martes, 29 de abril de 2008

Más y más comida: London's Borough Market

Con Daniel siempre hemos sido demasiado caseros. ¡Ayúdame a decir caseros! Por eso, yo creo, nos viene tan bien el “matri”. Bueno, eso es según yo. No puedo hablar por el “gordo”. Somos pocos los que, pololeando, nos juntábamos a preparar almuerzo, pidiendo la cocina prestada a las respectivas “mamis”. Nada de salir en pareja todo el rato, salir a comer, a bailar, etc (el cine, eso sí, no cuenta). Y luego, viviendo juntos (en marcha blanca) y casados, en nuestro nido de amor teníamos, finalmente, nuestra cocina para deleitarnos y entretenernos. Teníamos una despensa que llenar y cosas ricas que preparar. Pura felicidad.

Desde que ha existido, nuestro panorama anhelado todos los años, más específicamente el primer fin de semana de noviembre, ha sido la “expo rural” que se ha hecho, en los últimos años, en el parque Padre Hurtado en La Reina. Ahí, Daniel compraba sus longanizas de San Carlos, descubrimos el aceite de oliva Sleman, mousse de ajo chilote, pasta de ají en distintos formatos, el queso fresco con merkén, el merkén en cantidades industriales y así muchas cosas más.

Eso parecía parte del pasado hasta ahora. Sábado 26 de abril 2008. Sarita y Khal nos invitaron a Londres a conocer el Borough Market en London Bridge. Es el mercado de comidas más antiguo de Londres (250 años) y está abierto todos los días menos el domingo. En realidad, es como una Vega, más que una Expo Rural, que, inicialmente, era para comercializar frutas y verduras, pero que con los años, y la onda cosmopolita y estilosa de Londres se ha convertido en un lugar muy entretenido, novedoso y por sobretodo rico para ir a comer y a comprar delicatessen más que frutas y verduras. Hay una sección tipo feria, pero lo que más llama la atención de los visitantes son las exquisiteces, en la más onda gourmet.

Llegamos cerca de las 15.00, habiendo hecho bastante hambre. Así que lo primero que yo quería hacer era comer. Inmediatamente encontré un lugar donde vendían carne de avestruz e hice la cola para comerme una hamburguesa. Por 3.5 libras (un poco menos de $3.000) nos comimos una hamburguesa de avestruz, con salsa de cranberry, mostaza inglesa y ensalada. Es interesante la cantidad de salsas tradicionales que tienen acá para los sandwiches y lo más raro para uno es el porcentaje importante de salsas que son dulces para comer con lo salado. Hay salsas a las que no les he podido encontrar chiste, como la salsa de menta que se le pone a las carnes. Pero la salsa de cranberry, que es dulce, prácticamente una mermelada más líquida y un pichintún ácida, queda muy bien con todo. En fin, la hamburguesa estaba deliciosa y a un precio barato para Londres, donde una sopa te puede salir 3 libras.

Encontramos un stand de argentinos. Divinos. Un oasis. Vendían pocas cosas pero muy argentinas: chimichurri, dulce de leche y mate.

Había un stand español donde vendían pan con chorizo, o sea “choripán” y Daniel deliraba con el olor. Y había una cola de 20 personas para el “choripán”. Ahí también vendían jamón serrano, aceite de oliva, turrón, pan de higo. Pero salimos sin nada. Cuatro chorizos salían cerca de 9 libras (como $8.000).

La Sarah se compró un pie (léase “pay”). Algo muy tradicional acá. Relleno de cualquier cosa. Pero se la anduvieron funando porque compró uno que estaba frío y se picó y no se lo comió. Para suerte de nosotros, en la casa lo calentamos y lo comimos.

Khal comió un taco con pollo crispy tailandés. En las calles aledañas al mercado, hay restoranes pequeños con mucha onda que también venden platos especiales cuando hay mercado... Y la Sarah se compró una carne vietnamita, que, en realidad, según ella y Daniel, era una mechada chilena.

