jueves, 22 de mayo de 2008

Vacaciones Mediterráneas - Parte 2


19 Mayo

Empieza la segunda parte del viaje. Vamos al extremo este, pero pasamos por el sur, por Agrigento donde está el valle de los templos. Sabemos que no será corto. Yo con mi capuccino en un Servicentro quedo flor. Pasamos a un teatro Griego que nos habían recomendado. De ruina tenía poco. Estaba tan protegido con estructuras que se perdía toda la gracia. Además que anunciaban: “Cuidado con las víboras” así que uno andaba medio saltón. Justo abajo había una playa. No estaba tan rica como la nuestra en San Vito, pero merecíamos tener nuestro último chapuzón. Almorzamos por ahí. Y fue aquí, en la mitad de la nada en que comí lo más rico que comí en Italia: spaghetti con almejas e insalate de mare. Los mariscos estaban en su punto, nada de chiclosos y el aceite de oliva y el limón lo dejaba muy rico. Los spaghetti estaban al dente y la preparación era simple, nada de crema o nada sofisticado. Sólo un poco de tomate y aceite de oliva. Espectacular. So f***ing awesome.

Llegamos al valle de los templos un poquito tarde para nuestro itinerario, pero igual entramos y vimos casi todo lo que podíamos ver. Como buen lugar turístico y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, estaba lleno. Y todos en grupos, menos nosotros. O eran cursos enteros de 60 o más niños o los abuelitos de tour de tercera edad. Guías de todos los idiomas. Pero las ruinas hablan por si solas. Son dos templos grandes y uno más pequeño. También hay catacumbas y una bella vista al mar y los valles. Esta es la sección titulada “baño cultural”. O sea, no podíamos no tener nuestra parada en un lugar que es Patrimonio. Les juro que mi papá me deshereda.

Y luego teníamos que llegar a nuestro segundo B&B que quedaba cerca de Catania y del Etna, San Leonardello. La gracia de este B&B es que era agroturismo o turismo rural. En la página web hablaban también de paseos en bicicleta y grandes desayunos. Y nos imaginábamos puro campo y el volcán. Llegamos re tarde y nos atendió, el caballero fantasma. Nunca supimos su nombre. Nunca supimos si era el patrón del fundo o el capataz. Era un caballero viejito que nos mostró nuestra pieza hiper rústica y el lugar del desayuno que antes era una pieza donde se prensaba uva para hacer vino. Muy lindo. Le tuve que pasar mi pasaporte, así que esperaba que fuera un caballero de carne y hueso. Era como de esas historias de El día menos pensado, del tipo… “anoche nos recibió un caballero que nos mostró todo… pero si aquí no hay ningún caballero, quizás es el espíritu del hombre que vivió acá hace doscientos años”.

En fin. Conversamos un poco en una terraza por ahí en la casa, acompañados de la perra Lulú y dos gatos. Muy agotados. A dormir. Esperando ver al caballero de nuevo y mi pasaporte.

20 de mayo

El caballero existe. Nos preparó café y nos sirvió el desayuno. En este campo, en que hay puros árboles cítricos y un par de higueras y nogales, hacen miel, mermeladas y limonchello. Y el desayuno era eso: café (rico como siempre) y pan con mermelada. Lo que nos decepcionó un poco. Esperábamos unos huevitos o unos quesitos más que sea. Porque era más caro y ni cerca de lo rico y hermoso que era el B&B de la señora Anna.

