jueves, 12 de noviembre de 2009

Dos chungungos saludan a un pirigüín


Vivir se ha estado convirtiendo cada vez más en una pega más del día acá en Reading. El futuro se ha reducido en términos prácticos a tener claro qué vamos a hacer en las siguientes dos horas. Leer, trabajar, conversar, juntarse con gente, tener reuniones, preparar nuestras propias delicias caseras, llenarnos los ojos de películas y las orejas de música, escuchar las voces telefónicas de todos los que queremos y empezando a extrañar su sonido en vivo y en directo. El resto son planes y calendarios en que ocupamos para entretenernos en el aquí y el ahora.


Quizás por eso mismo, porque el pasado se nos hace cada vez menos real y el futuro es una incógnita con la que jugamos cada vez menos a descifrar, tener un proyecto de guagua se nos ha hecho tan natural. Quizás sea también porque estamos tranquilos, nos sentimos seguros de nosotros mismos y creemos que podemos hacer bien la pega. Pero eso explica solamente el que no estemos ansiosos ni obsesionados con este pirigüín, no explica la decisión misma.


Mal que mal, ¿qué puede tener de bueno echar hijos al mundo? Un mundo que tiene mucho de feo, injusto y que, agreguémosle, le queda harto poco de vida geológica así como van las cosas. Sobre motivos para echar críos al mundo hemos escuchado y visto muchos. Desde la decisión robótica de procrear porque es lo que Dios manda o es parte de la naturaleza maternal de toda mujer, hasta el mero egoísmo de tener alguien que se quede con todas nuestras cosas, para asegurarse de que nadie más se quede con ellas. Con las cosas. Desde el deseo de satisfacer las fantasías infantiles con una muñeca real hasta la mera necesidad de no sentirse solo y asegurarse algo de compañía por algunos años, amén de la siempre sana sensación de que uno es importante para alguien más. Darle una alegría a las familias, qué se yo, muchas más. Todas mezcladas, en la mayoría de los casos.


Nosotros lo decidimos una tarde de conversación en la cocina después de varias copas de vino aguachento y cigarros. La Gabi tanteando terreno bajo el convencimiento de que una guagua era lo último que yo quería. Y bueno, por mucho tiempo lo fue. Pero la mayor parte de ese tiempo pensaba un número substancialmente superior de idioteces que las que pienso ahora. Y se equivocaba ahora ella, tal como me equivocaba yo antes. Y donde a mí me parecía un a tontera considerar la idea, a ella le parecía más bien abrumadora como decisión de vida. (Y claro, decir que era una tontera, me servía para no decir que la idea me abrumaba también).


Tener hijos es bueno cuando se les puede criar, cuando se decide tenerlos, cuando uno se siente seguro de que puede enfrentar la responsabilidad. Tener hijos es bueno en un mundo donde se necesita tanto trabajo para mejorar la vida propia y la de los demás. Tener hijos es bueno cuando uno siente que el cariño y la bondad te alcanzan para más personas y te quieres asegurar de incrementarlos en ti mismo y perpetuarlo hacia el futuro. Cualesquiera sean las posibilidades de salvación para la humanidad, requerirá lo que requieren todas las especies para sobrevivir: reproducirse. El mundo se viene acabando desde que la humanidad existe y todas las culturas tienen un historial eterno de apocalipsis nunca realizados. Que el mundo sea feo e injusto puede ser motivo para no meter más carne a la máquina, es cierto, pero también para intentar reproducir personas hermosas y justas, que es la única posibilidad de solucionar nuestros embrollos o de hacer menos dramático el final de los finales para los demás.


Tener hijos es bueno cuando se quiere tenerlos para continuar una patriada de amor. Esa patriada que comienza con la mera decisión de envejecer con una sola persona y hacerte parte de una familia nueva y termina con la decisión de no acabar con eso, de extender esta repartija indiscriminada de cariño. Que se trata, por lo tanto, de agregar felicidad a tu vida y a la de otros.


Y esta felicidad, finalmente, descansa sobre la base de un misterio. Porque, seamos francos, querer tener hijos es una tontera del porte de un buque no porque sea malo echar más gente a un mundo o por la posibilidad siempre presente de hacerlo todo malo y agregarle otra familia fracturada y gente dañada al planeta. Es una tontera porque simplemente no resulta sensato querer algo que no se entiende ni se conoce más que de manera superficial e indirecta, con suerte como testigo presencial. Querer hijos es querer responsabilidades que no entendemos, experiencias que no comprendemos, momentos que no esperamos, alegrías que no nos imaginamos y dolores que no sabremos si podremos soportar. Es decidir vivir en la máxima de las incertidumbres por el resto de tu vida.


Y por algún motivo misterioso, decide uno querer esa incertidumbre. Como si hubiésemos nacido exploradores, abrazamos el ansia y el misterio y lo construimos como una aventura. Porque uno sabe que es bueno. Bueno para uno, bueno para los que quieres y bueno para el mundo. Y hasta ahí llegan las explicaciones.


El resto es solo saber que, finalmente, no puede ser malo sentir lo que sentimos cuando, en blanco y negro, y esquivando la cámara con todas sus ganas, vimos a nuestro pirigüín, pateando como caballo de campo y revolcándose como cuncuna para volver a su posición favorita. Y eso fue felicidad, claro. Pero algo más. Algo que hace que se te apriete el estómago, se te corte el aliento y fijes la mirada cada vez que vez ésta, su primera foto. Nuestra primera foto.


Y ese es el misterio. Porque, con poco más de seis centímetros, ya estás aquí, con nosotros, con nuestros amigos que leen el blog de tus papás. Con el mundo.


Y ya eres amor nuevo.








Running

Nuestra primera medalla
Trato de acordarme cuando comenzamos a correr y cuando empezamos a tomarlo en serio. Debe haber empezado casi apenas llegamos a UK. Ver los parques enormes tan cerca de la casa o en la universidad hace que te piquen los pies aunque nunca hayas corrido en tu vida. Quizás Palmer Park, el parque que tenemos a pasos de la casa fue el primer motivador. Otro motivador para mí fue que por mis malestares lumbares los doctores y kinesiólogos me dijeron que nunca podría correr como deporte en mi vida. Nice. Pero me convencí que no tenía nada en la espalda y comencé a correr, sin dolencias, sólo aquellas que vienen con correr.

La primera vez que corrí fueron 5 minutos en el parque, luego 10 que era una vuelta entera de 1.7 kms. Un año después corríamos hasta 90 minutos que son como 13 kilómetros. Cuando corrí 5 minutos en el parque sentí que era lo máximo, y leo, ahora, que lo máximo que he corrido son 90 minutos y pienso que es poco. En fin, poco a poco corriendo más tiempo y más rápido y cada vez con más certeza de que mucho más es posible. Que una maratón, por ejemplo, no es una idea tan lejana.

Correr, en el parque o en la trotadora, es una actividad totalmente zen. Quedas con la mente en blanco y solo escuchas tu respiración o concentrarte en el ritmo y las canciones de tu playlist. También ayuda a reflexionar y en mi caso, planificar y hacer listas. Cuando terminas de correr te sientes feliz, tranquilo de haber logrado algo y el cansancio es solo temporal. De alguna forma, correr te da muchas energías de las que gastas. Al principio reconozco que me aburría bastante después de un rato corriendo porque se me acababan las cosas para pensar y se hacía tedioso. A veces pasa, pero luego uno simplemente entra en trance. Es una actividad contemplativa hacia adentro y hacia afuera (sobre todo si sales a correr outdoors).

Y obviamente tiene sus ventajas físicas. Te da energía, como ya dije, te fortalece varias partes del cuerpo y rápidamente te vez más apretado/a y “fit” y la celulitis desaparece. Para los amantes de la buena vida como nosotros tiene la gran ventaja de que puedes comer más y no preocuparte de las calorías.