Después era aprovechar cada degustación: quesos de todo tipo, panes, aceitunas y pastas (de albaca, de humous, de ají). Vimos salmón ahumado, igual que en Angelmó, donde la última vez que fui me compré dos salmones grandes por $2.000 pesos el kilo. Acá valía, literalmente, 10 veces más, o sea: $20.000 el kilo. Extraño Angelmó.

Probando y probando… después de las hamburguesas, los pies y las degustaciones saladas, se vino el postre. Un jugo de frutas naturales, un mousse de chocolate y un brownie de chocolate. Lejos el brownie más rico que he comido. Con más sabor a chocolate de verdad que a cacao o azúcar.
Experiencia religiosa.

Lamentablemente, el paseo no terminó bien. Había un stand de cidra artesanal y dije “qué mejor para el bajativo”. Pensé en la cidra valdiviana, esa dulce y espumosita. Pagué alto por ello. $6.000 pesos por dos pintas. El sabor se parecía más a agua estancada sacada de un establo que a la cidra valdiviana. Yo creo que estaba mala, no me puedo imaginar a un ser humano tomando esa cochinada. ¡Qué asco! Quedamos con un gusto amargo en la boca, literalmente, y los vasos llenos sobre la mesa.

Y así se acabó la aventura en Borough Market. ¡Qué Big Ben! ¡Qué Covent Garden! Si usted viaja a Londres, no puede dejar de venir, y ojo… no se le ocurra comprar cidra.

Disfruten las fotos. Hay más en Facebook y agregué una del domingo, porque hicimos sushi y nos quedó demasiado pro!







domingo, 20 de abril de 2008

¿Ingleses de Sudamérica?

Me mantengo informada de lo que pasa en Chilito a través de http://www.latercera.cl/ y http://www.lun.com/. Mi sección favorita en LUN es las cartas al director, porque ahí me informo de lo que realmente preocupa a las personas, abusos que ocurren día a día a la gente cómo uno. De la misma forma, acá soy una fiel seguidora del programa de la BBC2 a la hora de almuerzo en que todos llaman para opinar y leo el Daily Mail porque los lectores agregan comentarios a las noticias. Es la mejor forma de saber qué piensa la gente.

Hace varias semanas varias lectoras de LUN se quejaban del aumento del precio de los anticonceptivos; que pagaban $9.000 y en un par de meses terminaban pagando $16.000 por el mismo producto en las farmacias. Las mismas tuvieron que Explicar publicamente que esto se debía a que se habían acabado las promociones con la famosa “guerra de precios” y por eso habían vuelto a los precios "normales". Qué bonito: el cuidado de la salud controlado por los negocios. Hoy leo en http://www.latercera.com/ que el tribunal constitucional prohibió la distribución de la "píldora del día después" en consultorios y farmacias porque “primó el principio provida”, según un diputado UDI.

Respecto a estos dos hechos, creo interesante presentar el caso de Inglaterra. Los chilenos, tan orgullosos de estar en vías de desarrollo y de jactarse de ser los “ingleses de Sudamérica” se sorprenderán en saber qué es lo que pasa de verdad en el país al que les gustaría tanto parecerse.

Inglaterra 1 – Chile 0

En Chile, yo pagaba $14.000 por los anticonceptivos cuando no estaban en “promoción”. Gracias al seguro de la oficina donde trabajaba, ellos pagaban la mitad (trabajaba en una institución británica). Eran bastante caros (si se comparan con los del Laboratorio Chile), pero eran para evitar el acné que empecé a tener como a las 18.
Acá los anticonceptivos son gratuitos.

