pasar a otra cosa.


En fin, nos fuimos con mis amigos hacia el fondo y dejamos a un montón de metaleros haciendo lo imposible por hacer headbanging con la versión bossa nova de Moby Dick o qué se yo lo que a esas alturas estaban tocando.


Obciamente, el roquero chileno, el de la Futuro, es fiel y, debido a la escasez de oferta, no muy regodeón con sus ídolos. Casi todo el mundo quedó extasiado (vean, por ejemplo, esta nota) . Más por nostalgia, digo yo, que por el show mismo, que, comparado con el original, fue como ir a ver a Mazapán. Cuando nos íbamos, caché a un amigo de la U que estaba entrevistando a los que salían, supongo que para alguna radio. Me vio, se me acercó, me pidió un cigarro y me preguntó con micrófono en mano, sobre el recital. Emputecido, le dije algo así como: “Una mierda, se cagaron a lo Black Crowes”. Fue mi acto heroico de ese año. Tampoco le di el cigarro que me pidió. Ese fue el acto mezquino que anuló lo heroico del otro.


De ahí la vida continuó. Me dediqué a estudiar. Carretear. Envejecer. Cambié de amigos. De casa. De guata. De polola. Los Back Crowes se separaron. Me dediqué al rock progresivo por un buen tiempo, luego al pop, de vuelta al rock y después a lo que me pusieran por delante (a excepción de todos los grupos chilenos desde ese año en adelante).


PARTE 2: LA REVANCHA



2008. En la primera visita del Khal y la Sara a nuestro flat acá en Reading, nos pusimos a ver a qué recital podíamos ir los cuatro. Yo ya asumía que íbamos a terminar en alguna banda intermedia entre lo que a todos nos gustaba, o sea ninguna. Si existe una mezcla entre Linking Park (Khal), Usher (Sara), Pulp (Gaby) y AC/DC (yo), me tiro al Támesis y me voy nadando a Chile.


Por eso, cuando salió el nombre de los Black Crowes en la lista de gigs que leía el Kahl en el sitio de Ticketmaster, fue como si me hubiesen pegado un cachamal con un ladrillo. ¿Estaban re-unidos? (¿O sería mula, como Toto el año pasado?). El otro ladrillazo me lo dió la Sarah, que reaccionó antes que yo con un “¿En serio? ¡¡Siempre los he querido ver!!” que se le salía el entusiasmo como la palta a la marraqueta. El Khal puso cara de que igual iba y la Gabi su cara de mamá diciendo “Es que yo sé que al Daniel le gustan tanto…”. Me preguntaron si me tincaba y, de hecho, me costó sacar las palabras para decir que “Sí, podría ser”.


Como buen sueño, todo el resto pasó a la velocidad del rayo. Un par de clicks y estaba concretado. Iría a ver a los Black Crowes por segunda vez en mi vida. En Londres, ni más ni menos.


Pasaron las semanas. Harto que leer, harto que escribir, una conferencia, qué se yo. El caso es que llegó el día señalado y ahí estábamos en el metro esperando juntándonos con Sarita y Khalcito para ir al recital. Yo ni hablaba. Traumado como estaba, andaba con esa sensación de que si lo empezaba a anticipar mucho, algo podía pasar en el camino.


Sin embargo, la realidad sería mejor que un sueño. A continuación, la relación de esta experiencia con la de conciertos y tocatas a los que me ha tocado ir en Chile.El público. Llegar ya fue otra cosa. Pasamos a un Mierdonald’s a echarle algo a la güata y estaba lleno de rocanroleros. Chaquetas de cuero, cara de Harley-Davidson. Minas jiponas. Jóvenes, viejos, chicos. Todos con cara de marihuaneros buena onda. Otra cosa de público. Nada de metaleros con cara de Anarquía con un cuchillo en la mano, no. Rocanroleros, con actitud, con personalidad, con caras amables.


  1. El lugar. El Brixton Academy Theater es una maravilla de venue. Construido como teatro, se tiene una buena vista de todas partes y con una acústica del uno. Por dentro es como un municipal a medio cuidar, con harta escalera y columna y detalles interiores.
  2. Los revendedores. Son la misma custión, no más. Tratando de pasar piola comprándote o vendiéndote entradas. La misma cara de tramposos. Seguro que si me acercaba un poco más, llos cachaba hablando en chileno.
  3. De nuevo, el público. Había cola. De casi dos cuadras. Por primera vez en mi vida, en materia de rocanrol, no era minoría. Pero eso no era todo. A medida que avanzaba la cola para entrar… nadie empujaba. En serio.
  4. El copete. Casi todo el mundo sabe que en los recitales de los países civilizados se puede tomar. El lado malo, claro, es que un gringo curado puede ser peor que un Iván Moreira curado-odioso. El lado bueno, es que uno puede echar la talla, sentarse tranquilo con su vasito de chela y disfrutar de la música sin ningún atado. Todo relax. Tanto así que, gracias a la cerveza que me compró el Khal, pude ir un par de veces al baño y volver como si nada.
  5. El merchandising. De terror. Mi tradición milenaria de comprarme la polera del recital se me acabó ahí mismito, no más. 20 lucas por una polera es y será un robo aunque venga autografiada con la sangre de Jimmy Hendrix.
  6. El sonido. Nada que hacer. Nada de poder conversar con el de al lado mientras tocaban una canción. A todo chancho la cosa. Y uno ahí métale gritar todas las canciones que se pudieran. Hacía años que no salía con la garganta raspada de tanto gritar. Hacía años que no salía con el biiiiiiiiiiiiiiiii eterno que indica que los tímpanos quedaron ahí todos saltones. Y me duró un día entero.

Los Black Crowes mismos estuvieron increíbles. Tocaron casi dos horas y media, al menos una hora más del estándar de una hora y cuarto o media hora a lo más que duran los recitales por acato últimamente. Dos horas y media de guitarras fuertes, coros de negras, harto hard rock, soul, blues, spiritual, rythm and blues, lo que uno pidiera. Era tan tarde para estos pobres gringos. Se miraban con cara de que ya no alcanzaban el metro. Varios se fueron antes, de hecho.


Salí aturdido, preguntándome si había podido disfrutar todo lo que podía haber disfrutado. El resto fue llegar a la casa cansados, pero contentos. Sarigüella había escuchado las canciones que quería escuchar, al Khal le había parecido rebueno y la Gaby decía que se había sentido como en otra época. Tan bien la pasé que, recién ahora, escribiendo esta nota, cacho que sólo faltó un partner más rocanrolero y conocedor para haber podido conversar de la cosa más técnica, que la Gibson que usó, que cachaste cómo cambió esa parte del solo, que podrían haber tocado la del otro disco, qué se yo. Ahí podría haber estado Pascualita, la verdad. Pero en el momento, la verdad sea dicha, me podría haber dado un aneurisma y me habría parecido OK.


Ya tarde, pasada la medianoche londinense, me dormí cansado.


Satisfecho.


Si me va mal con lo del doctorado, qué tanto, si total ya me vengué.