jueves, 12 de noviembre de 2009

Dos chungungos saludan a un pirigüín


Vivir se ha estado convirtiendo cada vez más en una pega más del día acá en Reading. El futuro se ha reducido en términos prácticos a tener claro qué vamos a hacer en las siguientes dos horas. Leer, trabajar, conversar, juntarse con gente, tener reuniones, preparar nuestras propias delicias caseras, llenarnos los ojos de películas y las orejas de música, escuchar las voces telefónicas de todos los que queremos y empezando a extrañar su sonido en vivo y en directo. El resto son planes y calendarios en que ocupamos para entretenernos en el aquí y el ahora.


Quizás por eso mismo, porque el pasado se nos hace cada vez menos real y el futuro es una incógnita con la que jugamos cada vez menos a descifrar, tener un proyecto de guagua se nos ha hecho tan natural. Quizás sea también porque estamos tranquilos, nos sentimos seguros de nosotros mismos y creemos que podemos hacer bien la pega. Pero eso explica solamente el que no estemos ansiosos ni obsesionados con este pirigüín, no explica la decisión misma.


Mal que mal, ¿qué puede tener de bueno echar hijos al mundo? Un mundo que tiene mucho de feo, injusto y que, agreguémosle, le queda harto poco de vida geológica así como van las cosas. Sobre motivos para echar críos al mundo hemos escuchado y visto muchos. Desde la decisión robótica de procrear porque es lo que Dios manda o es parte de la naturaleza maternal de toda mujer, hasta el mero egoísmo de tener alguien que se quede con todas nuestras cosas, para asegurarse de que nadie más se quede con ellas. Con las cosas. Desde el deseo de satisfacer las fantasías infantiles con una muñeca real hasta la mera necesidad de no sentirse solo y asegurarse algo de compañía por algunos años, amén de la siempre sana sensación de que uno es importante para alguien más. Darle una alegría a las familias, qué se yo, muchas más. Todas mezcladas, en la mayoría de los casos.


Nosotros lo decidimos una tarde de conversación en la cocina después de varias copas de vino aguachento y cigarros. La Gabi tanteando terreno bajo el convencimiento de que una guagua era lo último que yo quería. Y bueno, por mucho tiempo lo fue. Pero la mayor parte de ese tiempo pensaba un número substancialmente superior de idioteces que las que pienso ahora. Y se equivocaba ahora ella, tal como me equivocaba yo antes. Y donde a mí me parecía un a tontera considerar la idea, a ella le parecía más bien abrumadora como decisión de vida. (Y claro, decir que era una tontera, me servía para no decir que la idea me abrumaba también).


Tener hijos es bueno cuando se les puede criar, cuando se decide tenerlos, cuando uno se siente seguro de que puede enfrentar la responsabilidad. Tener hijos es bueno en un mundo donde se necesita tanto trabajo para mejorar la vida propia y la de los demás. Tener hijos es bueno cuando uno siente que el cariño y la bondad te alcanzan para más personas y te quieres asegurar de incrementarlos en ti mismo y perpetuarlo hacia el futuro. Cualesquiera sean las posibilidades de salvación para la humanidad, requerirá lo que requieren todas las especies para sobrevivir: reproducirse. El mundo se viene acabando desde que la humanidad existe y todas las culturas tienen un historial eterno de apocalipsis nunca realizados. Que el mundo sea feo e injusto puede ser motivo para no meter más carne a la máquina, es cierto, pero también para intentar reproducir personas hermosas y justas, que es la única posibilidad de solucionar nuestros embrollos o de hacer menos dramático el final de los finales para los demás.


Tener hijos es bueno cuando se quiere tenerlos para continuar una patriada de amor. Esa patriada que comienza con la mera decisión de envejecer con una sola persona y hacerte parte de una familia nueva y termina con la decisión de no acabar con eso, de extender esta repartija indiscriminada de cariño. Que se trata, por lo tanto, de agregar felicidad a tu vida y a la de otros.