London 10K

Empezamos a entrenar propiamente tal cuando nuestra amiga Lynda que corre desde hace años, nos invitó a correr los 10K de Londres en julio pasado. Ahí 10K sonaba a algo imposible. Lynda nos mandó un programa de entrenamiento y lo cumplimos al pie de la letra con algunas excepciones. Fueron 10 semanas de preparación, con entrenamiento 4 veces por semana. A veces incluso lo tuvimos que entrenar post carrete (y demostró que sí es posible). Donde más guateamos fue al final porque nos dimos cuenta que estábamos más que listos y ya en la semana 5 de entrenamiento estábamos corriendo 13 kms.
Con Lynda, quizás la culpable de todo esto

El día de la carrera fue bastante anecdótico. Yo llevé hasta cámara porque según yo era una actividad muy turística porque uno pasaba por las máximas atracciones Londinenses. El problema de una carrera con tantas personas es que hay mucho riesgo de que la organización falle y eso fue lo que pasó. Llegar al lugar y dejar nuestras cosas fue fácil. Nos llegó por correo toda la información y una polerita unas semanas antes, incluyendo el chip para tomarte el tiempo. Pero de ahí todo mal, una despertada a las 6 de la mañana, una cola para el baño (imposible no ir al baño si uno se está hidratando) de media hora, un baño en un estado deplorable (no details), luego una cola de 40 minutos para empezar la carrera. Con decir que el ganador llegó a la meta antes que nosotros siquiera empezáramos a correr, aún en la cola de partida. Luego durante la carrera unas personas se quejaron que se había acabado el agua.

La abultada partida (más arriba) y llegando al Big Ben

Pero yo disfruté mucho cada momento (menos mis 2 minutos dentro del baño químico), estaba extasiada de la experiencia y sentía que era un gran logro aún antes de la carrera. Luego en la carrera misma, disfrutaba el paisaje, mirar a la gente saludar, mirar a la gente que corre por una causa y a veces usa disfraces. Incluso me emocioné un par de veces al percatarme que había gente trotando en honor a una guagüita que murió chiquitita o en honor al papá que murió de cáncer. Y al fin llegar a la meta (en segundos menos que 1 hora).
La meta

Pero Daniel no le encontró ningún brillo. Y no creo que vuelva a correr en carrera. Yo creo que lo volveré a hacer y quizás en algún momento haga una media maratón. No creo que una entera, porque no le encuentro mucho brillo, pero una media maratón suena a un desafío decente, pero con 10 kms me siento muy cómoda.

El “Gear”
Correr es una mezcla entre ejercicio y hobby. Y si uno quiere aprender más, la información disponible es extensa. Descubrimos una revista que se llama Runner’s World y son 100 páginas mensuales sólo respecto a correr. Ejercicios de calentamiento, elongación, entrevistas a corredores anónimos y otros no tanto, ideas para motivarse, reportajes sobre equipamiento (zapatillas, anteojos, qué se yo) y carreras, ideas para cocinar, información para bajar de peso, tonificar y un listado de TODAS las carreras que hay en el mes (y son páginas). ¡¡¡Uf!!! Es una revista que uno se demora un mes en leer, justo cuando sale la otra. Y hay mucha, mucha más información en la web.

Y así uno aprende a elegir zapatillas, a entrenar más eficientemente, controlar tu ritmo cardíaco y descubres productos que se empiezan a hacer necesarios, como un reloj para entrenar o poleras que absorben la transpiración.

Con tanta información, uno se entera de tiendas especializadas que te hacen trotar para ver como corres y eligen zapatillas a tu medida. Y hasta el más mínimo detalle de tu equipamiento tiene su razón de ser, por ejemplo, no cualquier calcetín te sirve para correr.

Yo he invertido en zapatillas y en poleras y pantalones absorbentes con bolsillos. Daniel se ha comprado un reloj para entrenar que le mide las pulsaciones, la distancia, la velocidad, el gasto calórico, etc. Yo he invertido en amazon.co.uk comprando música para mi playlist, que es fundamental.

Mis Top 5
Según yo, esto debe estar en mi playlist:

1. Rock and Roll High School – Ramones
2. Pump it – Plack Eyed Peas
3. Mr Brightside – The Killers
4. Grip Like a Vice – The Go! Team
5. Never Miss a Beat - Kaiser Chiefs

Correr es una actividad muy individual y cada corredor la vive y la aprovecha de manera distinta. Así que esta notiita al pie es sólo para que sepan que esta es mi experiencia y la de Daniel puede ser distinta, partiendo por el playlist.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Actualización (no tan) rápida - Parte 02

...Continuación de Parte 01

Viajes y Visitas

El “compromise” de estos trabajos intensivos es que una vez que se acaban viajo, viajamos, y dos viajes que se nos fue reportar en este blog fueron los viajes a Estambul y a Creta. A Estambul fuimos con mi suegro que nos visitó en Junio/Julio. Fue un día que le propuse a Daniel (“por qué no vamos con tu papá a algún lado”) y al otro que teníamos pasaje y hotel Liz Taylor para viajar una semana más tarde. Dos criterios para mí para viajar son clima y comida y Estambul ofrecía calorcillo y mucha comida asada que me fascina. Además estaba cerca y sonaba lo suficientemente exótico como para imaginarme que iba a un lugar muy lejano y poco europeo. Así que ahí partimos.
Estambul - calle comercial

En tres horas estábamos en un lugar que, según yo, era igual a Santiago. El calor seco, por un lado, las tiendas de ropa tipo patronato por otro, harto ruido a micro y a auto, las ensaladas aliñadas y arroz con un sabor a chileno y caras muy chilenas. Ese señor tiene cara de González, esa señora tiene cara de Núñez, y así. Comer allá fue una delicia, sobre todo las carnes a las brasas (claro que a la vuelta de la esquina tenemos nuestro propio Istanbul Grill que es esquicito). Nos quedamos en un hotel con piscina con vista a las mezquitas (o sea, donde estés la vista será a las mezquitas porque están everywhere y yo la lesa usándolas como punto de referencia para no perdernos) y aprovechamos de refrescarnos, caminamos en cantidades, comimos en cantidades y mi suegro filmó en cantidades, dimos vueltas por el Gran Bazar, las mezquitas, los parques. La única nota baja fue que pagamos una fortuna por un show de odaliscas con comida que al final era bien “sharsha”, porque la música era con un órgano de piano bar muy chulo, las odaliscas eran pocas y ni tan bonitas y la comida era bastante estándar (o sea, para qué hablar del vino, ninguno de nosotros quiere volver a recordar eso).
Estambul - Gran Bazar

Con mi suegro también paseamos por UK. Pobrecito quedó agotado y eso que yo soy de tiro corto. Daniel tenía que ir a Coventry (la calle Coventry en Ñuñoa es mucho más linda) a una conferencia y nosotros aprovechamos de pasear y escapar de Coventry. Por un lado, pueblo feo y flaite, segundo porque cerca habían lugares lindos, lindos y con ola de calor (sí, como 35 grados, parece un sueño ahora) había que pasear y escapar del cemento. Fuimos al castillo de Warwick y a Stratford-upon-Avon (con Daniel esa vez). Post-conferencia Daniel nos llevaba a comer. Al final, lo mejor de Coventry era que tenía un IKEA (Es como un Homecenter pero design top y barato) y una calle medieval llena de restaurantes muy monos y pubs choros.
Suegro Real: en castillo de Warwick

Después de la visita de mi suegro, tuvimos meses de tranquilidad hasta que en Septiembre llegó mi hermana “chica” Daniela que es un huracán mientras está despierta (que son como 8 horas al día). Con ella fuimos a Creta, encontrando una promo de hotel all-inclusive de 4 estrellas a la orilla del mar y ahí partimos. Mucha gente arruga la nariz con este tipo de resorts, como que uno debería ir a lugares más autóctonos, no tan hecho para turistas y que hay que recorrer y estar encerrados en hotel es una pérdida de plata. Y lo otro es que dicen que son paquetes para gente vieja o familias. Entiendo lo apestoso que puede ser en pleno agosto cuando está lleno de niños en edad escolar gritando y no dejándote nadar en la piscina, pero ya a fines de septiembre son familias con guaguas (que son entretenidas de mirar en la piscina porque están descubriendo cosas todo el rato) o adultos mayores. El único problema de los adultos mayores es cuando a las señoras guatonas se les ocurre tomar sol en topless frente a ti y harías cualquier cosa para que te cambien la vista. Y, claro, mucho eye-candy no hay ni para hombres ni para mujeres.

