jueves, 19 de febrero de 2009

Reconsiderando el pollo con ensalada


Dejé de lado la ficción y empecé a leer un libro llamado “Not on the Label” (algo así como “no está incluido en la etiqueta”) de una periodista del diario The Guardian, Felicity Lawrence, sobre cómo llega la comida a nuestros platos.

Pollo


El primer capítulo es sobre el pollo y tengo miedo de comer pollo otra vez. Ahora estoy leyendo el capítulo dos sobre las ensaladas y en realidad no sé si quiero seguir leyendo. Sé que es un comentario irresponsable, pero leer este libro es una buena forma para bajar de peso, porque se te quita el apetito.

Respecto al pollito, el capítulo trata de las condiciones salubres de los pollos, desde el punto de vista higiénico y también de maltrato animal. Ese pollito que comemos todas las semanas, al curry, al horno, alverjado, al wok con verduritas. Ese que no comemos nunca a la plancha porque de verdad que no tiene sabor a nada. Ese con el que hacemos sopa de pollo con lo que queda después que el Daniel lo troza. Ese que uno compra 3 enteros “talla M” (sí, acá hay S, M y L) por $8.500 pesos, lo que, si no me equivoco sale lo mismo que en Chile. Para no dar la lata, en resumen, resulta que:
1. Para desplumarlo tienen que meterlo en agua hirviendo y la temperatura de estas salas es de más de 50°. Esto llama a gritos a la contaminación cruzada. En definitiva: más del 80% de los pollos vienen con alguna u otra infección.
2. Los pollos son engordados de tal forma que en la vida adulta ya no pueden caminar. Para más remate guardan 300 donde solo caben 100. O sea, tampoco caminan porque no tienen espacio.
3. A los pollos les inyectan, entre otras cosas, antibióticos, que después comemos nosotros. Esto conduce a algo TE-RRIBLE: nuestro cuerpo no reacciona a los antibióticos, por lo que al haber infecciones, no hay cura. Eso explicaría, por ejemplo, el aumento de muertes por infecciones intra-hospitalarias.

Y el pollo orgánico, ¿Qué tan orgánico será?

Ensalada

El otro capítulo que he leído es sobre la ensalada: la industria y el cultivo.

La parte de cultivo, uno la ha escuchado varias veces y poco se sorprende uno: que para tener frutas y verduras los 12 meses del año, las tierras han sido archi-cultivadas y van a dejar de dar frutos eventualmente a pesar de todos los fertilizantes y pesticidas existentes. También: es el exceso de pesticida que hace que las frutas estén infectadísimas de sustancias dañinas para el organismo, como el nitrógeno. Not good. Eso igual lo sabíamos, ¿o no?

Algo raro pasa, piensa uno, cuando empieza a encontrar tomates o duraznos en invierno, o cuando las piñas vienen con un dulzor que parecen mandadas a hacer a Ambrosoli, o cuando encontramos sandías de tamaño individual, naranjas fáciles de pelar y sin pepas; o cuando uno ve unas lechugas mini; o cuando el durazno no tiene olor. Igual da cosa. (Pero debo decir, que la piña estaba muy rica y sólo compro de las naranjas que se pelan fácil, porque no tengo uñas y me carga pegarle el mordisco a la cáscara.) El otro día nos pasó algo muy raro: en la feria compramos peras y salieron todas ricas, pero salió una pera que no tenía sabor a nada. A nada. Es como que a esa matita no le llegó la inyección.

Al hablar de ensalada, hablamos de empaquetamiento. Por un lado, algo pasa en este país que todo debe venir en bolsa o en caja. Pocas cosas son a granel (Esto es en el supermercado, no en la feria). Las paltas vienen en paquetes de a dos, el pepino viene envuelto en una especie de preservativo, la opción del flojo incluye bolsas de zanahoria picada y cada vez más comúnmente la ensalada de lechuga viene en bolsa (¡¡¡y con instrucciones!!!). Esto tiene su razón “técnica”: estas bolsas están llenas de oxígeno para que se conserve mejor la fruta o verdura.