Ricardo partía ese día. Había sol y a pesar que yo quería dejar de manejar un poco, salimos a buscar una playa para que Ricardo se bañara y aprovechara sus últimos minutos de sol. El problema fue que las playas más cercanas estaban llenas de grúas, preparándose para el verano. Ninguna gana de bañarse ahí. Era como un espacio en construcción. Nada era tan lindo como San Vito. Pasamos por varias playas. Recorrimos toda la costa. Incluso fuimos a una reserva natural que estaba cochina. Era el colmo. Así que pasamos más tiempo en el auto que en la playa. Al final llegamos a Taormina, que era como Viña del Mar. Ricardo se bañó. Yo dormí un poco bajo el quitasol que nos prestó el caballero fantasma. Y almorzamos por ahí. La mala cueva fue que nos sacaron un parte por no pagar parquímetro. Nunca cachamos que había que pagar. Y teníamos que ir a dejar a Ricardo al aeropuerto. Así que manejé de vuelta, recogimos su maleta, fuimos al aeropuerto y volvimos a Taormina a pagar el parte. Una gran lata. Sobretodo para mí, que empezaba a odiar la carretera.

Todo se arregló un poco cuando volvimos a nuestro B&B en San Leonardello. Fuimos al pueblo más cercano, Giarre, que terminó siendo bastante lindo y compramos productos locales: aceitunas, berenjenas, queso, vino y picoteamos en la casa. Nos sentamos afuera y llegaron nuestros vecinos alemanes que estaban obsesionados con el Etna. Había estado cubierto todo el día, pero como a las 10 de la noche se despejó y lo pudimos ver. Estaba al lado y botaba lava como loco. La silueta del volcán no se veía, porque estaba muy oscuro, pero se veían unas manchas rojas de lava que a ratos se intensificaban y se alargaban. Bajaba la lava y yo quería correr, pero el caballero alemán estaba extasiado y me dio tranquilidad. Vimos el Etna botando lava. Impresionante.

21 Mayo

Es feriado en Chile. Acá no. Tomamos nuestro desayuno de pan con mermelada de higo y naranja y salimos a caminar. Descansamos un poco. Leí bajo un parrón. Saqué foto a las flores y los animales de la casa: dos gatos y un perro.

Partimos de vuelta. Todo cronometrado. Almuerzo y a entregar el auto y a esperar el avión. De ahí nos esperaba un tren a Reading. La cola de British Airways eran pura gente mayor y nosotros, bajando el promedio de edad. El avión salió con retraso y el grupo de adultos mayores iba a perder la conexión a Manchester. Todos se complicaban y alegaban. La señora que iba al lado mío estaba muy preocupada porque tenía una cita temprano en Cheshire y no sabía como llegar. Y empecé a sentir que todo volvía a la normalidad, que en un par de horas estaría en un tren a casa, for good.

En la estación había mucha gente ebria. Todos dando jugo. Y era obvio, por una parte son ingleses que toman mucho y era el partido del Chelsea con Manchester United por la Copa Europea. Este es el lugar donde vivo, me dije a mi misma.

Fotos (más en Facebook)









Vacaciones Mediterráneas - Parte 1


No sé si uno puede evitar esa mini depresión que a uno le viene después de viajar por vacaciones. Pero hoy cuando me desperté y caché que estaba en mi cama en Reading no me quería levantar. Una vez de pie todo volvió a la normalidad. Me pesé para cachar si había subido de peso (no, qué maravilla, es cierto lo de la dieta mediterránea), salí a trotar, a comprar leche, al charity, a lavar ropa, ordenar, facebukear, cocinar. I’m back. Y lo único que puedo decir es que tendré que buscar una forma para volver. Fue todo demasiado increíble. O cómo decíamos con Rick: this is so f***ing awsome! (léase con entonación Laguna Beach).

El viaje lo dividimos en dos partes: playa y campo. Nunca pensamos que nos iba a tocar tan buen tiempo. Entre 20 y 26 grados. De haber sabido, no vamos al campo y nos quedamos en la playa. Pero ya estaban listos los arriendos de nuestros Bed & Breakfast.