Defiendo 100% el estilo de vida resort. Quizás envejezco rápido pero una pieza con vista al mar, comida por montones de buena calidad, una buena piscina y un rico mar (con buena compañía, por supuesto) es todo lo que pediré de ahora en adelante. Tuvimos nuestro brochazo cultural cuando fuimos al Palacio de Knossos, donde la leyenda cuenta que estaba encerrado el Minotauro y que es el emplazamiento arqueológico más importante de la cultura minoica. Y el hotel estaba cerca del pueblo de Rethymnon, que visitamos y disfrutamos un par de veces con arquitectura veneciana y turca, calles angostas, panes con forma de rosas, helados ricos y muchas artesanías. Pero nada como volver a nuestro hotel y participar con los abuelitos en las clases de aquagym y ocupar el gym que nadie, aparte de yo y Daniel, usó mientras nosotros estuvimos ahí, bañarnos en el mar (con capeo de olas incluido), comernos una crepe a la orilla de la piscina y probar las delicias del buffet. Para terminar el recuento nuevamente con una nota negra: el aeropuerto era enano y era un caos, así que después de una semana guata al sol, máximo relax, el rico estrés de aeropuerto.En Heraklion, nuestro día cultural

En el agua, donde pasamos la mayor parte del tiempo

A todo esto, una de las excusas para estas vacaciones y la visita de mi hermana era mi cumpleaños número 30. ¡El famoso cambio de folio! Lo más lindo estar con mi hermana para ese día (claro, con alguien más joven y con más energía que me recuerde que ya no estoy tan joven) y hacer puras cosas entretenidas como ir a pasear por Londres, a comer comida italiana, tomar champaña y comer torta de chocolate con chocolate e ir a un show como Chicago. Qué lindo día.

Y así se nos acaba el año. Ahora tenemos que planificar el cambio de casa y la ida a Chile, Daniel tiene que trabajar harto en su PhD y también tiene harto que hacer para asegurarse que está “on top of things”. Yo estoy trabajando cada vez menos, dedicándome a ser una buena dueña de casa y mantener el cuerpo saludable. Hay una larga lista de cosas por hacer entre buscar casa y embalar y ver donde cresta guardamos nuestras cosas por mientras. Ahora se oscurece temprano y empieza a hacer frío, mientras en Chilito es todo lo contrario. Ahora la rutina sin visitas ni viajes consiste en comer temprano y ver películas, ir al cine o en la casa. De vez en cuando salir a comer, solos o con amigos, cocinar rico. Y ya a las 9 nos queremos ir a acostar, sólo invernar, que pase el tiempo pronto para partir a casa, “home” a celebrar las fiestas con la familia.

Actualización (no tan) rápida - Parte 01

Jugando de Local

Bien flojos hemos estado en relación al blog. En realidad bien flojos con el blog no quiere decir que flojos en general sino que muy ocupados en muchos otros aspectos. Es lógico que mientras más tiempo uno lleva viviendo en un país foráneo uno se acomoda más y más hasta que uno se siente totalmente instalado. Como si siempre hubiésemos vivido acá. Mi mamá, debido a mi desconexión cada vez más frecuente, me decía que le daba miedo que nos acostumbráramos mucho porque después no íbamos a querer volver.

Pero una cosa es sentirse instalado, cómodo, jugando de local, otra cosa es sentir que esta es tu casa. Esto no es “home”. Bueno, Daniel es “home”, es mi familia y mi mejor amigo en este hemisferio y siento que estamos “home” cuando dormimos siesta el fin de semana o cuando nos quedamos conversando hasta tarde o cuando somos anfitriones y tenemos amigos invitados a comer y preparamos la jornada (ahí “home” se acaba cuando llegan los invitados y hay que hablar en inglés). Quizás, fuera de eso, lo que he sentido más “home” son los fines de semana con mi amiga Sarah. Pasar domingos viendo tele o películas comiendo algo rico y almorzando, ojalá, a las dos de la tarde como le gusta a ella. Y Daniel se va conmigo de vuelta. Sarah es Chilena pero de acá. Lo único que me partirá el alma cuando tenga que volver definitivamente será no tener a Sarah tan cerca y es lo único, de verdad, que a veces me hace querer quedarme acá más tiempo. La leche fresca, la salud gratis, buses y trenes a la hora, la facilidad de viajar por Europa, amazon.co.uk, los libros baratos y accesibles y hasta leyes laborales dignas son cosas de las que puedo prescindir, pero no de mi amiga Sarah.
Home

Y bueno, también a medida que uno se asienta empieza a conocer gente y a hacer amigos. También la vida en Reading nos tiene con una activa vida social, sobre todo en verano en que todos parecieran tener más energías ( Y con razón, ya en octubre todos nos queremos ir a la cama a las 8 de la tarde). Así que celebrando cumpleaños o aprovechando promociones de restaurantes para organizar algo o simplemente con ganas de hacer algo nos juntamos o con Emma, o con Lynda o con Jane o con Joan a tomar café o a comer. Con nuestra queridísima amiga Emma, que es muy inglesa pero le encanta todo lo japonés nos juntamos a hacer sushi o a tomar café y soñamos en hacer un curso de barista para preparar nuestros propios capuchinos y hacer figuras con la espuma de la leche. A Emmita la extrañaré mucho, pero sé que me tendrá que visitar en Chile aunque sufra de shock cultural.

Con Emma celebrando su cumpleaños en restaurant latino

Y se nos empieza a acabar otro año, otro año que voló. Comenzó la primavera, el verano y ahora el otoño, y casi nada documentado en el blog. Así que la actualización a continuación.
En términos de trabajo, yo al igual que el año pasado trabajé en el verano organizando actividades sociales para los alumnos extranjeros, un baño de distintas culturas y un baño cultural para mí también visitando distintos lugares en el RU con mis alumnos. Este año, a diferencia del año pasado trabajé más meses, más horas, con más alumnos, con más responsabilidades y por la misma plata. Yo puedo ser muy lesa para negociar, es verdad y me arrepiento mucho. En definitiva, el verano se sintió largo y agotador, cansada de tener que sentirme animadora de team Cristal (bien tapadita, eso sí) cuando en realidad quería quedarme en mi casa leyendo un libro o viendo tele. Nada en contra de los alumnos (la mayoría era bien nice) pero ahora entiendo por qué a las chicas del team les pagan tan bien (no sólo por la facha). Tuve que jugar bádminton, básquetbol, bailar salsa, ir a ver un partido de fútbol fome, meter conversa, tratar que los tímidos hicieran amigos, retar a los que llegaban tarde al bus al final de los viajes. Not fun a pesar que mientras hacía la pega no era tan terrible.
Con alumna en paseo a Basildon Park

Y Daniel también trabaja harto, en lo suyo eso sí, en su PhD. Ahora el perla tiene una oficina en la U. Así que trabaja en la casa o en la Universidad, a veces nos vamos juntos a la pega y es tan romántico. Incluso a veces nos podemos juntar a almorzar. Más romántico aún. Y tiene mucho que hacer, es increíble que un PhD sí tiene demasiada lectura pero mucho trabajo administrativo también. Así que avanza, lento pero seguro, porque es muy meticuloso y perfeccionista.