Y esto no es lo más terrible. Lo más probable es que la persona que seleccionó y empaquetó los champiñones que compré en oferta, sea una persona explotada. Uno piensa que en las Europas no pasan estas cosas. Que las leyes laborales son a toda prueba, pero no. Parece que hay unos forados gigantes en el sistema legal-laboral que hace que la trata de blancas de la que uno ha oído hablar no sea algo lejano a todos nosotros.

Acá operan los gangmasters, unos contratistas que se dedican a proveer de mano de obra a estas fabricas y campos que a su vez venden a los supermercados. La mano de obra viene de distintos países, sobre todo de Europa del Este con contratos casuales. Al ser miembros de la UE, no necesitan visa de trabajo, pero al ser inmigrantes sin contrato fijo, nadie les va a arrendar casa, ni les va a abrir cuenta de banco. Además no hablan inglés. Cuento corto, dependen de estos contratistas. Ellos les consiguen casa o pieza (y les cobran arriendo descontándolo por planilla), los transportan a las fábricas que quedan en lugares alejados, les pagan menos que el mínimo legal, les descuentan impuestos (a pesar que no pagan las imposiciones tampoco). A veces, a fin de mes, quedan debiendo plata. Las mujeres son acosadas por los jefes. Trabajan varios horarios, día y noche. Son extorsionados, amenazados. No pueden dejar el trabajo porque pierden el techo. Y estos son los que tienen permiso para trabajar, porque también están los ilegales a los que les pueden sacar más el jugo, porque a ellos se les puede extorsionar más. Y los muy perlas se declaran en quiebra cada cierto tiempo no sin antes haberse llevado la plata a otros países. Y estamos hablando de países del primer mundo. O de frentón les roban ya que al no tener cuenta de banco, saben perfectamente que la plata está debajo del colchón. En la comunidad llaman al racismo, porque son los que se llevan los trabajos, son los que inundan los barrios por el hacinamiento. Y más violencia. No es ficción. Tampoco es el pasado. Obviamente, los supermercados se lavan las manos, porque son contratistas y si llega a pasar algo, la culpa es del contratista que hace todo por poder desaparecer del mapa en un-dos-por-tres.

A final de cuentas siento asco y aberración por la explotación, por la economía de “libre mercado” en su degradación máxima. Y me agarro la cabeza y me da plancha. Pienso en todas las veces en que compro un paquete de pimentón o una bolsa de zanahorias y como buena ama de casa, me agrada hacer una compra que ayuda al presupuesto familiar. Ahora mientras más barato, pienso en los trabajadores engañados, con tendinitis crónica de trabajar día y noche. Y el problema sólo parece crecer, entre la competencia entre los supermercados, un país en crisis con gente con menos plata, y un becario y su señora que les encanta cocinar y sobretodo, comer y que siguen comprando.

¿Seguiré leyendo el libro o no? Y ustedes ¿Querrán saber qué se viene?

Noticias relacionadas:
La Página de Felicity Lawrence en The Guardian
http://www.telegraph.co.uk/news/uknews/2669443/Pre-packed-salad-will-lead-to-increased-food-poisoning.html

viernes, 6 de febrero de 2009

Nieve


Acabo de escuchar en las noticias que el frente de mal tiempo, que terminaba por estos días, se estaría alargando para la próxima semana. Daniel lo primero que dice cuando le cuento es: “qué rico”. Yo, trato de pensar en si es “rico” o no.

El Reino Unido enfrenta nevazones no vistas en 18 años. Los lugares más afectados están en el oeste de la isla, en Dover y Gales, porque nunca nieva por allá. El norte está bastante afectado también, pero no es tanta novedad y están más preparados. En Dover, decía la BBC tenían 50 centímetros de nieve.