Al llegar acá, me inscribí en el consultorio de la universidad y me invitaron a una cita con la enfermera que me preguntó si quería tener hijos o si no, si quería ayuda para no tenerlos. Yo le dije que los hijos vendrían después y que ya tomaba pastillas anti-guagua. Me las cambió porque me dijo que las mías tenían índices de trombosis muy altos y que me podían dar otras que aún eran “amigables con la piel”. Me dio una receta para tres meses, que ya pasaron. Nos juntamos para ver si seguíamos con las mismas pastillas y me dio dos recetas para seis meses cada una. Normalmente todos los medicamentos con receta tienen el mismo valor, que lo pone el gobierno. Uno paga por receta, no por cada medicamento. Eso ya es conveniente, pero para las pastillas “anti-guagua” y para otros casos, el costo de la receta es $0. Más allá de los pesos más y los pesos menos, que se agradecen, lo interesante y destacable es el compromiso del gobierno con tener ciudadanos felices e informados que planifican sus familias respetando sus creencias y sus prioridades personales y profesionales. En el fondo ellos pagan para que yo no tenga hijos que después no pueda mantener o que no les pueda dar el tiempo.

Inglaterra 2 – Chile 0
Un chileno más conservador sacaría en cara que acá la familia no es una prioridad y por eso hay tanta subvención a los sistemas de anticoncepción, pero ¿Qué pasa con los hijos que sí quiero tener y darles amor y que no les falte nada? Bueno, en este país, tener estos hijos también tiene un costo $0. ¿Qué mejor incentivo? El gobierno y los impuestos pagarán para que tenga hijos en el hospital y que incluso me paguen el taxi a la casa. Y no sólo eso, una matrona te visita periódicamente hasta que el bebé tiene 2, 3 meses o más, dependiendo de tus necesidades como madre o del bebé.

Inglaterra 3 – Chile 0

¿Y qué pasa con la "pastilla del día después"? Lo primero que se me viene a la cabeza para compartir con ustedes, es que acá no se promueve, como en Chile, como una pastilla para facilitar la promiscuidad. A mí me da la sensación que en Chile se promueve para mujeres abusadas o para cabras tontorronas "más fáciles que la tabla del uno", como diría mi mamá. Acá es distinto. La promoción de la pastilla incluye a las parejas y matrimonios que tuvieron sexo sin protección o que se les rompió el preservativo cuando no tienen planes de tener familia. Aparte de las mujeres violadas y las que bajo drogas o alcohol terminan teniendo sexo sin protección. No hay que ser hipócritas tampoco. Pero es una visión totalmente distinta. Y está de más decir que acá y en Europa no es considerada abortiva, porque no lo es. Y hay avisos en la micro, el metro y en los diarios. En los consultorios te lo entregan gratis y en la farmacia se adquiere como producto sin receta por $20.000.

Acá son varias cosas las destacables de un país desarrollado, considerando que, por una parte, acá coexisten muchas creencias y religiones, siendo algunas de ellas bastantes dogmáticas en cuanto a la procreación (72% son cristianos y el 3% musulmán, según wikipedia) y por otra que es un país “pro vida”, donde el aborto es ilegal, al igual que en Chile.

Primero, que la pildora de emergencia esté disponible en consultorios y en farmacias no es escandaloso. Eso es porque acá no existe la cultura del adoctrinamiento, sino que la cultura de la información y la tolerancia. El Gobierno no puede decidir por ti y hacer una ley para limitarte las opciones, sino que te va a formar como ciudadano informado y responsable. Y, por sobretodo, existe un respeto tremendo por las creencias de cada ciudadano. El Gobierno no va a decidir las políticas basándose en principios religiosos. Eso es, simplemente un acto de discriminación.

Segundo, acá no se tapa el sol con un dedo. La vida sexual existe dentro y fuera del matrimonio, en la vida de adolescentes, en adultos y en la tercera edad; los preservativos se rompen, y los hijos no deseados existen y no son buenos para las familias ni para el desarrollo de la sociedad.