Continúe leyendo la parte 02 sobre Viajes y Visitas

Historias de un callejón


Algo huele mal

A ver, cómo explicarlo. Nuestro departamentito de un dormitorio da, por el dormitorio y la cocina, a una especie de callejón. En términos técnicos es la parte trasera de un edificio pequeño donde están los estacionamientos. En el primer piso del edificio hay unas tiendas, un charity y una tienda de vidrios que es de nuestro landlord y en la parte trasera –la que vemos- están los basureros y estacionamiento de clientes.

El edificio es pequeño. Tiene sólo 6 departamentos. Desde la cocina veo todo. Me he convertido en la vieja sapa sin quererlo. Sé quiénes reciclan bien y quiénes no. Los veo entrar con sus take-aways y bolsas de supermercado, por lo que sé hasta qué es lo que comen. El hombre que vivía en el departamento que se desocupó estaba chiflado. Los últimos días que lo vimos, cuando salía de su departamento cerca de la hora de almuerzo (y yo, obviamente, estaba en la cocina), llevaba puesto un polerón que decía “you’re being filmed” (Está siendo filmado) y miraba al cielo, en todas las direcciones mostrando sus dedos medios, como garabato.
Y eso no es todo. Uno de los vecinos de ese edificio, un cabro negro joven, una vez se mandó la media güitreada a la salida de nuestra casa, a primerísima hora en la mañana. Yo me despertaba para ir a mi curso y en vez de despertarme con los pajaritos, me desperté con el ruido de la arcada y la subsecuente eliminación de lo que sea que le haya caído mal. Se me quitó el apetito y mientras me duchaba y quedaba lista para salir, me preparaba para la sorpresa de lo que iba a encontrar al salir. Daniel, muy tierno, se limitó a comentar “ojalá que llueva pronto”. Y en este país eso no es problema. El vómito se limpió rápido.

En este país, vomitar en la calle, es como mear en la calle en Chile. Así de común. Si uno pasa por un muro en Santiago centro huele a pipí, acá muchos rincones huelen a vómito.

Desafortunadamente nuestra calle no se escapa. Claramente se pueden observar los vómitos y si uno es despistado, los puede pisar. Por supuesto que esto no tiene que ver con ingleses delicados de estómago, sino que con ingleses buenísimos para tomar, que no saben o simplemente ignoran sus límites y que viven permanentemente con caña y no tienen ningún problema en admitirlo. El vómito está institucionalizado. Nunca había visto y escuchado tanto vómito en mi vida.

Y si de hablar de olores se trata, uno de los problemas de vivir en un callejón es que a veces pasa el camión de basura pero no se le ocurre entrar o pero que entran y no se la llevan porque a algún vecino consciente de su propia comunidad mete cosas al basurero que no están permitidas. Y ahí pueden pasar días en que la basura se acumula y se acumula y sobre todo en verano, no huele bien.

Malos hábitos

El callejón llama a proteger a la gente de malos hábitos. Es un lugar oscuro y escondido, por lo tanto que mejor que transformarlo en un lugar de vicios.

Hasta el momento no hemos visto ninguna escena de sexo, pero sí de lo siguiente:

1. Una niña musulmana de unos veintitantos años, tapada y todo se metió al callejón a fumarse un cigarro. Me pregunto que le dirá a su familia si le pillan los cigarros.

2. Un joven guatón, bien guatón, se escondió para pegarse un atracón de hamburguesas y papas fritas. Probablemente habría estado más cómo comiendo en el boliche donde compró su comida, pero parece que tenía “issues”, considerando el ímpetu con que se comía la comida.

3. Un maestro que estaba haciendo unos arreglos en una casa del frente, tenía un pito de marihuana o crack y lo escondía debajo de un basurero en nuestro “callejón”. Venía un par de veces al día, le daba un par de piteadas, lo dejaba debajo del basurero y de vuelta al trabajo. La última vez que lo vi, y no es chiste, lo pasó a buscar una ambulancia.

4. Anteayer un hombre negro se metió el callejoncito y se pegó unos jales.

5. Una carabinera inglesa se metió a fumar al callejón. Supongo que debe estar prohibido a ellos fumar con uniforme. Me vio casi al prender el cigarro y le pegó un par de piteadas y se fue.

6. Lo más, más freak, que casi me llevó a llamar a la policía. Mientras preparaba comida al atardecer, una señora entró y quedó parada en uno de los estacionamientos. Esta señora hacía como que hablaba con alguien, se tambaleaba y parecía que se iba a quedar dormida. Y estuvo ahí, de pie, por al menos una hora. Después volví a mirar y ya no estaba ahí. Quizás en qué dimensión estaba, pero de eso yo no quiero probar.

7. Y no pocas veces llegan grupitos de cabros y fuman pitos, cigarros o toman.

Y esto es sólo considerando las veces que sí estoy mirando.
Pero debo aclarar que esto no pasa solamente en los callejones. Mi amiga Sarah me pidió el otro día acompañarla a dejar la basura a la puerta de su casa (y eso es todo: abres la puerta, está la vereda y en el borde dejas tu bolsa) y un loco se me acercó y me empezó a conversar cosas que no le podía entender. Quizás en qué dimensión estaba, pero de eso no quiero probar.

Last but not Least


Y lejos lo más bizarro que esta vieja metida presenció fue cuando empecé a ver que una de las vecinas del edificio sacaba y llenaba los basureros. Al otro día no solo los basureros estaban llenos sino que hasta los estacionamientos mismos, llenos de basura y maletas. El cuento corto es que la niña China que vivía ahí estaba ilegal y la pillaron y se escapó. Mucha gente no resistió la tentación y abrió las maletas y las bolsas de basura para ganar con lo que se pudiera, lo que significó que todo quedó ahí tirado, nada de bolsas de basura. Finalmente tuvimos que llamar a la municipalidad para que vieniera a recoger los escombros, yo pasé una mañana recogiendo con una vecina las cosas y poniéndolas en bolsas de basura, que fué wácala, wácala. Lo único bueno es que yo gané con una cartera nueva y Daniel con una maleta.

Y eso es en el primer mundo.

miércoles, 22 de abril de 2009

Malta/Túnez

Viajes Waldo Silva esta vez nos llevó a Malta y a Túnez. Dos países que mi papá no conocía y por los que quería pasar, para así sumar países a los más de 80 que lleva visitados. Cada vez es más difícil conocer países nuevos para él, porque ahora le quedan los menos turísticos (Incluso le han cancelado un viaje por la posibilidad de toparse con piratas somalíes) y donde, además, él no habla inglés no se atreve a mandarse sólo. Y quiere llegar a las 100 pronto.

MALTA

El viaje a Malta lo organicé yo. Todo lo compramos por internet. Conseguimos un hotel barato y bastante bueno que además estaba bien ubicado (en Sliema) y pasajes baratos. Desde Inglaterra uno puede ir a Malta por $60.000 ida y vuelta.

Malta llama la atención, primero, por lo chico. Son 300 kms2. De una ciudad a otra son como 10 minutos en micro. Todo es en menor escala. O sea, si quiero ir al supermercado, salgo de Santiago y voy a Concepción, pero en chiquitín. Lo segundo que llama la atención es el idioma y la influencia de todas partes. A ratos uno piensa que está en Inglaterra, porque las cabinas telefónicas y los correos son igualitos. A ratos uno piensa que está en Italia, por el color y la arquitectiura barroca, las iglesias y los santos en cada esquina (cada calle tiene su patrón). También hay mucha influencia árabe que uno ve en los balcones de las casas y en el idioma. Todos hablan inglés, que es oficial junto con el Maltés. Y el Maltés se escucha como italiano, con esa melodía, pero de cerca es cómo árabe. Como buena isla en la mitad del mediterráneo (teorías dicen que es la desaparecida Atlantis) todos han querido un pedacito de ella y se la han peleado a morir. No han tenido ningún break los pobres malteses: los fenicios, los griegos, los romanos, el imperio bizantino, los franceses, los españoles, los ingleses. Por eso todo parece tan ecléctico, como un sueño algo absurdo.