Acá en Reading nuestra experiencia con la nieve ha sido relativamente placentera. Comenzó a nevar el domingo en la noche (01 de febrero). Ese día en la mañana habíamos salido a caminar por la campiña y alguien comentaba qué lindo se iba a ver cuando estuviera todo blanquito. Yo de verdad no me lo podía imaginar, si incluso había su buena cantidad de sol, pero hacía un frío de los mil demonios. La linda caminata terminó en un pub con chimenea, luego llegamos a la casa había harto sol y unas horas más tarde comenzó a nevar.

Qué lindo es ver nevar. Lo que más me gusta a mí es ver la nieve caer, porque flota, cada copo tiene su vida propia y se mueven para todos lados, demorándose mucho en finalmente caer sobre el suelo. También es lindo volver a la ventana cada cierto rato y ver cómo el paisaje va cambiando a medida que todo se va emblanqueciendo.

El lunes, en el parque y en la U había mucha gente haciendo guerra de nieve, empujándose con trineos (¿De dónde los sacaron?), armando su monito de nieve y sacando la foto para la posteridad. El paisaje era hermoso, una postal tras otra. Yo saqué varias fotos, pero cada vez que sacaba una, significaba el congelamiento momentáneo de mi mano.

Los días de nieve no han significado un cambio en la rutina ya que estamos cerca de la U y no sufrimos del colapso que sufren los automovilistas y quienes dependen del transporte público. A lo más, aumenta la ingesta de chocolate caliente (rico), de café con leche caliente (rico), se sale menos, nos guardamos antes, gastamos más en calefacción. Muchos se han beneficiado con la nieve y el problema del transporte público. Debido al problema con los trenes, mi colega Dave no pudo tomar su tren y pasó el día con sus amigos haciendo guerra de nieve. Mi amiga Sarah y Khal tampoco pudieron llegar a la pega y se dedicaron a reponerse del viaje desde Santiago (Igual choqueante, pasar de 30 grados a -2 de una patada) y se fueron a un pub y se mataron de la risa. Muchos padres pudieron pasar un día con sus hijos (miles de colegios permanecen cerrados) armando monitos de nieve, tomando chocolate caliente y jugando pictionary.

Hasta ahí todo bien y romántico. Pero para muchos ha significado un cacho. Al llegar a la pega todos se quejan de lo que se demoraron en llegar (viajes de 20 minutos se transformaron en viajes de 2 horas), de cómo han sorteado el hecho que los colegios estén cerrados y no tengan con quién dejar a los hijos. Y el cacho de descongelar el auto, lo que me da una razón más para no tener auto.

Para algunos simplemente ha sido una tragedia. Una niña murió al caerse de un trineo, miles de personas están aisladas, un par de personas ya han muerto por caídas y otras por hipotermia. Muchas personas han quedado varadas en la mitad de la carretera sin poder llegar a destino (ni poder volver al inicio). La economía también ha sufrido ya que según el Daily Mail, 6 billones de libras (no me hagan hacer el cálculo, por favor, pero 1 libra son 900 pesos chilenos) se han perdido porque la gente no ha podido llegar a los trabajos y ha disminuido la productividad.
Y los municipios y el estado ha tenido que buscar soluciones de emergencia porque la gente está desesperada: con los colegios que no abren, porque no pasan los camiones recolectores de basura (Igual pasan cada dos semanas, así que un par de días más tarde, creo que da lo mismo), porque tienen que cerrar calles, porque la gente pide gravilla (o algo así, pero que es sal y derrite la nieve) para los caminos, porque tienen que suspender el transporte porque, literalmente, se pone peligrosa la pista. De todas formas, es poco lo que se hace, ya que si pasa cada 18 años, ¿qué tanta inversión van a hacer?