Y esta felicidad, finalmente, descansa sobre la base de un misterio. Porque, seamos francos, querer tener hijos es una tontera del porte de un buque no porque sea malo echar más gente a un mundo o por la posibilidad siempre presente de hacerlo todo malo y agregarle otra familia fracturada y gente dañada al planeta. Es una tontera porque simplemente no resulta sensato querer algo que no se entiende ni se conoce más que de manera superficial e indirecta, con suerte como testigo presencial. Querer hijos es querer responsabilidades que no entendemos, experiencias que no comprendemos, momentos que no esperamos, alegrías que no nos imaginamos y dolores que no sabremos si podremos soportar. Es decidir vivir en la máxima de las incertidumbres por el resto de tu vida.


Y por algún motivo misterioso, decide uno querer esa incertidumbre. Como si hubiésemos nacido exploradores, abrazamos el ansia y el misterio y lo construimos como una aventura. Porque uno sabe que es bueno. Bueno para uno, bueno para los que quieres y bueno para el mundo. Y hasta ahí llegan las explicaciones.


El resto es solo saber que, finalmente, no puede ser malo sentir lo que sentimos cuando, en blanco y negro, y esquivando la cámara con todas sus ganas, vimos a nuestro pirigüín, pateando como caballo de campo y revolcándose como cuncuna para volver a su posición favorita. Y eso fue felicidad, claro. Pero algo más. Algo que hace que se te apriete el estómago, se te corte el aliento y fijes la mirada cada vez que vez ésta, su primera foto. Nuestra primera foto.


Y ese es el misterio. Porque, con poco más de seis centímetros, ya estás aquí, con nosotros, con nuestros amigos que leen el blog de tus papás. Con el mundo.


Y ya eres amor nuevo.








Running

Nuestra primera medalla
Trato de acordarme cuando comenzamos a correr y cuando empezamos a tomarlo en serio. Debe haber empezado casi apenas llegamos a UK. Ver los parques enormes tan cerca de la casa o en la universidad hace que te piquen los pies aunque nunca hayas corrido en tu vida. Quizás Palmer Park, el parque que tenemos a pasos de la casa fue el primer motivador. Otro motivador para mí fue que por mis malestares lumbares los doctores y kinesiólogos me dijeron que nunca podría correr como deporte en mi vida. Nice. Pero me convencí que no tenía nada en la espalda y comencé a correr, sin dolencias, sólo aquellas que vienen con correr.

La primera vez que corrí fueron 5 minutos en el parque, luego 10 que era una vuelta entera de 1.7 kms. Un año después corríamos hasta 90 minutos que son como 13 kilómetros. Cuando corrí 5 minutos en el parque sentí que era lo máximo, y leo, ahora, que lo máximo que he corrido son 90 minutos y pienso que es poco. En fin, poco a poco corriendo más tiempo y más rápido y cada vez con más certeza de que mucho más es posible. Que una maratón, por ejemplo, no es una idea tan lejana.

Correr, en el parque o en la trotadora, es una actividad totalmente zen. Quedas con la mente en blanco y solo escuchas tu respiración o concentrarte en el ritmo y las canciones de tu playlist. También ayuda a reflexionar y en mi caso, planificar y hacer listas. Cuando terminas de correr te sientes feliz, tranquilo de haber logrado algo y el cansancio es solo temporal. De alguna forma, correr te da muchas energías de las que gastas. Al principio reconozco que me aburría bastante después de un rato corriendo porque se me acababan las cosas para pensar y se hacía tedioso. A veces pasa, pero luego uno simplemente entra en trance. Es una actividad contemplativa hacia adentro y hacia afuera (sobre todo si sales a correr outdoors).

Y obviamente tiene sus ventajas físicas. Te da energía, como ya dije, te fortalece varias partes del cuerpo y rápidamente te vez más apretado/a y “fit” y la celulitis desaparece. Para los amantes de la buena vida como nosotros tiene la gran ventaja de que puedes comer más y no preocuparte de las calorías.