Malta es hermoso. Nada contra Brujas o Venecia, que se dice que son las ciudades más lindas de Europa, pero la Valetta y las Tres Ciudadades son esplendorosas. Nos tocó una linda vista al mar y a la capital, Valetta y una temperatura bastante templada. Aprovechamos de conocer Malta y la isla de Gozo y de comer lo más tradicional de la zona. En sólo tres días. Bien Waldo Silva-style, aprovechando cada minuto. Mi padre y Daniel comieron conejo en todas sus expresiones: estofado, en tallarines, al ajo, frito. Ese es el plato que hay que comer. También nos recomendaron unas “pastilles”, que son unas masitas de hoja rellenas. En cuanto a los Top 10 de turismo, Valetta y las “3 ciudades” son los lugares más lindos. Y la mejor forma de recorrer la isla es tomando buses, muy pintorescos y folclóricos, como dice Waldo, en la terminal de Valetta. Llegan a todas partes, pasan seguido y nunca se demoran mucho. Y más importante aún, son más baratos que una micro del Transantiago.

TUNEZ


Túnez queda a 300 kms de Malta, pero lo más económico era volver a Londres y tomar otro avión. Acá Waldo hizo las gestiones desde Chile y contrató un tour en Falabella con un operador Español. Yo siempre tengo mis aprensiones con los toures, porque me acuerdo de cuando fui a Europa con la mamá y la Pauli. Nos levantaban a las 5 de la mañana y llegábamos a destino a las 2 de la mañana, el guía era un guatón español fétido y el grupo era grande (y hay que esperar siempre a la gente a que llegue para que bus parta). Mi papá nos contaba una historia tragicómicas de cómo terminó diciéndole a una señora “vieja de mierda” en la mitad de un tour y en frente de todos, porque la señora en cuestión nunca llegaba a la hora al bus y se atrasaba horas. Y para que mi papá lo diga, es porque la vieja tiene que haber sido muy “de mierda”.

Así que a eso íbamos: muchas ciudades en pocos días, jornadas agotadoras, posible gente rota y el poto cuadrado arriba de un bus. Pero tuvimos suerte porque nadie más se inscribió en el tour y teníamos un tour privado con guía y todo por la misma plata (hay que decir que el tour, que tiene todo incluido, es bastante conveniente). Así que anduvimos cómodos en un 4x4 y el único que no cumplía con el horario era mi papá (cuando le decíamos que ya habían pasado los 30 minutos decía, “pero quien me va a retar?”)

La partida fue un poco accidentada. Llegamos y el trato de la policía en el aeropuerto era de lo peor. Puras caras largas. Después llegamos al hotel y estaba tan cochino que pensé que me agarraría todas las garrapatas de todo el país esa noche. Y era 4 estrellas. Mi papá me explicaba que así eran los hoteles acá y yo me hice la idea, pensando en que pasaría poco tiempo en ese hotel. Fue mala suerte. Paramos en ese hotel a la vuelta del viaje y estaba mucho más limpio. Lo mejor era la piscina, pero hacía frío y el agua estaba helada. De puro picada y porque no quería estar en la pieza me metí igual, con Daniel, todos mirando desde los balcones, y nadamos harto para que se nos quitara el frío. Igual salimos con mareos, pero fue inolvidable. El hotel en cuestión, para que lo evite se llama: Sol Phebus.

Nada que decir, eso sí, de la comida. En general todos los hoteles y todos los lugares a los que fuimos a comer eran increíbles. El cous-cous bien preparado tiene sabor, aunque no lo crean. A Waldo no le gusta (como muuuuchas otras cosas) y lo evitó a toda costa. Lo que no evitó -todo lo contrario- fue el harissa, una pasta de ají que se le puede poner a todo, al menos así lo demostró Waldo. Cada vez que se podía comíamos un brik, una empanada de una masa delgada, frita, rellena de puré de papas con especias y un huevo. Es increíble partir la empanadita y que salga le yema. También se come muy bien el pan. Hay unos chapatis y otros panes más gruesos que tienen sabor a hayuya. Y la influencia francesa los ha llenado de baguettes y panes ricos (Chile tiene buena cultura de pan, pero nosotros en UK estamos en la sequía misma al respecto, porque del pan de molde no salen). También hay que hacer mención del rico café turco varias veces al día y a los higos y dátiles. Está lleno de cafés y fuera de la Capital están siempre llenos sólo de hombres. Y siempre están llenos (me pregunto si esos hombres trabajan). Como mujer una se siente muy observada.
Lo más importante, eso sí, fue la gran sorpresa: Las Naranjas, así como título. Comimos millones y todas jugosas y dulces y de distintos colores. Así que a pasar hambre, no fuimos.

El tour consistió en 6 días subiéndonos y bajándonos de nuestro 4x4 guíado por Midani, un nómade que hablaba español como cuando te cuentan chistes de árabes. En cada parada técnica, nos tomábamos un café, Midani se fumaba 5 cigarros y mi papá sacaba fotos de algo de lo que seguramente ya se olvidó. Recorrimos 1600 kilómetros, desde el norte hasta el suroeste y al sureste y al norte de nuevo. Fuimos a ciudades, pueblos y a la nada misma: el Sahara. Visitamos mezquitas y medinas (ciudades amuralladas) en cada ciudad, donde te trataban de vender de todo. Bien catetes hay que decir, y o había ninguna forma de pasar piola. También visitamos ruinas romanas: los baños de Cartago, el anfiteatro Romano del Jem y la ciudad romana-bizantina en Sbeitla. Y También tuvimos, por suerte, la cuota de naturaleza. El Sahara mismo, con dunas y con la maleza primaveral, los oasis de palmeras, el cañón, las casas trogloditas construidas bajo tierra para escapar del calor, los dromedarios por todas partes. Ahí me quedo yo. Daniel se queda con el desierto también, ya que pudo ir a las locaciones donde se firmaron las primeras y las más recientes Star Wars. Pura emoción.
Al final estábamos agotados, pero felices y con la guatita bastante llena. Daniel volvió a la conferencia donde tenía que presentar y con Waldo nos quedamos en un súper hotel descansado un par de días. Ahí aprovechamos el parque acuático con toboganes, jacuzzi y gimnasio, paseamos por la playa, comimos del buffet y tuvimos mucha conversación padre-hija.

Somos unos suertudos… nuevamente agradecemos a Waldo por la invitación y, lo más importante, por la aventura de pasar tanto tiempo juntos los tres.

Más fotos en mi perfil de facebook

martes, 10 de marzo de 2009

I love Antwerp


Finalmente llegó el día en que partiríamos a ver a Angela Pamela a Antwerp. La última vez que vi a Angela fue en el departamento que arrendaba en Macul, en enero del 2008, unos días antes de partir a Reading. Ella estaba moretoneada entera y coja, pero estábamos todos muy aliviados de que haya salido viva de un atropello que la tuvo en la UTI, en coma, unos días. No la cuenta dos veces y, for de record, dice que no vio ninguna luz en un túnel.

Y cosas así pasan y te hacen reconsiderar la vida, de lo corta que es, follow your dreams y todo eso que suena siútico pero es cierto. Y por eso ella ahora vive en Antwerp, donde vino a vivir con su novio belga llamado Dieter quien, al igual que Daniel ama la conversa y el playstation.
Tuvimos nuestra primera experiencia Eurostar y fue para repetirla muchas veces. El tren mismo sólo se demora dos horitas y llega a la misma estación de Bruselas, donde se toma otro tren a Antwerp que dura 45 minutos más. Nada de check-in, ni ese estrés de aeropuerto de las dos horas antes. Fue agotador, pero sin mucho rato de espera que es lo que más latea. Fue más que nada harto rato arriba de transportes (micro a la estación de Reading, tren a Londres, metro a Eurostar, tren a Bélgica, tren a Amberes y metro a casa de Angela: en total 7 horas puerta a puerta).

