viernes, 6 de febrero de 2009

Nieve


Acabo de escuchar en las noticias que el frente de mal tiempo, que terminaba por estos días, se estaría alargando para la próxima semana. Daniel lo primero que dice cuando le cuento es: “qué rico”. Yo, trato de pensar en si es “rico” o no.

El Reino Unido enfrenta nevazones no vistas en 18 años. Los lugares más afectados están en el oeste de la isla, en Dover y Gales, porque nunca nieva por allá. El norte está bastante afectado también, pero no es tanta novedad y están más preparados. En Dover, decía la BBC tenían 50 centímetros de nieve.

Acá en Reading nuestra experiencia con la nieve ha sido relativamente placentera. Comenzó a nevar el domingo en la noche (01 de febrero). Ese día en la mañana habíamos salido a caminar por la campiña y alguien comentaba qué lindo se iba a ver cuando estuviera todo blanquito. Yo de verdad no me lo podía imaginar, si incluso había su buena cantidad de sol, pero hacía un frío de los mil demonios. La linda caminata terminó en un pub con chimenea, luego llegamos a la casa había harto sol y unas horas más tarde comenzó a nevar.

Qué lindo es ver nevar. Lo que más me gusta a mí es ver la nieve caer, porque flota, cada copo tiene su vida propia y se mueven para todos lados, demorándose mucho en finalmente caer sobre el suelo. También es lindo volver a la ventana cada cierto rato y ver cómo el paisaje va cambiando a medida que todo se va emblanqueciendo.

El lunes, en el parque y en la U había mucha gente haciendo guerra de nieve, empujándose con trineos (¿De dónde los sacaron?), armando su monito de nieve y sacando la foto para la posteridad. El paisaje era hermoso, una postal tras otra. Yo saqué varias fotos, pero cada vez que sacaba una, significaba el congelamiento momentáneo de mi mano.

Los días de nieve no han significado un cambio en la rutina ya que estamos cerca de la U y no sufrimos del colapso que sufren los automovilistas y quienes dependen del transporte público. A lo más, aumenta la ingesta de chocolate caliente (rico), de café con leche caliente (rico), se sale menos, nos guardamos antes, gastamos más en calefacción. Muchos se han beneficiado con la nieve y el problema del transporte público. Debido al problema con los trenes, mi colega Dave no pudo tomar su tren y pasó el día con sus amigos haciendo guerra de nieve. Mi amiga Sarah y Khal tampoco pudieron llegar a la pega y se dedicaron a reponerse del viaje desde Santiago (Igual choqueante, pasar de 30 grados a -2 de una patada) y se fueron a un pub y se mataron de la risa. Muchos padres pudieron pasar un día con sus hijos (miles de colegios permanecen cerrados) armando monitos de nieve, tomando chocolate caliente y jugando pictionary.

Hasta ahí todo bien y romántico. Pero para muchos ha significado un cacho. Al llegar a la pega todos se quejan de lo que se demoraron en llegar (viajes de 20 minutos se transformaron en viajes de 2 horas), de cómo han sorteado el hecho que los colegios estén cerrados y no tengan con quién dejar a los hijos. Y el cacho de descongelar el auto, lo que me da una razón más para no tener auto.

Para algunos simplemente ha sido una tragedia. Una niña murió al caerse de un trineo, miles de personas están aisladas, un par de personas ya han muerto por caídas y otras por hipotermia. Muchas personas han quedado varadas en la mitad de la carretera sin poder llegar a destino (ni poder volver al inicio). La economía también ha sufrido ya que según el Daily Mail, 6 billones de libras (no me hagan hacer el cálculo, por favor, pero 1 libra son 900 pesos chilenos) se han perdido porque la gente no ha podido llegar a los trabajos y ha disminuido la productividad.
Y los municipios y el estado ha tenido que buscar soluciones de emergencia porque la gente está desesperada: con los colegios que no abren, porque no pasan los camiones recolectores de basura (Igual pasan cada dos semanas, así que un par de días más tarde, creo que da lo mismo), porque tienen que cerrar calles, porque la gente pide gravilla (o algo así, pero que es sal y derrite la nieve) para los caminos, porque tienen que suspender el transporte porque, literalmente, se pone peligrosa la pista. De todas formas, es poco lo que se hace, ya que si pasa cada 18 años, ¿qué tanta inversión van a hacer?

Hemos encontrado muy novedosa la aventura “nievística”. Como dice un chiste de Calvin & Hobbs, la nieve es muy linda… pero desde la ventana. Salir es peligroso. Por un lado las temperaturas y los cambios de temperatura llaman al resfrío. Por otro, la nieve, mezclada con un poco de agua y bajas temperaturas, hacen de las calles una pista de patinaje que llama a sacarse la ñoña. He estado a punto de caerme un par de veces. Daniel también. Y también es incómodo: salir con las botas de goma (las mías son hermosas, eso sí, lo más fashion) y con las botas para la pega en una bolsa, capas y capas de ropa, guantes, bufanda, parka que parece plumón, gorro de lana y los pañuelitos para el romadizo.

Daniel encuentra “rico” que se vengan más días blancos y fríos. Yo, por mi parte, me estoy aburriendo un poco del frío y de todo el cacho que significa salir a la calle. De verdad, es un alivio que no estamos viviendo en Suecia o Canadá donde todo el invierno es así. Somos afortunados, eso sí, de no estar aislados y de estar bien aperados. Tenemos suerte de tenernos el uno al otro ya que, al final del día, no nos queda otra que regalonear y pasar el frío con una sopa calentita, tapados con una colcha, viendo películas y comiendo chocolates. Y así, la compañía tiene que ser perfecta.

Palmer Park
Nuestra calle
La vista desde la cocina

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