No quiero decir que todo sea perfecto. No quiero decir que acá no exista embarazo adolescente ni hijos no deseados. Todo lo contrario. Las cosas pasan igual, aquí y en la quebrada del ají, y no va a dejar de pasar. Pero nadie puede decir que nadie le advirtió y que no pudo evitarlo…

Creo que lo que ha pasado en Chile es vergonzoso y nos impedirá avanzar hacia el desarrollo, si es eso lo que queremos. Y no tiene que ver con la sexualidad de los chilenos y menos con una pastilla. Tiene que ver con una cultura condescendiente cuyas leyes pretenden adoctrinar al ciudadano y decirle lo que está bien y lo que está mal. Y tiene que ver con no respetar las opciones, creencias y opiniones de las personas. Y eso se llama discriminación. Y tiene que ver con creer que porque no hay pastilla las mujeres no serán violadas. Y eso se llama ingenuidad.

miércoles, 2 de abril de 2008

El Ocio 01

Cuando estábamos en Chile, éramos buenos televidentes y consumidores de música. A la maleta, como buenos chilenos. Harto pirateo, cable gratis (nunca lo fueron a desconectar) y harto arriendo de películas. Gracias a nuestro sistema de no tener tele en la pieza, además, nos fuimos convirtiendo en telespectadores selectivos. Muy poco zapping. A las finales ya estábamos viendo películas con una proyectora, un subwoofer y listo: el manso ni que home-theater. Qué pantalla plana, alta definición y la cacha de la espada. El cine se ve bien proyectado en una pared o en un telón.


Cuando llegamos a Reading… uf! Ayúdenme a decir funado.


Te cobran impuesto por cada aparato capaz de recibir señales de televisión. Como doce lucas al mes. Sí, no es mucho, pero ya te va matando la pasión. La oferta de canales abiertos no es que digan qué bruuuto que tienen canales. La BBC ofrece como cuatro canales y paremos de contar. Es tele de bastante mejor calidad que en Chile, claro, pero sólo en la noche, durante el día es como tener a los Venegas y un montón de teleseries venezolanas una detrás de la otra.


¿La música? Sentimientos encontrados. Primera cosa, se acabó el pirateo. Nos habían contado que la gente miraba feo a los que bajaban música por Internet. Eso me lo podía bancar. Que un gringo te mire feo acá es algo que nos podría pasar por puro no ser rucios. Desgraciadamente, la ley también te mira feo. Ya hay casos de gente que han llevado a juicio por infringir las leyes de derecho de autor. Para ser más preciso, no te pueden decir nada por descargar obras copyrighteadas. Pero que te pillen compartiendo (subiendo) música, programas, películas o fotos con copyright. Hasta ahí no más llegaste. De hecho, si se lo piden los abogados como parte de una investigación judicial, tu proveedor de internet puede entregar datos específicos respecto de tus movimientos por Internet. De hecho pueden hasta cobrar por entregar esa información. Las multas van desde 500 a miles de libras y, si la cosa es muy escandalosa, cárcel. Cobarde como soy, eliminé mi kit de acceso libre al arte (Ares, Soulseek y E-Mule) y me quedé con la sensación de que nuestra vida iba a tomar un camino monástico, sin tele, sin música y sin películas.


Pero entonces apareció Internet y el primer mundo.


Primero, la música. Yo ya usaba en Chile Accuradio.com, pero ahora le damos con tutti. Montones de canales y subcanales de diferentes estilos. Últimamente, le hemos dado muy duro al canal A flock of eighties. Accuradio tiene la gracia de que le puedes decir a tu radio qué artistas de la parrilla no quieres escuchar, de modo que puedes pasar un buen rato escuchando solo música que a uno le gusta.