Nuestros anfitriones nos trataron como si estuviéramos de visita oficial, así como Charles y Camilla visitando Santiago en estos días. Conscientes de nuestros gustos por el leseo, nuestra primera parada fue en un bar de cervezas, donde la carta era como de 5 páginas sólo de cervezas. Aprendimos que hay beers y Pilsen, o sea cervezas y pílseners. La primera es más fuerte sobre 5 o 6 % de alcohol y las Pilsens son más aguachentas, esas que conocemos nosotros. Mi primera “beer” tenía 11 grados de alcohol y me la tomé lentito porque era bien cabezona. Así que acto seguido mostré la hilacha pidiendo coca light, mientras los otros seguían probando la rica cerveza de verdad, aromatizada y con un color dorado hermoso. Luego fuimos a otro barsito, donde tenían armada la media fiesta. Había un caballero curadito que se lo tuvieron que llevar de a 3, después que se cayó como tres veces en la plaza de Antwerp, a la salida del local. Era una especie de fiesta privada, donde las chiquillas que atendían eran como un team y ponían canciones y el que estaba más arriba de la pelota era una especie de Kramer belga, con su chaquetita negra sobre una camiseta blanca que nos invitó unas cervezas. Descubrimos, entre otras cosas, que hay una versión en flamenco de “próvocame” de Chayanne. I love Antwerp porque los bares cierran tarde.

Siguiendo con el turismo culinario, los días que siguieron incluyeron hacer un par de colas para comprar pan, galletas y “colegiales” en la panadería más antigua de Antwerp. La cola valía la pena. Comimos un arrollado de chocolate y mazapán y compramos chocolates belgas que cuidaré como hueso santo. A ver cuánto duran. Incluso osamos preparar un mouse de chocolate con chocolate belga. También probamos el fondue, que no es cómo el que uno conoce, el de queso, sino que son pedazos de carne, pollo, pescado, mariscos, que uno mete en la fondue a freír. Y la cerveza en todas las paradas, por supuesto. También probamos la ginebra, un licor dulzón que tendremos que probar con más tiempo la próxima vez que vayamos.

El turismo nos llevó a Brujas, una ciudad bien de cuento, que muchos dicen que es la ciudad más linda de Europa que tiene chocolaterías en todas las cuadras. En Antwerp arrendamos unas bicis y fuimos de paseo a la playa más fea que uno pueda ver jamás. Y es famosa por eso, por lo fea. Da al río, no al mar y le tiraron un poco de arena para que parezca playa y de fondo se ven puras industrias, nada de horizonte con gaviotas, y para qué hablar de olas. Antwerp o Amberes es una ciudad muy linda, con una catedral imponente y con plazas y callecitas muy monas, donde mandan los adoquines, las bicicletas y los estudiantes. También fuimos al museo de Bellas Artes que tiene muchas obras de Rubens y Van Dyke. O sea, una lluvia de Cristos crucificados y Vírgenes María dando papa.

Bien caminado, bien paseado, bien comido, bien conversado. Nada que nos guste más en nuestro espíritu hedonista. Pero lo mejor fue ver a Angelita tan feliz, manejándose tan bien en todos los idiomas (chuta que país más multilingüe), como una local más. Y feliz en su bello departamento, su nido de amor, junto a su hombre que la adora y que la hace reír. Ella le prepara su cafecito y su pan con nutella en las mañanas. Luego va a sus clases del flemish y va al gimnasio y lo espera en la noche con comidita calentita. Pronto cuando tenga su residencia podrá buscar trabajo haciendo clases de español o de inglés. Por mientras, tiene un permiso temporal y para no llevarse mal con la ley, cruza la calle sólo con luz verde para el peatón. Y así cambia la vida, y así la vida nos da nuevas oportunidades y nos obliga a tomar caminos, que nos llevan a Roma, Antwerp o Reading. Todo sea por ser felices y mejores personas.

Gracias Angela y Dieter. Dank U wel.

jueves, 19 de febrero de 2009

Reconsiderando el pollo con ensalada


Dejé de lado la ficción y empecé a leer un libro llamado “Not on the Label” (algo así como “no está incluido en la etiqueta”) de una periodista del diario The Guardian, Felicity Lawrence, sobre cómo llega la comida a nuestros platos.

Pollo


El primer capítulo es sobre el pollo y tengo miedo de comer pollo otra vez. Ahora estoy leyendo el capítulo dos sobre las ensaladas y en realidad no sé si quiero seguir leyendo. Sé que es un comentario irresponsable, pero leer este libro es una buena forma para bajar de peso, porque se te quita el apetito.

Respecto al pollito, el capítulo trata de las condiciones salubres de los pollos, desde el punto de vista higiénico y también de maltrato animal. Ese pollito que comemos todas las semanas, al curry, al horno, alverjado, al wok con verduritas. Ese que no comemos nunca a la plancha porque de verdad que no tiene sabor a nada. Ese con el que hacemos sopa de pollo con lo que queda después que el Daniel lo troza. Ese que uno compra 3 enteros “talla M” (sí, acá hay S, M y L) por $8.500 pesos, lo que, si no me equivoco sale lo mismo que en Chile. Para no dar la lata, en resumen, resulta que:
1. Para desplumarlo tienen que meterlo en agua hirviendo y la temperatura de estas salas es de más de 50°. Esto llama a gritos a la contaminación cruzada. En definitiva: más del 80% de los pollos vienen con alguna u otra infección.
2. Los pollos son engordados de tal forma que en la vida adulta ya no pueden caminar. Para más remate guardan 300 donde solo caben 100. O sea, tampoco caminan porque no tienen espacio.
3. A los pollos les inyectan, entre otras cosas, antibióticos, que después comemos nosotros. Esto conduce a algo TE-RRIBLE: nuestro cuerpo no reacciona a los antibióticos, por lo que al haber infecciones, no hay cura. Eso explicaría, por ejemplo, el aumento de muertes por infecciones intra-hospitalarias.

Y el pollo orgánico, ¿Qué tan orgánico será?

Ensalada

El otro capítulo que he leído es sobre la ensalada: la industria y el cultivo.

La parte de cultivo, uno la ha escuchado varias veces y poco se sorprende uno: que para tener frutas y verduras los 12 meses del año, las tierras han sido archi-cultivadas y van a dejar de dar frutos eventualmente a pesar de todos los fertilizantes y pesticidas existentes. También: es el exceso de pesticida que hace que las frutas estén infectadísimas de sustancias dañinas para el organismo, como el nitrógeno. Not good. Eso igual lo sabíamos, ¿o no?

Algo raro pasa, piensa uno, cuando empieza a encontrar tomates o duraznos en invierno, o cuando las piñas vienen con un dulzor que parecen mandadas a hacer a Ambrosoli, o cuando encontramos sandías de tamaño individual, naranjas fáciles de pelar y sin pepas; o cuando uno ve unas lechugas mini; o cuando el durazno no tiene olor. Igual da cosa. (Pero debo decir, que la piña estaba muy rica y sólo compro de las naranjas que se pelan fácil, porque no tengo uñas y me carga pegarle el mordisco a la cáscara.) El otro día nos pasó algo muy raro: en la feria compramos peras y salieron todas ricas, pero salió una pera que no tenía sabor a nada. A nada. Es como que a esa matita no le llegó la inyección.