Hemos encontrado muy novedosa la aventura “nievística”. Como dice un chiste de Calvin & Hobbs, la nieve es muy linda… pero desde la ventana. Salir es peligroso. Por un lado las temperaturas y los cambios de temperatura llaman al resfrío. Por otro, la nieve, mezclada con un poco de agua y bajas temperaturas, hacen de las calles una pista de patinaje que llama a sacarse la ñoña. He estado a punto de caerme un par de veces. Daniel también. Y también es incómodo: salir con las botas de goma (las mías son hermosas, eso sí, lo más fashion) y con las botas para la pega en una bolsa, capas y capas de ropa, guantes, bufanda, parka que parece plumón, gorro de lana y los pañuelitos para el romadizo.

Daniel encuentra “rico” que se vengan más días blancos y fríos. Yo, por mi parte, me estoy aburriendo un poco del frío y de todo el cacho que significa salir a la calle. De verdad, es un alivio que no estamos viviendo en Suecia o Canadá donde todo el invierno es así. Somos afortunados, eso sí, de no estar aislados y de estar bien aperados. Tenemos suerte de tenernos el uno al otro ya que, al final del día, no nos queda otra que regalonear y pasar el frío con una sopa calentita, tapados con una colcha, viendo películas y comiendo chocolates. Y así, la compañía tiene que ser perfecta.

Palmer Park
Nuestra calle
La vista desde la cocina

lunes, 2 de febrero de 2009

Las Guaguas Inglesas


Nació mi sobrino Cristóbal (la mayor de las bendiciones para toda la familia en especial para mi hermana Paulina y mi cuñado Pablo) y con él todo un mundo de conocimientos del cuál era totalmente ignorante. En un par de semanas, mientras acompañaba a mi hermana en Santiago antes de dar a luz al bello Cristóbal, aprendí a elegir coche, aprendí de sostenes maternales, de los movimientos de la guagua en el vientre, de la retención de líquido, del ácido fólico, y sé más de pezones que lo que jamás me habría imaginado era necesario saber.
Ahora de vuelta en Reading y Cristóbal creciendo descaradamente en el Cajón del Maipo, la parabólica “guagua” sigue activa y he podido observar diferencias interesantes respecto a las guaguas entre Chile e Inglaterra.

Por ejemplo, en Chile abrigan y abrigan a las guaguas. Incluso en verano. Y si es invierno, ni siquiera sacan a las guaguas a pasear. Y si salen, las sacan con gorrito, y les tapan casi toda la cara para que no le llegue aire helado. Acá, en esta época del año, los días “cálidos” alcanzan temperaturas que llegan a los 9°C. La sensación térmica es de frío, sobre todo cuando corre ese viento característico de esta ciudad. Y nada detiene a los papás de sacar a sus críos a pasear. El otro día mientras paseaba por la calle peatonal del centro me fijaba en los coches y las guaguas iban abrigadas, pero no descaradamente. Ninguna guagua andaba con gorro o con algo que les tapara la cara. Y los babies iban felices con los cachetitos colorados. Esa, creo yo, es una gran diferencia de la cuál debemos aprender. Porque uno ve adultos con esta gélida temperatura de polera por la calle, y ahora me los imagino de guagüitas, bien piluchitos, y pienso que por eso no son friolentos. Es mejor, parece, acostumbrarlos de chiquitos a las distintas temperaturas.
Los coches acá llegan a un nivel de sofisticación y precio que no te dejan indiferente. En Chile hay variedad y unos muy tecnológicos, como el que tiene Cristóbal que vivirá en el campo. Pero acá tienen hasta tapabarros. Tiene sentido, con tanto parque que hay y tanta lluvia, pero es increíble cómo ahora elegir coche puede ser más complicado que elegir auto, sobretodo con esos precios.