London 10K

Empezamos a entrenar propiamente tal cuando nuestra amiga Lynda que corre desde hace años, nos invitó a correr los 10K de Londres en julio pasado. Ahí 10K sonaba a algo imposible. Lynda nos mandó un programa de entrenamiento y lo cumplimos al pie de la letra con algunas excepciones. Fueron 10 semanas de preparación, con entrenamiento 4 veces por semana. A veces incluso lo tuvimos que entrenar post carrete (y demostró que sí es posible). Donde más guateamos fue al final porque nos dimos cuenta que estábamos más que listos y ya en la semana 5 de entrenamiento estábamos corriendo 13 kms.
Con Lynda, quizás la culpable de todo esto

El día de la carrera fue bastante anecdótico. Yo llevé hasta cámara porque según yo era una actividad muy turística porque uno pasaba por las máximas atracciones Londinenses. El problema de una carrera con tantas personas es que hay mucho riesgo de que la organización falle y eso fue lo que pasó. Llegar al lugar y dejar nuestras cosas fue fácil. Nos llegó por correo toda la información y una polerita unas semanas antes, incluyendo el chip para tomarte el tiempo. Pero de ahí todo mal, una despertada a las 6 de la mañana, una cola para el baño (imposible no ir al baño si uno se está hidratando) de media hora, un baño en un estado deplorable (no details), luego una cola de 40 minutos para empezar la carrera. Con decir que el ganador llegó a la meta antes que nosotros siquiera empezáramos a correr, aún en la cola de partida. Luego durante la carrera unas personas se quejaron que se había acabado el agua.

La abultada partida (más arriba) y llegando al Big Ben

Pero yo disfruté mucho cada momento (menos mis 2 minutos dentro del baño químico), estaba extasiada de la experiencia y sentía que era un gran logro aún antes de la carrera. Luego en la carrera misma, disfrutaba el paisaje, mirar a la gente saludar, mirar a la gente que corre por una causa y a veces usa disfraces. Incluso me emocioné un par de veces al percatarme que había gente trotando en honor a una guagüita que murió chiquitita o en honor al papá que murió de cáncer. Y al fin llegar a la meta (en segundos menos que 1 hora).
La meta

Pero Daniel no le encontró ningún brillo. Y no creo que vuelva a correr en carrera. Yo creo que lo volveré a hacer y quizás en algún momento haga una media maratón. No creo que una entera, porque no le encuentro mucho brillo, pero una media maratón suena a un desafío decente, pero con 10 kms me siento muy cómoda.

El “Gear”
Correr es una mezcla entre ejercicio y hobby. Y si uno quiere aprender más, la información disponible es extensa. Descubrimos una revista que se llama Runner’s World y son 100 páginas mensuales sólo respecto a correr. Ejercicios de calentamiento, elongación, entrevistas a corredores anónimos y otros no tanto, ideas para motivarse, reportajes sobre equipamiento (zapatillas, anteojos, qué se yo) y carreras, ideas para cocinar, información para bajar de peso, tonificar y un listado de TODAS las carreras que hay en el mes (y son páginas). ¡¡¡Uf!!! Es una revista que uno se demora un mes en leer, justo cuando sale la otra. Y hay mucha, mucha más información en la web.

Y así uno aprende a elegir zapatillas, a entrenar más eficientemente, controlar tu ritmo cardíaco y descubres productos que se empiezan a hacer necesarios, como un reloj para entrenar o poleras que absorben la transpiración.

Con tanta información, uno se entera de tiendas especializadas que te hacen trotar para ver como corres y eligen zapatillas a tu medida. Y hasta el más mínimo detalle de tu equipamiento tiene su razón de ser, por ejemplo, no cualquier calcetín te sirve para correr.

Yo he invertido en zapatillas y en poleras y pantalones absorbentes con bolsillos. Daniel se ha comprado un reloj para entrenar que le mide las pulsaciones, la distancia, la velocidad, el gasto calórico, etc. Yo he invertido en amazon.co.uk comprando música para mi playlist, que es fundamental.

Mis Top 5
Según yo, esto debe estar en mi playlist:

1. Rock and Roll High School – Ramones
2. Pump it – Plack Eyed Peas
3. Mr Brightside – The Killers
4. Grip Like a Vice – The Go! Team
5. Never Miss a Beat - Kaiser Chiefs

Correr es una actividad muy individual y cada corredor la vive y la aprovecha de manera distinta. Así que esta notiita al pie es sólo para que sepan que esta es mi experiencia y la de Daniel puede ser distinta, partiendo por el playlist.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Actualización (no tan) rápida - Parte 02