15 Mayo 2008

Viajamos en British Airways porque tiene vuelos directos a Catania, en la costa este. Pero nosotros partíamos nuestra estadía en la punta noroeste, específicamente en San Vito lo Capo y la isla no es nada de chica. Así que manejé cuatro horas con mi co-piloto Ricardo y Daniel de comentarista de paisaje. En el futuro espero que ¡alguien saque carnet para acompañarme en esta pega! Las carreteras eran mi primera preocupación. Respecto a la señalética, nada que decir: está todo muy bien indicado. La calidad de las carreteras… nada que decir, a lo más un hoyito chico y unos arreglos de vez en cuando. El problema son los italianos. Esto de tener cultura de Formula 1 a mí no me ayudó en nada. Son buenazos para andar a 150 km por hora, pasar con poca visibilidad (en curvas, por ejemplo) y tirarte el auto encima. En nuestro rent-a-car nos dieron un Chevrolet Matiz que se volaba cada vez que pasaba un auto al lado mío. Así que eso fue un poco estresante, (I have to sayI mean, like really stressing, you know también con acento Laguna Beach)… Además que la mitad del camino era pura curva… tipo Farellones. Para la próxima: pasaje a Trápani (en el oeste) y bus.

Quizás la mejor sorpresa de ese día fue llegar a nuestro B&B, Tra Cielo e Sabbia. Atendido por su dueña, la señora Anna y su marido Enrico. La página web no tenía las mejores fotos y los valores económicos (32 euros la single y 55 la doble) nos hacía sospechar que quizás íbamos a tener problemas. Pero no podíamos estar más equivocados. En la página web decía “a pasos del mar” y en Chile eso puede significar 30 minutos a pie. Pero acá era literalmente frente al mar, y las piezas eran preciosas, grandes y limpias. Era ecológico y tenía agua calentada por el sol y una cadena que liberaba cantidad de agua según las “necesidades”. Rápidamente nos instalamos y fuimos a comer, porque no habíamos comido nada desde al avión. A comenzar a descubrir lo que esta isla tiene que ofrecer. Partimos por lo más conocido: pizza y helado. Muy rico. Son como tontos para ambos.

16 Mayo 2008

San Vito lo Capo es parte de lo que se llama Castellamare del Golfo. Y es una línea costera que tiene muchos balnearios y San Vito es uno de ellos. A unos 10 kilómetros está la reserva natural dello Zingaro. Todavía era temporada baja por lo que no había mucha gente. El sábado y domingo estaba más lleno. Va gente de Palermo y otras ciudades cercanas y muchos alemanes. La gente habla italiano y alemán. No se parla mucho inglés…

Nos despertamos con el olor a café de la señora Anna. Uno de los mejores desayunos de mi vida: café, jugos, pan italiano, mermeladas ricas, tortilla, cornettos (que son cómo facturitas) de nuttela y pastelera. Y la playa que estaba al frente era espectacular. Color turquesa, temperatura tipo La Serena (no era el Quisco, que es mi estándar, así que bien), sol, arena limpia y una vista a un morro gigante que es la marca de San Vito.

Estuvimos todo el rato en el agua. Desestimamos el sol y nos insolamos en mala. Ahora nos estamos despellejando. Es tonto, lo sabemos. No necesitamos que nos lo repitan.

En la noche salimos a comer y conocer mejor el pueblo. Ya era viernes así que el pueblo tenía más movimiento. Nos dimos cuenta que en términos de comida, lo que se lleva en la isla es el atún y el pez espada. Hay mariscos por montones también y mucho pulpo. Degustamos unas delicatessen de la zona: pasta de atún con naranjas que queda bastante bien, salame de atún, atún ahumado pez espada ahumado. Lo mejor era el pez espada ahumado. Acá en UK el pescado es muy caro y los mariscos son pocos y más caros aún, así que aprovechamos de hacerle harto al marisco y al pescado.