Al hablar de ensalada, hablamos de empaquetamiento. Por un lado, algo pasa en este país que todo debe venir en bolsa o en caja. Pocas cosas son a granel (Esto es en el supermercado, no en la feria). Las paltas vienen en paquetes de a dos, el pepino viene envuelto en una especie de preservativo, la opción del flojo incluye bolsas de zanahoria picada y cada vez más comúnmente la ensalada de lechuga viene en bolsa (¡¡¡y con instrucciones!!!). Esto tiene su razón “técnica”: estas bolsas están llenas de oxígeno para que se conserve mejor la fruta o verdura.

Y esto no es lo más terrible. Lo más probable es que la persona que seleccionó y empaquetó los champiñones que compré en oferta, sea una persona explotada. Uno piensa que en las Europas no pasan estas cosas. Que las leyes laborales son a toda prueba, pero no. Parece que hay unos forados gigantes en el sistema legal-laboral que hace que la trata de blancas de la que uno ha oído hablar no sea algo lejano a todos nosotros.

Acá operan los gangmasters, unos contratistas que se dedican a proveer de mano de obra a estas fabricas y campos que a su vez venden a los supermercados. La mano de obra viene de distintos países, sobre todo de Europa del Este con contratos casuales. Al ser miembros de la UE, no necesitan visa de trabajo, pero al ser inmigrantes sin contrato fijo, nadie les va a arrendar casa, ni les va a abrir cuenta de banco. Además no hablan inglés. Cuento corto, dependen de estos contratistas. Ellos les consiguen casa o pieza (y les cobran arriendo descontándolo por planilla), los transportan a las fábricas que quedan en lugares alejados, les pagan menos que el mínimo legal, les descuentan impuestos (a pesar que no pagan las imposiciones tampoco). A veces, a fin de mes, quedan debiendo plata. Las mujeres son acosadas por los jefes. Trabajan varios horarios, día y noche. Son extorsionados, amenazados. No pueden dejar el trabajo porque pierden el techo. Y estos son los que tienen permiso para trabajar, porque también están los ilegales a los que les pueden sacar más el jugo, porque a ellos se les puede extorsionar más. Y los muy perlas se declaran en quiebra cada cierto tiempo no sin antes haberse llevado la plata a otros países. Y estamos hablando de países del primer mundo. O de frentón les roban ya que al no tener cuenta de banco, saben perfectamente que la plata está debajo del colchón. En la comunidad llaman al racismo, porque son los que se llevan los trabajos, son los que inundan los barrios por el hacinamiento. Y más violencia. No es ficción. Tampoco es el pasado. Obviamente, los supermercados se lavan las manos, porque son contratistas y si llega a pasar algo, la culpa es del contratista que hace todo por poder desaparecer del mapa en un-dos-por-tres.

A final de cuentas siento asco y aberración por la explotación, por la economía de “libre mercado” en su degradación máxima. Y me agarro la cabeza y me da plancha. Pienso en todas las veces en que compro un paquete de pimentón o una bolsa de zanahorias y como buena ama de casa, me agrada hacer una compra que ayuda al presupuesto familiar. Ahora mientras más barato, pienso en los trabajadores engañados, con tendinitis crónica de trabajar día y noche. Y el problema sólo parece crecer, entre la competencia entre los supermercados, un país en crisis con gente con menos plata, y un becario y su señora que les encanta cocinar y sobretodo, comer y que siguen comprando.

¿Seguiré leyendo el libro o no? Y ustedes ¿Querrán saber qué se viene?

Noticias relacionadas:
La Página de Felicity Lawrence en The Guardian
http://www.telegraph.co.uk/news/uknews/2669443/Pre-packed-salad-will-lead-to-increased-food-poisoning.html

viernes, 6 de febrero de 2009

Nieve


Acabo de escuchar en las noticias que el frente de mal tiempo, que terminaba por estos días, se estaría alargando para la próxima semana. Daniel lo primero que dice cuando le cuento es: “qué rico”. Yo, trato de pensar en si es “rico” o no.

El Reino Unido enfrenta nevazones no vistas en 18 años. Los lugares más afectados están en el oeste de la isla, en Dover y Gales, porque nunca nieva por allá. El norte está bastante afectado también, pero no es tanta novedad y están más preparados. En Dover, decía la BBC tenían 50 centímetros de nieve.

Acá en Reading nuestra experiencia con la nieve ha sido relativamente placentera. Comenzó a nevar el domingo en la noche (01 de febrero). Ese día en la mañana habíamos salido a caminar por la campiña y alguien comentaba qué lindo se iba a ver cuando estuviera todo blanquito. Yo de verdad no me lo podía imaginar, si incluso había su buena cantidad de sol, pero hacía un frío de los mil demonios. La linda caminata terminó en un pub con chimenea, luego llegamos a la casa había harto sol y unas horas más tarde comenzó a nevar.

Qué lindo es ver nevar. Lo que más me gusta a mí es ver la nieve caer, porque flota, cada copo tiene su vida propia y se mueven para todos lados, demorándose mucho en finalmente caer sobre el suelo. También es lindo volver a la ventana cada cierto rato y ver cómo el paisaje va cambiando a medida que todo se va emblanqueciendo.

El lunes, en el parque y en la U había mucha gente haciendo guerra de nieve, empujándose con trineos (¿De dónde los sacaron?), armando su monito de nieve y sacando la foto para la posteridad. El paisaje era hermoso, una postal tras otra. Yo saqué varias fotos, pero cada vez que sacaba una, significaba el congelamiento momentáneo de mi mano.

Los días de nieve no han significado un cambio en la rutina ya que estamos cerca de la U y no sufrimos del colapso que sufren los automovilistas y quienes dependen del transporte público. A lo más, aumenta la ingesta de chocolate caliente (rico), de café con leche caliente (rico), se sale menos, nos guardamos antes, gastamos más en calefacción. Muchos se han beneficiado con la nieve y el problema del transporte público. Debido al problema con los trenes, mi colega Dave no pudo tomar su tren y pasó el día con sus amigos haciendo guerra de nieve. Mi amiga Sarah y Khal tampoco pudieron llegar a la pega y se dedicaron a reponerse del viaje desde Santiago (Igual choqueante, pasar de 30 grados a -2 de una patada) y se fueron a un pub y se mataron de la risa. Muchos padres pudieron pasar un día con sus hijos (miles de colegios permanecen cerrados) armando monitos de nieve, tomando chocolate caliente y jugando pictionary.

Hasta ahí todo bien y romántico. Pero para muchos ha significado un cacho. Al llegar a la pega todos se quejan de lo que se demoraron en llegar (viajes de 20 minutos se transformaron en viajes de 2 horas), de cómo han sorteado el hecho que los colegios estén cerrados y no tengan con quién dejar a los hijos. Y el cacho de descongelar el auto, lo que me da una razón más para no tener auto.

Para algunos simplemente ha sido una tragedia. Una niña murió al caerse de un trineo, miles de personas están aisladas, un par de personas ya han muerto por caídas y otras por hipotermia. Muchas personas han quedado varadas en la mitad de la carretera sin poder llegar a destino (ni poder volver al inicio). La economía también ha sufrido ya que según el Daily Mail, 6 billones de libras (no me hagan hacer el cálculo, por favor, pero 1 libra son 900 pesos chilenos) se han perdido porque la gente no ha podido llegar a los trabajos y ha disminuido la productividad.
Y los municipios y el estado ha tenido que buscar soluciones de emergencia porque la gente está desesperada: con los colegios que no abren, porque no pasan los camiones recolectores de basura (Igual pasan cada dos semanas, así que un par de días más tarde, creo que da lo mismo), porque tienen que cerrar calles, porque la gente pide gravilla (o algo así, pero que es sal y derrite la nieve) para los caminos, porque tienen que suspender el transporte porque, literalmente, se pone peligrosa la pista. De todas formas, es poco lo que se hace, ya que si pasa cada 18 años, ¿qué tanta inversión van a hacer?