...Continuación de Parte 01

Viajes y Visitas

El “compromise” de estos trabajos intensivos es que una vez que se acaban viajo, viajamos, y dos viajes que se nos fue reportar en este blog fueron los viajes a Estambul y a Creta. A Estambul fuimos con mi suegro que nos visitó en Junio/Julio. Fue un día que le propuse a Daniel (“por qué no vamos con tu papá a algún lado”) y al otro que teníamos pasaje y hotel Liz Taylor para viajar una semana más tarde. Dos criterios para mí para viajar son clima y comida y Estambul ofrecía calorcillo y mucha comida asada que me fascina. Además estaba cerca y sonaba lo suficientemente exótico como para imaginarme que iba a un lugar muy lejano y poco europeo. Así que ahí partimos.
Estambul - calle comercial

En tres horas estábamos en un lugar que, según yo, era igual a Santiago. El calor seco, por un lado, las tiendas de ropa tipo patronato por otro, harto ruido a micro y a auto, las ensaladas aliñadas y arroz con un sabor a chileno y caras muy chilenas. Ese señor tiene cara de González, esa señora tiene cara de Núñez, y así. Comer allá fue una delicia, sobre todo las carnes a las brasas (claro que a la vuelta de la esquina tenemos nuestro propio Istanbul Grill que es esquicito). Nos quedamos en un hotel con piscina con vista a las mezquitas (o sea, donde estés la vista será a las mezquitas porque están everywhere y yo la lesa usándolas como punto de referencia para no perdernos) y aprovechamos de refrescarnos, caminamos en cantidades, comimos en cantidades y mi suegro filmó en cantidades, dimos vueltas por el Gran Bazar, las mezquitas, los parques. La única nota baja fue que pagamos una fortuna por un show de odaliscas con comida que al final era bien “sharsha”, porque la música era con un órgano de piano bar muy chulo, las odaliscas eran pocas y ni tan bonitas y la comida era bastante estándar (o sea, para qué hablar del vino, ninguno de nosotros quiere volver a recordar eso).
Estambul - Gran Bazar

Con mi suegro también paseamos por UK. Pobrecito quedó agotado y eso que yo soy de tiro corto. Daniel tenía que ir a Coventry (la calle Coventry en Ñuñoa es mucho más linda) a una conferencia y nosotros aprovechamos de pasear y escapar de Coventry. Por un lado, pueblo feo y flaite, segundo porque cerca habían lugares lindos, lindos y con ola de calor (sí, como 35 grados, parece un sueño ahora) había que pasear y escapar del cemento. Fuimos al castillo de Warwick y a Stratford-upon-Avon (con Daniel esa vez). Post-conferencia Daniel nos llevaba a comer. Al final, lo mejor de Coventry era que tenía un IKEA (Es como un Homecenter pero design top y barato) y una calle medieval llena de restaurantes muy monos y pubs choros.
Suegro Real: en castillo de Warwick

Después de la visita de mi suegro, tuvimos meses de tranquilidad hasta que en Septiembre llegó mi hermana “chica” Daniela que es un huracán mientras está despierta (que son como 8 horas al día). Con ella fuimos a Creta, encontrando una promo de hotel all-inclusive de 4 estrellas a la orilla del mar y ahí partimos. Mucha gente arruga la nariz con este tipo de resorts, como que uno debería ir a lugares más autóctonos, no tan hecho para turistas y que hay que recorrer y estar encerrados en hotel es una pérdida de plata. Y lo otro es que dicen que son paquetes para gente vieja o familias. Entiendo lo apestoso que puede ser en pleno agosto cuando está lleno de niños en edad escolar gritando y no dejándote nadar en la piscina, pero ya a fines de septiembre son familias con guaguas (que son entretenidas de mirar en la piscina porque están descubriendo cosas todo el rato) o adultos mayores. El único problema de los adultos mayores es cuando a las señoras guatonas se les ocurre tomar sol en topless frente a ti y harías cualquier cosa para que te cambien la vista. Y, claro, mucho eye-candy no hay ni para hombres ni para mujeres.