Y ahora lo más importante. En mi ingenuidad, le regalé un libro a mi hermana que se llamaba “Life after Birth” (La vida después del nacimiento) y trata de derribar mitos respecto a la maternidad y refleja las necesidades de la mamá contemporánea en esta sociedad. A la Puli le cargó el libro, y me lo hizo saber muy dulcemente. Pero aparentemente los problemas de las mamis del siglo 21 son distintos según la cultura. Pareciera ser que la mamá inglesa sufre mucho más que la mamá chilena al tener un hijo. De alguna forma, pareciera ser que las inglesas se asumen víctimas al tener críos. Y tienen culpa todo el rato. Se sienten culpables de tener que trabajar, de dejarlos al cuidado de alguien, de no tener energías para jugar. Todo en la maternidad parece terrible, angustiante. Pobres mamis. Y ahí uno dice, ¿entonces para qué quieren tener hijos? Eso sucede sobretodo con las mamás más viejas y más acomodadas. Porque tienen una carrera, porque tienen una vida social muy activa, porque quieren lo mejor para sus hijos en un mundo competitivo y todo les produce angustia. Las mamás chilenas aperran, no se cuestionan tanto si quieren tener un hijo o no, es algo bonito parte de la vida. No sé cómo explicarlo. Quizás de esta forma: la mamá chilena no busca un manual para ser mamá, la inglesa sí, busca en internet, compra libros, busca el timing perfecto (si es que eso existe, por cierto), por lo que ser mamá se transforma en algo casi profesional y se rijen por el intelecto y no por la intuición o los sentimientos. Ser mamás, en definitiva, parece una pega que hay que cumplir exitosamente. Y visto así, obvio que estresa. ¿Me equivoco? Ojo que hay de todo, también, aquí y en la quebrá del ají.

Me llamó mucho la atención una mamá que llamó a la radio para quejarse de que su hija de 10 años estaba en Facebook y que lo había sabido por la niñera. Se quejaba de Facebook. Yo quedé plop. La niña tenía un laptop en su pieza (a los diez años) con wifi, una mamá que se entera de lo que hace por la niñera y le echa la culpa a Facebook. Eso es lo que me da rabia. Y eso sí que pasa en todas partes. ¿Dónde estaba ella cuando se metía a Facebook? Si uno va a tener hijos es para criarlos, educarlos, quererlos, no para dejarlos crecer en la pieza de al lado. Acá escucho mucho en la radio sobre papás quejándose de los hijos malcriados que tuvieron. Y es porque están cansados de la pega, cansados de carretear, cansados de comprar. Y la mejor forma que encuentran para criar a sus hijos es sin luchar. Si quieren el playstation, se lo dan, si no quieren comer brócoli, le compran papas fritas; si quieren pelear, que peleen; si quieren la zapatilla Nike shot último modelo aunque el papá esté cesante, se la compran en vez de explicarle al cabro que pasan por tiempos difíciles. Cómo esa mamá que encontraba tan agotador comprar regalos de navidad que les daba 100 libras a sus hijos de 8 y 10 años y los llevaba a las tiendas. Plop!

Lo bueno. Sí, lo bueno. Lo bueno es escuchar en la radio a niños llamando para pedir una canción. Los viernes en la BBC2 a las 6 de la tarde. El locutor les habla a los mocositos y son todos cancheros, todos responden lo que les preguntan, y piden temas buenos, incluso clásicos del rock. En Chile, la experiencia mía en las radios o en la tele, es el niño en shock, sin saber contestar preguntas (y con pésimo gusto musical), con la mamá o la tía diciéndole qué decir. ¿O me equivoco? Y la razón para eso es simple: los papás sientan a los niños en la mesa desde chicos, nada de horarios de grandes, todos juntos hablando de todo, nada de tonos ñuñis-ñuñis, ni tonos agudos para los chicos. Y eso se agradece.

Mis felicitaciones a Cristóbal por su buen ojo para elegir papis. Felicidades Pauli y Pablo. Los quiero mucho.

NOTA: A todo esto, la radio bbc2, se pueden escuchar en línea en www.bbc.co.uk y los programas son Jeremy Vine (de lunes a viernes de 12 a 2 en UK) y el programa de la tarde es de 5 a 7 de lunes a viernes. En inglés, of course.