Hemos encontrado muy novedosa la aventura “nievística”. Como dice un chiste de Calvin & Hobbs, la nieve es muy linda… pero desde la ventana. Salir es peligroso. Por un lado las temperaturas y los cambios de temperatura llaman al resfrío. Por otro, la nieve, mezclada con un poco de agua y bajas temperaturas, hacen de las calles una pista de patinaje que llama a sacarse la ñoña. He estado a punto de caerme un par de veces. Daniel también. Y también es incómodo: salir con las botas de goma (las mías son hermosas, eso sí, lo más fashion) y con las botas para la pega en una bolsa, capas y capas de ropa, guantes, bufanda, parka que parece plumón, gorro de lana y los pañuelitos para el romadizo.

Daniel encuentra “rico” que se vengan más días blancos y fríos. Yo, por mi parte, me estoy aburriendo un poco del frío y de todo el cacho que significa salir a la calle. De verdad, es un alivio que no estamos viviendo en Suecia o Canadá donde todo el invierno es así. Somos afortunados, eso sí, de no estar aislados y de estar bien aperados. Tenemos suerte de tenernos el uno al otro ya que, al final del día, no nos queda otra que regalonear y pasar el frío con una sopa calentita, tapados con una colcha, viendo películas y comiendo chocolates. Y así, la compañía tiene que ser perfecta.

Palmer Park
Nuestra calle
La vista desde la cocina

lunes, 2 de febrero de 2009

Las Guaguas Inglesas


Nació mi sobrino Cristóbal (la mayor de las bendiciones para toda la familia en especial para mi hermana Paulina y mi cuñado Pablo) y con él todo un mundo de conocimientos del cuál era totalmente ignorante. En un par de semanas, mientras acompañaba a mi hermana en Santiago antes de dar a luz al bello Cristóbal, aprendí a elegir coche, aprendí de sostenes maternales, de los movimientos de la guagua en el vientre, de la retención de líquido, del ácido fólico, y sé más de pezones que lo que jamás me habría imaginado era necesario saber.
Ahora de vuelta en Reading y Cristóbal creciendo descaradamente en el Cajón del Maipo, la parabólica “guagua” sigue activa y he podido observar diferencias interesantes respecto a las guaguas entre Chile e Inglaterra.

Por ejemplo, en Chile abrigan y abrigan a las guaguas. Incluso en verano. Y si es invierno, ni siquiera sacan a las guaguas a pasear. Y si salen, las sacan con gorrito, y les tapan casi toda la cara para que no le llegue aire helado. Acá, en esta época del año, los días “cálidos” alcanzan temperaturas que llegan a los 9°C. La sensación térmica es de frío, sobre todo cuando corre ese viento característico de esta ciudad. Y nada detiene a los papás de sacar a sus críos a pasear. El otro día mientras paseaba por la calle peatonal del centro me fijaba en los coches y las guaguas iban abrigadas, pero no descaradamente. Ninguna guagua andaba con gorro o con algo que les tapara la cara. Y los babies iban felices con los cachetitos colorados. Esa, creo yo, es una gran diferencia de la cuál debemos aprender. Porque uno ve adultos con esta gélida temperatura de polera por la calle, y ahora me los imagino de guagüitas, bien piluchitos, y pienso que por eso no son friolentos. Es mejor, parece, acostumbrarlos de chiquitos a las distintas temperaturas.
Los coches acá llegan a un nivel de sofisticación y precio que no te dejan indiferente. En Chile hay variedad y unos muy tecnológicos, como el que tiene Cristóbal que vivirá en el campo. Pero acá tienen hasta tapabarros. Tiene sentido, con tanto parque que hay y tanta lluvia, pero es increíble cómo ahora elegir coche puede ser más complicado que elegir auto, sobretodo con esos precios.

Y ahora lo más importante. En mi ingenuidad, le regalé un libro a mi hermana que se llamaba “Life after Birth” (La vida después del nacimiento) y trata de derribar mitos respecto a la maternidad y refleja las necesidades de la mamá contemporánea en esta sociedad. A la Puli le cargó el libro, y me lo hizo saber muy dulcemente. Pero aparentemente los problemas de las mamis del siglo 21 son distintos según la cultura. Pareciera ser que la mamá inglesa sufre mucho más que la mamá chilena al tener un hijo. De alguna forma, pareciera ser que las inglesas se asumen víctimas al tener críos. Y tienen culpa todo el rato. Se sienten culpables de tener que trabajar, de dejarlos al cuidado de alguien, de no tener energías para jugar. Todo en la maternidad parece terrible, angustiante. Pobres mamis. Y ahí uno dice, ¿entonces para qué quieren tener hijos? Eso sucede sobretodo con las mamás más viejas y más acomodadas. Porque tienen una carrera, porque tienen una vida social muy activa, porque quieren lo mejor para sus hijos en un mundo competitivo y todo les produce angustia. Las mamás chilenas aperran, no se cuestionan tanto si quieren tener un hijo o no, es algo bonito parte de la vida. No sé cómo explicarlo. Quizás de esta forma: la mamá chilena no busca un manual para ser mamá, la inglesa sí, busca en internet, compra libros, busca el timing perfecto (si es que eso existe, por cierto), por lo que ser mamá se transforma en algo casi profesional y se rijen por el intelecto y no por la intuición o los sentimientos. Ser mamás, en definitiva, parece una pega que hay que cumplir exitosamente. Y visto así, obvio que estresa. ¿Me equivoco? Ojo que hay de todo, también, aquí y en la quebrá del ají.

Me llamó mucho la atención una mamá que llamó a la radio para quejarse de que su hija de 10 años estaba en Facebook y que lo había sabido por la niñera. Se quejaba de Facebook. Yo quedé plop. La niña tenía un laptop en su pieza (a los diez años) con wifi, una mamá que se entera de lo que hace por la niñera y le echa la culpa a Facebook. Eso es lo que me da rabia. Y eso sí que pasa en todas partes. ¿Dónde estaba ella cuando se metía a Facebook? Si uno va a tener hijos es para criarlos, educarlos, quererlos, no para dejarlos crecer en la pieza de al lado. Acá escucho mucho en la radio sobre papás quejándose de los hijos malcriados que tuvieron. Y es porque están cansados de la pega, cansados de carretear, cansados de comprar. Y la mejor forma que encuentran para criar a sus hijos es sin luchar. Si quieren el playstation, se lo dan, si no quieren comer brócoli, le compran papas fritas; si quieren pelear, que peleen; si quieren la zapatilla Nike shot último modelo aunque el papá esté cesante, se la compran en vez de explicarle al cabro que pasan por tiempos difíciles. Cómo esa mamá que encontraba tan agotador comprar regalos de navidad que les daba 100 libras a sus hijos de 8 y 10 años y los llevaba a las tiendas. Plop!

Lo bueno. Sí, lo bueno. Lo bueno es escuchar en la radio a niños llamando para pedir una canción. Los viernes en la BBC2 a las 6 de la tarde. El locutor les habla a los mocositos y son todos cancheros, todos responden lo que les preguntan, y piden temas buenos, incluso clásicos del rock. En Chile, la experiencia mía en las radios o en la tele, es el niño en shock, sin saber contestar preguntas (y con pésimo gusto musical), con la mamá o la tía diciéndole qué decir. ¿O me equivoco? Y la razón para eso es simple: los papás sientan a los niños en la mesa desde chicos, nada de horarios de grandes, todos juntos hablando de todo, nada de tonos ñuñis-ñuñis, ni tonos agudos para los chicos. Y eso se agradece.

Mis felicitaciones a Cristóbal por su buen ojo para elegir papis. Felicidades Pauli y Pablo. Los quiero mucho.

NOTA: A todo esto, la radio bbc2, se pueden escuchar en línea en www.bbc.co.uk y los programas son Jeremy Vine (de lunes a viernes de 12 a 2 en UK) y el programa de la tarde es de 5 a 7 de lunes a viernes. En inglés, of course.