Defiendo 100% el estilo de vida resort. Quizás envejezco rápido pero una pieza con vista al mar, comida por montones de buena calidad, una buena piscina y un rico mar (con buena compañía, por supuesto) es todo lo que pediré de ahora en adelante. Tuvimos nuestro brochazo cultural cuando fuimos al Palacio de Knossos, donde la leyenda cuenta que estaba encerrado el Minotauro y que es el emplazamiento arqueológico más importante de la cultura minoica. Y el hotel estaba cerca del pueblo de Rethymnon, que visitamos y disfrutamos un par de veces con arquitectura veneciana y turca, calles angostas, panes con forma de rosas, helados ricos y muchas artesanías. Pero nada como volver a nuestro hotel y participar con los abuelitos en las clases de aquagym y ocupar el gym que nadie, aparte de yo y Daniel, usó mientras nosotros estuvimos ahí, bañarnos en el mar (con capeo de olas incluido), comernos una crepe a la orilla de la piscina y probar las delicias del buffet. Para terminar el recuento nuevamente con una nota negra: el aeropuerto era enano y era un caos, así que después de una semana guata al sol, máximo relax, el rico estrés de aeropuerto.En Heraklion, nuestro día cultural

En el agua, donde pasamos la mayor parte del tiempo

A todo esto, una de las excusas para estas vacaciones y la visita de mi hermana era mi cumpleaños número 30. ¡El famoso cambio de folio! Lo más lindo estar con mi hermana para ese día (claro, con alguien más joven y con más energía que me recuerde que ya no estoy tan joven) y hacer puras cosas entretenidas como ir a pasear por Londres, a comer comida italiana, tomar champaña y comer torta de chocolate con chocolate e ir a un show como Chicago. Qué lindo día.

Y así se nos acaba el año. Ahora tenemos que planificar el cambio de casa y la ida a Chile, Daniel tiene que trabajar harto en su PhD y también tiene harto que hacer para asegurarse que está “on top of things”. Yo estoy trabajando cada vez menos, dedicándome a ser una buena dueña de casa y mantener el cuerpo saludable. Hay una larga lista de cosas por hacer entre buscar casa y embalar y ver donde cresta guardamos nuestras cosas por mientras. Ahora se oscurece temprano y empieza a hacer frío, mientras en Chilito es todo lo contrario. Ahora la rutina sin visitas ni viajes consiste en comer temprano y ver películas, ir al cine o en la casa. De vez en cuando salir a comer, solos o con amigos, cocinar rico. Y ya a las 9 nos queremos ir a acostar, sólo invernar, que pase el tiempo pronto para partir a casa, “home” a celebrar las fiestas con la familia.

Actualización (no tan) rápida - Parte 01

Jugando de Local

Bien flojos hemos estado en relación al blog. En realidad bien flojos con el blog no quiere decir que flojos en general sino que muy ocupados en muchos otros aspectos. Es lógico que mientras más tiempo uno lleva viviendo en un país foráneo uno se acomoda más y más hasta que uno se siente totalmente instalado. Como si siempre hubiésemos vivido acá. Mi mamá, debido a mi desconexión cada vez más frecuente, me decía que le daba miedo que nos acostumbráramos mucho porque después no íbamos a querer volver.

Pero una cosa es sentirse instalado, cómodo, jugando de local, otra cosa es sentir que esta es tu casa. Esto no es “home”. Bueno, Daniel es “home”, es mi familia y mi mejor amigo en este hemisferio y siento que estamos “home” cuando dormimos siesta el fin de semana o cuando nos quedamos conversando hasta tarde o cuando somos anfitriones y tenemos amigos invitados a comer y preparamos la jornada (ahí “home” se acaba cuando llegan los invitados y hay que hablar en inglés). Quizás, fuera de eso, lo que he sentido más “home” son los fines de semana con mi amiga Sarah. Pasar domingos viendo tele o películas comiendo algo rico y almorzando, ojalá, a las dos de la tarde como le gusta a ella. Y Daniel se va conmigo de vuelta. Sarah es Chilena pero de acá. Lo único que me partirá el alma cuando tenga que volver definitivamente será no tener a Sarah tan cerca y es lo único, de verdad, que a veces me hace querer quedarme acá más tiempo. La leche fresca, la salud gratis, buses y trenes a la hora, la facilidad de viajar por Europa, amazon.co.uk, los libros baratos y accesibles y hasta leyes laborales dignas son cosas de las que puedo prescindir, pero no de mi amiga Sarah.
Home

Y bueno, también a medida que uno se asienta empieza a conocer gente y a hacer amigos. También la vida en Reading nos tiene con una activa vida social, sobre todo en verano en que todos parecieran tener más energías ( Y con razón, ya en octubre todos nos queremos ir a la cama a las 8 de la tarde). Así que celebrando cumpleaños o aprovechando promociones de restaurantes para organizar algo o simplemente con ganas de hacer algo nos juntamos o con Emma, o con Lynda o con Jane o con Joan a tomar café o a comer. Con nuestra queridísima amiga Emma, que es muy inglesa pero le encanta todo lo japonés nos juntamos a hacer sushi o a tomar café y soñamos en hacer un curso de barista para preparar nuestros propios capuchinos y hacer figuras con la espuma de la leche. A Emmita la extrañaré mucho, pero sé que me tendrá que visitar en Chile aunque sufra de shock cultural.