Pero si de radio personalizada se trata, mi nueva obsesión es Jango.com. Te armas tus propias estaciones de radio. Cada estación empieza seleccionando una canción. Jango te empieza a ofrecer artistas de lo que cacha como de la misma onda de lo que escogiste. Uno los va agregando. Por cada canción que pasa, uno tiene la opción de borrarla de su estación (carita triste), pedirle que la toque en el futuro (carita neutra) o que la toquen bien seguido (carita feliz). Yo me he ido construyendo una radio de soul, otra de rock, otra de pop y otra de roots. Pero eso no es todo, señor. Por la misma módica suma de cero penique, Jango permite compartir canciones con amigos, enviando los links por correo. Además permite hacer lo mismo que en Facebook o MySpace: subir fotos, postear comentarios. La diferencia, obviamente, es que, en el caso de Jango contactarse tiene sentido más allá de perder el tiempo con encuestas, juegos y causas que no me canso de ignorar. Si además te gusta lo de la ciberamistad, uno puede sintonizar las radios de los demás usuarios, agregarles artistas o canciones que uno crea que puedan gustarle según el perfil de su estación y así comenzar una sana amistad alrededor de la música. Qué más bonito ¿No? Por último, mientras escuchas música, puedes ir haciendo clic en un artista y Jango te muestra qué canciones están disponibles, los videos que andan en la web (la mayoría de Youtube), una ficha con la biografía del artista o grupo, links a los artistas y grupos inspiradores y seguidores y, lo mejor, otros grupos y artistas que les gustan a los fans del que estás viendo. Si te gusta la música, puedes pasar horas personalizando tus estaciones. Resultado: horas interminables de música que a uno le gusta, más información. Totalmente legal. Totalmente gratis.


La tele. Já.


Seguimos los documentales y las series de la BBC en línea. está todo disponible por un lapso determinado (un par de semanas, por ejemplo). Si estás en UK se pueden hasta descargar los distintos shows. Resultado: estamos viendo los programas que queremos y a la hora que queremos. Si quieren practicar su inglés a nivel avanzado, vayan a www.bbc.co.uk y pónganse a prueba. Nosotros estamos siguiendo la segunda temporada de Gavin and Stacey (muy bonita y chistosa) y de vez en cuándo un buen reportaje-documental, que para eso los gringos son secos. El último era de una vieja que se dedica a demostrar mitos y realidades sobre controversias probándolas por sí misma. En este episodio, se dedicaba a ver qué tanto con la marihuana. Y se pone ella misma a fumar y a probar sus efectos. A la Gabi le gustó, yo lo encontré una soberana tontera. Pero estaba entretenido igual.


Para otro tipo de televisión, es cosa de ir a www.tvgratis.tv o a www.free-internet-tv.cz/es/online-tv.html, por ejemplo. La oferta es enorme. En un par de años, a medida que mejore la calidad de la imagen: no más cable, señores.


Finalmente, las películas. Nuestra debilidad.


Acabamos de ver Punchline, una joyita ochentena con Sally Field y Tom Hanks, muuuucho antes de verlos juntos en Forrest Gump. Nos llegó por correo. Pagamos quince lucas al mes. Tenemos una lista que va por las 50 películas y series a estas alturas, ordenadas por prioridad. Nos mandan dos por correo (el servicio postal llega a dar miedo lo bueno que es). Las vemos cuando queramos, no hay cobros por atrasos. Las devolvemos en el mismo sobre en que nos las enviaron (un portento del diseño el sobrecito. Si se abre correctamente, queda listo para volver a ser cerrado con los DVDs. ya vistos). Ellos los reciben y nos mandan los siguientes dos discos de nuestra lista. La cantidad de películas que ofrecen es enorme. El paraíso de un adicto al celuloide. El paraíso se llama lovefilm.com. Ya escribí un par de reseñas para dos de mis favoritos de la vida: Die Hard y The Exorcist 3.


Y así es como ahora disfrutamos de música, tele y cine. Legal y barato.


Muchas gracias, hora de descansar y recobrar fuerzas. Después de la pega nos toca despacharnos un par de capítulos de House Md.


No hay caso, las computadoras la llevan.