lunes, 11 de agosto de 2008

Islandia y Noruega (Primera Parte)

Ahí partimos los muy patudos. 31 Julio 2008. Mis padres, Waldo y Erika nos están visitando y como mi papá no puede estarse quieto mucho rato (ni sin tele, todo un desafío) y quiere conocer 100 países de aquí al próximo año (lleva como 90), fuimos a dos países que no conocía.

Primero partimos a Islandia por una breve estadía de tres noches. Nos quedamos en un muy rico departamento en Reykjavik. Es lejos el país más caro que hemos visitado. Ahora Inglaterra parece una ganga. Es el país donde una botella de vino rasca sale $14.000, un plato de fideos sale $15.000 y medio kilo de guindas la módica suma de $17.000. Pero vale la pena el esfuerzo.

La ciudad, que tiene 150.000 habitantes, tiene un aire a Puerto Natales o a Puerto Varas. Las casas están construidas para el frío y la lluvia y son igualitas a las del sur. Todos son buena onda, andan relajados por la vida y viven felices. Es más parecido a Chile aún cuando uno piensa que está lleno de volcanes y geysers. Pero han sido más pillos que nosotros porque utilizan el calor de la tierra producto de los volcanes y geysers para calentar el agua y las casas. Es por eso que todo tiene un olorcillo no muy agradable a azufre y cuando uno se ducha y se lava el pelo uno queda pasadito.
El primer día nos dedicamos a recorrer la ciudad. Es pequeña y baja, nada de edificios gigantes. Está en la costa y se ve un horizonte verde maravilloso. En invierno debe ser todo blanco. En la tarde fuimos a una piscina termal que queda en la ciudad, Laugardalur. Hay varias piscinas, en todas partes. Así como aquí hay pubs para sociabilizar, allá la gente sociabiliza en estas piscinas calentitas que están abiertas hasta las 23 horas. A la que fuimos era gigante, habían como 6 piscinas chicas tipo termal, una mediana con juegos y una grande para nadar. Los camarines eran gigantes, porque parece que de verdad se llena en invierno o verano. Por eso deben ser tan buena onda, si pasan metidos relajándose en aguita caliente. Para rematar ese día fuimos a un cerro a ver el atardecer más largo que he visto. En esta época nunca obscurece por completo. A lo más el cielo está azul marino, pero a las 23 horas todavía hay luz de atardecer.
El segundo día hicimos dos paseos inolvidables. Nos levantamos tempranito para ir a ver ballenas y delfines. Tuvimos suerte porque vimos ballenas por montones y de todos los tamaños. En esas latitudes todavía no hay ballenas azules, pero divisamos muchas ballenas jorobadas que ya son re-grandes y cuando tiran su chorrito y muestran las aletas uno queda plop. También divisamos unas aves muy típicas allá que se llaman puffins. Son chiquitines, una mezcla entre pingüinos y golondrinas y tienen carita de pena y el pico rojo.
El segundo paseo fue a las afueras de Reykjavik a conocer lo que se llama el Círculo Dorado, que consite de tres lugares impresionantes: un parque nacional llamado Pingvellir, Gullfos y los Geysers con la guía más parlanchina del planeta. Más latera que informativa, debemos decir. Nos tocó sol y calorcito sólo en nuestra primera parada, en el parque nacional. Luego lluvia.

La gracia de Pingvellir es que es patrimonio de la humanidad de UNESCO. Es muy lindo, pero por sobretodo tienen gran importancia histórica. Originalmente ahí estaba el primer parlamento y ocurrieron los primeros grandes eventos de la historia de Islandia. Además, el lugar tiene importancia geológica. Este lugar queda justo en la cadena Mid-Atlántica, dónde se separan los continentes de Europa y America, provocando actividad volcánica y terremotos. Es decir, si uno se para a un lado, se encuentra en la placa Europea y si se pasa para el otro lado, uno pasa a America. Está lleno de fisuras que dan cuenta de como se separan las placas.

La segunda parada, Gullfos, o cascada dorada, es una mansa ni que cascada (de 32 metros, separado en dos etapas) que hace que uno se sienta chiquitito e indefenso en la naturaleza. Finalmente, los Geysers en Haukadalur se ven en acción tirando sus chorritos y pasado a azufre.

Dormimos poco por el exceso de luz y de actividades. Este tour, por ejemplo terminó a las 12 de la noche.

Y así fue todo intenso. Al otro día partimos a Oslo. Y ese será otro capítulo.

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