La cocina de Sicilia tiene influencias de todas partes, griegas, italianas y moras. Después de todo fue invadida por todos. Así que también se lleva mucho el cous-cous y los platos árabes. Me faltó el cous cous. Pero le di cómo caja a las pastas, al atún, el pez espada, las almejas, el pulpo… todo. También tienen muchas almendras, pistachos (y muchas cosas a base de ambos) y cítricos. Esta es la zona del Limoncello que es un licor de limón. Tiene sabor a un dulce Ambrosoli de limón, según yo, así que cero onda con eso. También hacen su propio vino, y es particularmente bajo en grados alcohólicos, con un punch alcohólico pero que a la larga tiene poco cuerpo y poco sabor. Eso debe ser por el clima, porque el vino con más cuerpo es de países más fríos.

Y tomé café como loca. Ya no sé que voy a hacer cuando me quiera tomar un café acá. Ya en Inglaterra el café es más rico que en Chile, pero el de Italia es mil veces mejor que el inglés.

17 Mayo

Salimos a la reserva dello Zingaro. Tuve que manejar unas curvas muy de Mónaco pero cada vez soy más Italiana al volante. La reserva es muy larga. Deben ser unos 20 km de extremo a extremo. Nosotros avanzamos lo que pudimos. Paramos en tres playas. Nada que decir. Demasiado lindo el paisaje, el agua muy rica y bonita y lo mejor de todo poca gente. O sea, son playitas no balnearios. Así que una vez en el agua me saqué la parte de arriba del bikini. ¡Muy europea! Si es por encontrarle algo malo a las playas es que tienen poca sombra y tiene piedras en vez de arena y meterse a pata pelada es muy complicado y doloroso. Pero una vez en el agua, mirando alrededor y cachando el manso ni que paisaje, o sea, ayúdame a decir paradisíaco.

Entre playa y playa hay un sendero muy lindo y fácil. Sólo zapatillas y ropa cómoda. Incluso había alemanes tan producidos con guaguas colgando de la espalda con esos andamios. Hay que llevar mucha agua o si no, no te dejan entrar. Porque adentro no hay. Este es mi tipo de panorama… me acordaba de todos los paseos que hemos hecho que son de este tipo en el que uno termina desayunándose con los mansos paisajes: los senderos de Ensenada, el paseo al lago Cabrera en Hornopirén (5 horas de caminata en total rodeada de tábanos) y a la reserva de Hornopirén, (el agua más helada de mi vida) y cómo olvidar el paseo en Papudo a las playas “muerte segura” y “peligro inminente”. Y acá… el paseo a Sonning y a todas partes, hasta al supermercado (que me topo con cisnes varios). Amo caminar.

Después de 6 horas de caminata y baño… después de haber subido y bajado cerros pasamos a la zona de picnic y nos servimos nuestro pez espada ahumado y pasta de atún con naranja. Fuimos tan finos que hasta llevamos rúcula .

Fuimos al mismo ristorante que la noche anterior. Ya que el caballero nos había tratado tan bien y nos regalaba un bajativo.

18 Mayo

Ricardo tenía una idea. En vez de ir a Grecia, podíamos ir a unas islitas que quedaban cercas que tenían ese look mediterráno y playas “lovely”, según la Raugh Guide. Para llegar había que ir a Trápani que queda como a 40 minutos en auto y tomar un ferry que se demora 15 minutos. ¡Papaya! Habíamos acordado no decirle a nadie, pero la realidad más realidad es que esta isla, Levanzo, tiene buen lejos. De cerca, el pueblito tiene su gracia, es cierto, pero las playas son demasiado asquerosas. Y es una pena, porque son turquesa y tienen arenita. Pero es cómo si nadie haya pensado en usar un basurero. Estaba lleno de botellas de agua vacías, envases de todo tipo. Hasta papel confort. ¡Nada que ver! Además, si hubiera estado limpia, quizás hubiera sido igual de inaccesible porque estaba lleno de medusas. Venden hasta bloqueador con repelente a las medusas, lo que nos dio a entender que no eran pocas y no era agradable si te tocaban. Ricardo tenía un bloqueador con repelente pero no se atrevió a probarlo.