Con Emma celebrando su cumpleaños en restaurant latino

Y se nos empieza a acabar otro año, otro año que voló. Comenzó la primavera, el verano y ahora el otoño, y casi nada documentado en el blog. Así que la actualización a continuación.
En términos de trabajo, yo al igual que el año pasado trabajé en el verano organizando actividades sociales para los alumnos extranjeros, un baño de distintas culturas y un baño cultural para mí también visitando distintos lugares en el RU con mis alumnos. Este año, a diferencia del año pasado trabajé más meses, más horas, con más alumnos, con más responsabilidades y por la misma plata. Yo puedo ser muy lesa para negociar, es verdad y me arrepiento mucho. En definitiva, el verano se sintió largo y agotador, cansada de tener que sentirme animadora de team Cristal (bien tapadita, eso sí) cuando en realidad quería quedarme en mi casa leyendo un libro o viendo tele. Nada en contra de los alumnos (la mayoría era bien nice) pero ahora entiendo por qué a las chicas del team les pagan tan bien (no sólo por la facha). Tuve que jugar bádminton, básquetbol, bailar salsa, ir a ver un partido de fútbol fome, meter conversa, tratar que los tímidos hicieran amigos, retar a los que llegaban tarde al bus al final de los viajes. Not fun a pesar que mientras hacía la pega no era tan terrible.
Con alumna en paseo a Basildon Park

Y Daniel también trabaja harto, en lo suyo eso sí, en su PhD. Ahora el perla tiene una oficina en la U. Así que trabaja en la casa o en la Universidad, a veces nos vamos juntos a la pega y es tan romántico. Incluso a veces nos podemos juntar a almorzar. Más romántico aún. Y tiene mucho que hacer, es increíble que un PhD sí tiene demasiada lectura pero mucho trabajo administrativo también. Así que avanza, lento pero seguro, porque es muy meticuloso y perfeccionista.

Continúe leyendo la parte 02 sobre Viajes y Visitas

Historias de un callejón


Algo huele mal

A ver, cómo explicarlo. Nuestro departamentito de un dormitorio da, por el dormitorio y la cocina, a una especie de callejón. En términos técnicos es la parte trasera de un edificio pequeño donde están los estacionamientos. En el primer piso del edificio hay unas tiendas, un charity y una tienda de vidrios que es de nuestro landlord y en la parte trasera –la que vemos- están los basureros y estacionamiento de clientes.

El edificio es pequeño. Tiene sólo 6 departamentos. Desde la cocina veo todo. Me he convertido en la vieja sapa sin quererlo. Sé quiénes reciclan bien y quiénes no. Los veo entrar con sus take-aways y bolsas de supermercado, por lo que sé hasta qué es lo que comen. El hombre que vivía en el departamento que se desocupó estaba chiflado. Los últimos días que lo vimos, cuando salía de su departamento cerca de la hora de almuerzo (y yo, obviamente, estaba en la cocina), llevaba puesto un polerón que decía “you’re being filmed” (Está siendo filmado) y miraba al cielo, en todas las direcciones mostrando sus dedos medios, como garabato.
Y eso no es todo. Uno de los vecinos de ese edificio, un cabro negro joven, una vez se mandó la media güitreada a la salida de nuestra casa, a primerísima hora en la mañana. Yo me despertaba para ir a mi curso y en vez de despertarme con los pajaritos, me desperté con el ruido de la arcada y la subsecuente eliminación de lo que sea que le haya caído mal. Se me quitó el apetito y mientras me duchaba y quedaba lista para salir, me preparaba para la sorpresa de lo que iba a encontrar al salir. Daniel, muy tierno, se limitó a comentar “ojalá que llueva pronto”. Y en este país eso no es problema. El vómito se limpió rápido.

