domingo, 17 de febrero de 2008

La comida es lo primero

Terminamos el fin de semana con la "guatita llena y el corazón contento". Sarah y Khal nos visitaron por el wikén y nos encargamos de agasajarlos, como se lo merecen los buenos amigos. Es ese sentido "la comida es lo primero" como dice Javiera Mena en su canción "La Comida".

Los recibimos con tacos, lo más parecido a los que prepara mi mamá, que no es mexicana pero le quedan ricos igual. En el super encontramos tortillas y en el mercado los ingredientes de guacamole y un súper pebre. Daniel le puso el ají más picante que encontró. Rico. De postre, Sarita trajo panqueques con manjar. A estas alturas de la internacionalización, en los supermercados venden dulce de leche importado de Argentina, por lo que fue re-rico y casero. Yo me acordaba de mi papá que siempre come celestinos en El Naturista (claro que él diría que "rara vez"). Después sobremesa.

En la noche tuvimos un picoteo. Sencillo. Probamos un vino que no hay en Chile que se llama Tempranillo y es de España. Es suave (13%) pero rico. Probamos otro que es Chianti de Italia. Y bueno: más sobremesa.

En la mañana Khal preparó tostadas francesas ante su preocupación por nosostros que nunca habíamos probado ese invento. ¿Por qué nos demoramos tanto? Luego estiramos un poco las patas y fuimos a caminar por el canal hacia el centro. Al final de una caminata de tres horas por canal/parque/ciudad Khal, siempre pendiente de enseñarnos sobre lo que su mami le prepara desde chico, nos llevó a conocer Ambala, una tienda especializada en comida asiática para llevar, tipo gourmet. Fue un momento memorable, probar cada una de esas cochinaditas. Comimos pakoras, que son unas frituras de papa, cebolla, otras verduras y especies, en un batido fresco y picantito. Otras tortillitas que parecen sopaipillas pero también la masa tiene especias y que se unta en salsa de tamarindo o chutney.

Eso era sólo un tentenpié. Nos tomamos la micro a la casa para preparar pizzas. Daniel había dejado su rica masa integral inflándose y cuando llegamos se puso a amasar. Yo prepare la base de cebolla con tomate, Sarah preparó unos champiñones al gingibre y ajo y Khal cortó un roast beef en tiritas. Después de un gran trabajo en equipo y compartiendo otro Tempranillo, comimos esas ricas pizzas de Daniel. La última sobremesa.



De postre y durante la sobremesa de la sobremesa, probamos más cochinaditas de la tienda Ambala. Comimos unos dulces que se llaman Barfis, que son bien cremositos y dulces. Pueden ser solitos, de pistacho, coco o almendra. Una delicia, pero una carie segura. Según wikipedia son de leche condensada con azúcar, o sea veneno puro para los diabéticos. Creo que he encontrado algo que hará muy feliz a mi papá.
Fuimos felices. Comimos, nos reímos y conversamos. No hay nada que me guste más que cocinar con amigos y compartir los distintos gustos y las historias detrás de lo que comemos. A fin de cuentas, la comida tiene mucho que ver con cómo somos y de dónde venimos. Todos pensamos en demostrar cariño a través de la comida y sentirnos más en casa: preparamos tacos con la idea fresca de las celebraciones en la casa de mis papás; la Sarah hizo panqueques con manjar, Daniel hizo sus pizzas con el ingrediente secreto y Khal hizo las tostadas y seleccionó esas cosas ricas de Ambala. Puro amor. La comida es lo primero.