Este fue un punto bajo de nuestra aventura. Es anecdótico pero perdimos tiempo innecesariamente. Así que cancelamos las actividades del resto del día y nos fuimos de vuelta a San Vito a quitar el sabor amargo con nuestra playita y un par de pizzas.

A todo esto, esa noche, fui comida viva por los zancudos. O sea, a parte de la insolación, tenía, sólo en el brazo, 8 picadas.

Fotos (y más en Facebook)










sábado, 3 de mayo de 2008

La Música 02: The Black Crowes, la venganza

PARTE 1: LA AFRENTA

El año 1996 fui al peor recital de mi vida. Gran parte del estatus de “peor” tiene que ver, ciertamente, con el nivel de expectativas que tenía. Para variar, me había gastado plata que no tenía y, esta vez, era en grande, porque el asunto le llevaba viaje y estadía en casa de unos amigos de un amigo. La cosa era en Viña del Mar, en el Estadio Sausalito, y estaban todos que se hacían pichí porque tocaban Page y Plant, lo más cerca que íbamos a estar los roqueros shilensis de los Led Zeppelin en nuestra vida.


El motivo de mi expectativa y el desembolso, sin embargo, no tenía nada que ver con Page y Plant. De hecho, originalmente no pensaba gastar un peso en ese recital en particular. Los había visto en la tele, los había escuchado en la radio, los había visto en videos. Page y Plant daban rabia de lo aburridos que se habían puesto. Todo más suave, con varias octavas más abajo para que a Plant le llegara la voz y, lo peor, con una onda folclórica-étnica que para lo único que servía era para explicar por qué le habían quitado las guitarras eléctricas y el ruido rocanrolero a casi todas las canciones. Lejos de Led Zeppelin, el show que se venía era una cosa más de adulto-fome, onda treintón nostálgico (Dios me libre, toco madera). Más pa' señoritas, sin ánimo de ofender.


No no no. Decidí ir al recital cuando supe quiénes teloneaban: The Black Crowes. Los Rolling Stones de los 90 les decían muchos. En la práctica, eran en ese momento lo que Page y Plant habían dejado de ser hacía rato. Venían promocionando el tercero de una serie imperdible de discos de rocanrol blusero hecho y derecho. Acá se cachaban poco, así que era un milagro que vinieran.


El viaje, los tóxicos de rigor, llegar al estadio, hasta ahí todo bien, la verdad. Salieron los Black Crowes y metieron bulla y tocaron el mejor rocanrol que había escuchado desde los mismísmos Rolling Stones. Una hora en que sólo cantábamos nosotros y un lote de argentinos que había por ahí cerca, lo que le agregaba una de mística que ni les cuento. La felicidad del momento solo se comparó con la desesperación de ver como, justo cuando Thick and Thin, la canción del cierre, legaba a la parte climática… ¡Paf! Se cayó el sonido. Así de simple. Murió. Los músicos se miraban y le gritaban a los técnicos. Cuando Rich Robinson le pegó una patada a un amplificador estaba todo claro. Desesperado grité “Toquen unplugged!!! “. Es la única vez que he gritado algo en un recital y que me lo han celebrado a metros a la redonda. Lo malo es que no lo dije en broma. De verdad quería que se quedaran.


Pero no. La suerte ya estaba echada. Los Black Crowes se fueron entre las burlas de los Led Zepelinneros que ya a esas alturas gritaban el “Chaaaao, chaaaao” y coreaban “Sepelín, Sepelín”, frotándose las manos porque se venían los ídolos.


Los ídolos llegaron y fueron una bosta. Bueno, claramente no estábamos en el estado de ánimo para disfrutar nada, la verdad. Pero la tontera estuvo fome, no es que lo diga yo, no más. Los chascones metaleros que iban a lo del headbanging y a escuchar rock tuvieron que conformarse con las versiones baladísticas de casi todo. Caleta de versiones acústicas. Y con el sonido bajo. Y, claro, la guinda del berlín: solamente el comienzo de Stairway to heaven. Sí, como lo oyen. Los puros acordes del principio y de ahí a otra canción lenta.