En este país, vomitar en la calle, es como mear en la calle en Chile. Así de común. Si uno pasa por un muro en Santiago centro huele a pipí, acá muchos rincones huelen a vómito.

Desafortunadamente nuestra calle no se escapa. Claramente se pueden observar los vómitos y si uno es despistado, los puede pisar. Por supuesto que esto no tiene que ver con ingleses delicados de estómago, sino que con ingleses buenísimos para tomar, que no saben o simplemente ignoran sus límites y que viven permanentemente con caña y no tienen ningún problema en admitirlo. El vómito está institucionalizado. Nunca había visto y escuchado tanto vómito en mi vida.

Y si de hablar de olores se trata, uno de los problemas de vivir en un callejón es que a veces pasa el camión de basura pero no se le ocurre entrar o pero que entran y no se la llevan porque a algún vecino consciente de su propia comunidad mete cosas al basurero que no están permitidas. Y ahí pueden pasar días en que la basura se acumula y se acumula y sobre todo en verano, no huele bien.

Malos hábitos

El callejón llama a proteger a la gente de malos hábitos. Es un lugar oscuro y escondido, por lo tanto que mejor que transformarlo en un lugar de vicios.

Hasta el momento no hemos visto ninguna escena de sexo, pero sí de lo siguiente:

1. Una niña musulmana de unos veintitantos años, tapada y todo se metió al callejón a fumarse un cigarro. Me pregunto que le dirá a su familia si le pillan los cigarros.

2. Un joven guatón, bien guatón, se escondió para pegarse un atracón de hamburguesas y papas fritas. Probablemente habría estado más cómo comiendo en el boliche donde compró su comida, pero parece que tenía “issues”, considerando el ímpetu con que se comía la comida.

3. Un maestro que estaba haciendo unos arreglos en una casa del frente, tenía un pito de marihuana o crack y lo escondía debajo de un basurero en nuestro “callejón”. Venía un par de veces al día, le daba un par de piteadas, lo dejaba debajo del basurero y de vuelta al trabajo. La última vez que lo vi, y no es chiste, lo pasó a buscar una ambulancia.

4. Anteayer un hombre negro se metió el callejoncito y se pegó unos jales.

5. Una carabinera inglesa se metió a fumar al callejón. Supongo que debe estar prohibido a ellos fumar con uniforme. Me vio casi al prender el cigarro y le pegó un par de piteadas y se fue.

6. Lo más, más freak, que casi me llevó a llamar a la policía. Mientras preparaba comida al atardecer, una señora entró y quedó parada en uno de los estacionamientos. Esta señora hacía como que hablaba con alguien, se tambaleaba y parecía que se iba a quedar dormida. Y estuvo ahí, de pie, por al menos una hora. Después volví a mirar y ya no estaba ahí. Quizás en qué dimensión estaba, pero de eso yo no quiero probar.

7. Y no pocas veces llegan grupitos de cabros y fuman pitos, cigarros o toman.

Y esto es sólo considerando las veces que sí estoy mirando.
Pero debo aclarar que esto no pasa solamente en los callejones. Mi amiga Sarah me pidió el otro día acompañarla a dejar la basura a la puerta de su casa (y eso es todo: abres la puerta, está la vereda y en el borde dejas tu bolsa) y un loco se me acercó y me empezó a conversar cosas que no le podía entender. Quizás en qué dimensión estaba, pero de eso no quiero probar.

Last but not Least


Y lejos lo más bizarro que esta vieja metida presenció fue cuando empecé a ver que una de las vecinas del edificio sacaba y llenaba los basureros. Al otro día no solo los basureros estaban llenos sino que hasta los estacionamientos mismos, llenos de basura y maletas. El cuento corto es que la niña China que vivía ahí estaba ilegal y la pillaron y se escapó. Mucha gente no resistió la tentación y abrió las maletas y las bolsas de basura para ganar con lo que se pudiera, lo que significó que todo quedó ahí tirado, nada de bolsas de basura. Finalmente tuvimos que llamar a la municipalidad para que vieniera a recoger los escombros, yo pasé una mañana recogiendo con una vecina las cosas y poniéndolas en bolsas de basura, que fué wácala, wácala. Lo único bueno es que yo gané con una cartera nueva y Daniel con una maleta.

Y eso es en el primer mundo.