Ahí ya me rendí. AC/DC había EMPEZADO con Back in Black, Kiss con Deuce (IGUAL que en el disco). Así fui criado en la cosa de los recitales. Los grupos pueden tocar lo que quieran, pero tienen que poner lo que la plebe quiere escuchar. Y nada de versiones especiales, porque la gallada quiere cantarlos. A ver si a Maiden se le ocurre alguna vez venir a tocar los primeros acordes de Number of the beast y al tiro pasar a otra cosa.


En fin, nos fuimos con mis amigos hacia el fondo y dejamos a un montón de metaleros haciendo lo imposible por hacer headbanging con la versión bossa nova de Moby Dick o qué se yo lo que a esas alturas estaban tocando.


Obciamente, el roquero chileno, el de la Futuro, es fiel y, debido a la escasez de oferta, no muy regodeón con sus ídolos. Casi todo el mundo quedó extasiado (vean, por ejemplo, esta nota) . Más por nostalgia, digo yo, que por el show mismo, que, comparado con el original, fue como ir a ver a Mazapán. Cuando nos íbamos, caché a un amigo de la U que estaba entrevistando a los que salían, supongo que para alguna radio. Me vio, se me acercó, me pidió un cigarro y me preguntó con micrófono en mano, sobre el recital. Emputecido, le dije algo así como: “Una mierda, se cagaron a lo Black Crowes”. Fue mi acto heroico de ese año. Tampoco le di el cigarro que me pidió. Ese fue el acto mezquino que anuló lo heroico del otro.


De ahí la vida continuó. Me dediqué a estudiar. Carretear. Envejecer. Cambié de amigos. De casa. De guata. De polola. Los Back Crowes se separaron. Me dediqué al rock progresivo por un buen tiempo, luego al pop, de vuelta al rock y después a lo que me pusieran por delante (a excepción de todos los grupos chilenos desde ese año en adelante).


PARTE 2: LA REVANCHA



2008. En la primera visita del Khal y la Sara a nuestro flat acá en Reading, nos pusimos a ver a qué recital podíamos ir los cuatro. Yo ya asumía que íbamos a terminar en alguna banda intermedia entre lo que a todos nos gustaba, o sea ninguna. Si existe una mezcla entre Linking Park (Khal), Usher (Sara), Pulp (Gaby) y AC/DC (yo), me tiro al Támesis y me voy nadando a Chile.


Por eso, cuando salió el nombre de los Black Crowes en la lista de gigs que leía el Kahl en el sitio de Ticketmaster, fue como si me hubiesen pegado un cachamal con un ladrillo. ¿Estaban re-unidos? (¿O sería mula, como Toto el año pasado?). El otro ladrillazo me lo dió la Sarah, que reaccionó antes que yo con un “¿En serio? ¡¡Siempre los he querido ver!!” que se le salía el entusiasmo como la palta a la marraqueta. El Khal puso cara de que igual iba y la Gabi su cara de mamá diciendo “Es que yo sé que al Daniel le gustan tanto…”. Me preguntaron si me tincaba y, de hecho, me costó sacar las palabras para decir que “Sí, podría ser”.


Como buen sueño, todo el resto pasó a la velocidad del rayo. Un par de clicks y estaba concretado. Iría a ver a los Black Crowes por segunda vez en mi vida. En Londres, ni más ni menos.


Pasaron las semanas. Harto que leer, harto que escribir, una conferencia, qué se yo. El caso es que llegó el día señalado y ahí estábamos en el metro esperando juntándonos con Sarita y Khalcito para ir al recital. Yo ni hablaba. Traumado como estaba, andaba con esa sensación de que si lo empezaba a anticipar mucho, algo podía pasar en el camino.


Sin embargo, la realidad sería mejor que un sueño. A continuación, la relación de esta experiencia con la de conciertos y tocatas a los que me ha tocado ir en Chile.El público. Llegar ya fue otra cosa. Pasamos a un Mierdonald’s a echarle algo a la güata y estaba lleno de rocanroleros. Chaquetas de cuero, cara de Harley-Davidson. Minas jiponas. Jóvenes, viejos, chicos. Todos con cara de marihuaneros buena onda. Otra cosa de público. Nada de metaleros con cara de Anarquía con un cuchillo en la mano, no. Rocanroleros, con actitud, con personalidad, con caras amables.


  1. El lugar. El Brixton Academy Theater es una maravilla de venue. Construido como teatro, se tiene una buena vista de todas partes y con una acústica del uno. Por dentro es como un municipal a medio cuidar, con harta escalera y columna y detalles interiores.
  2. Los revendedores. Son la misma custión, no más. Tratando de pasar piola comprándote o vendiéndote entradas. La misma cara de tramposos. Seguro que si me acercaba un poco más, llos cachaba hablando en chileno.
  3. De nuevo, el público. Había cola. De casi dos cuadras. Por primera vez en mi vida, en materia de rocanrol, no era minoría. Pero eso no era todo. A medida que avanzaba la cola para entrar… nadie empujaba. En serio.
  4. El copete. Casi todo el mundo sabe que en los recitales de los países civilizados se puede tomar. El lado malo, claro, es que un gringo curado puede ser peor que un Iván Moreira curado-odioso. El lado bueno, es que uno puede echar la talla, sentarse tranquilo con su vasito de chela y disfrutar de la música sin ningún atado. Todo relax. Tanto así que, gracias a la cerveza que me compró el Khal, pude ir un par de veces al baño y volver como si nada.
  5. El merchandising. De terror. Mi tradición milenaria de comprarme la polera del recital se me acabó ahí mismito, no más. 20 lucas por una polera es y será un robo aunque venga autografiada con la sangre de Jimmy Hendrix.
  6. El sonido. Nada que hacer. Nada de poder conversar con el de al lado mientras tocaban una canción. A todo chancho la cosa. Y uno ahí métale gritar todas las canciones que se pudieran. Hacía años que no salía con la garganta raspada de tanto gritar. Hacía años que no salía con el biiiiiiiiiiiiiiiii eterno que indica que los tímpanos quedaron ahí todos saltones. Y me duró un día entero.

Los Black Crowes mismos estuvieron increíbles. Tocaron casi dos horas y media, al menos una hora más del estándar de una hora y cuarto o media hora a lo más que duran los recitales por acato últimamente. Dos horas y media de guitarras fuertes, coros de negras, harto hard rock, soul, blues, spiritual, rythm and blues, lo que uno pidiera. Era tan tarde para estos pobres gringos. Se miraban con cara de que ya no alcanzaban el metro. Varios se fueron antes, de hecho.


Salí aturdido, preguntándome si había podido disfrutar todo lo que podía haber disfrutado. El resto fue llegar a la casa cansados, pero contentos. Sarigüella había escuchado las canciones que quería escuchar, al Khal le había parecido rebueno y la Gaby decía que se había sentido como en otra época. Tan bien la pasé que, recién ahora, escribiendo esta nota, cacho que sólo faltó un partner más rocanrolero y conocedor para haber podido conversar de la cosa más técnica, que la Gibson que usó, que cachaste cómo cambió esa parte del solo, que podrían haber tocado la del otro disco, qué se yo. Ahí podría haber estado Pascualita, la verdad. Pero en el momento, la verdad sea dicha, me podría haber dado un aneurisma y me habría parecido OK.


Ya tarde, pasada la medianoche londinense, me dormí cansado.


Satisfecho.


Si me va mal con lo del doctorado, qué tanto, si total ya me vengué.