jueves, 12 de noviembre de 2009

Dos chungungos saludan a un pirigüín


Vivir se ha estado convirtiendo cada vez más en una pega más del día acá en Reading. El futuro se ha reducido en términos prácticos a tener claro qué vamos a hacer en las siguientes dos horas. Leer, trabajar, conversar, juntarse con gente, tener reuniones, preparar nuestras propias delicias caseras, llenarnos los ojos de películas y las orejas de música, escuchar las voces telefónicas de todos los que queremos y empezando a extrañar su sonido en vivo y en directo. El resto son planes y calendarios en que ocupamos para entretenernos en el aquí y el ahora.


Quizás por eso mismo, porque el pasado se nos hace cada vez menos real y el futuro es una incógnita con la que jugamos cada vez menos a descifrar, tener un proyecto de guagua se nos ha hecho tan natural. Quizás sea también porque estamos tranquilos, nos sentimos seguros de nosotros mismos y creemos que podemos hacer bien la pega. Pero eso explica solamente el que no estemos ansiosos ni obsesionados con este pirigüín, no explica la decisión misma.


Mal que mal, ¿qué puede tener de bueno echar hijos al mundo? Un mundo que tiene mucho de feo, injusto y que, agreguémosle, le queda harto poco de vida geológica así como van las cosas. Sobre motivos para echar críos al mundo hemos escuchado y visto muchos. Desde la decisión robótica de procrear porque es lo que Dios manda o es parte de la naturaleza maternal de toda mujer, hasta el mero egoísmo de tener alguien que se quede con todas nuestras cosas, para asegurarse de que nadie más se quede con ellas. Con las cosas. Desde el deseo de satisfacer las fantasías infantiles con una muñeca real hasta la mera necesidad de no sentirse solo y asegurarse algo de compañía por algunos años, amén de la siempre sana sensación de que uno es importante para alguien más. Darle una alegría a las familias, qué se yo, muchas más. Todas mezcladas, en la mayoría de los casos.


Nosotros lo decidimos una tarde de conversación en la cocina después de varias copas de vino aguachento y cigarros. La Gabi tanteando terreno bajo el convencimiento de que una guagua era lo último que yo quería. Y bueno, por mucho tiempo lo fue. Pero la mayor parte de ese tiempo pensaba un número substancialmente superior de idioteces que las que pienso ahora. Y se equivocaba ahora ella, tal como me equivocaba yo antes. Y donde a mí me parecía un a tontera considerar la idea, a ella le parecía más bien abrumadora como decisión de vida. (Y claro, decir que era una tontera, me servía para no decir que la idea me abrumaba también).


Tener hijos es bueno cuando se les puede criar, cuando se decide tenerlos, cuando uno se siente seguro de que puede enfrentar la responsabilidad. Tener hijos es bueno en un mundo donde se necesita tanto trabajo para mejorar la vida propia y la de los demás. Tener hijos es bueno cuando uno siente que el cariño y la bondad te alcanzan para más personas y te quieres asegurar de incrementarlos en ti mismo y perpetuarlo hacia el futuro. Cualesquiera sean las posibilidades de salvación para la humanidad, requerirá lo que requieren todas las especies para sobrevivir: reproducirse. El mundo se viene acabando desde que la humanidad existe y todas las culturas tienen un historial eterno de apocalipsis nunca realizados. Que el mundo sea feo e injusto puede ser motivo para no meter más carne a la máquina, es cierto, pero también para intentar reproducir personas hermosas y justas, que es la única posibilidad de solucionar nuestros embrollos o de hacer menos dramático el final de los finales para los demás.


Tener hijos es bueno cuando se quiere tenerlos para continuar una patriada de amor. Esa patriada que comienza con la mera decisión de envejecer con una sola persona y hacerte parte de una familia nueva y termina con la decisión de no acabar con eso, de extender esta repartija indiscriminada de cariño. Que se trata, por lo tanto, de agregar felicidad a tu vida y a la de otros.


Y esta felicidad, finalmente, descansa sobre la base de un misterio. Porque, seamos francos, querer tener hijos es una tontera del porte de un buque no porque sea malo echar más gente a un mundo o por la posibilidad siempre presente de hacerlo todo malo y agregarle otra familia fracturada y gente dañada al planeta. Es una tontera porque simplemente no resulta sensato querer algo que no se entiende ni se conoce más que de manera superficial e indirecta, con suerte como testigo presencial. Querer hijos es querer responsabilidades que no entendemos, experiencias que no comprendemos, momentos que no esperamos, alegrías que no nos imaginamos y dolores que no sabremos si podremos soportar. Es decidir vivir en la máxima de las incertidumbres por el resto de tu vida.


Y por algún motivo misterioso, decide uno querer esa incertidumbre. Como si hubiésemos nacido exploradores, abrazamos el ansia y el misterio y lo construimos como una aventura. Porque uno sabe que es bueno. Bueno para uno, bueno para los que quieres y bueno para el mundo. Y hasta ahí llegan las explicaciones.


El resto es solo saber que, finalmente, no puede ser malo sentir lo que sentimos cuando, en blanco y negro, y esquivando la cámara con todas sus ganas, vimos a nuestro pirigüín, pateando como caballo de campo y revolcándose como cuncuna para volver a su posición favorita. Y eso fue felicidad, claro. Pero algo más. Algo que hace que se te apriete el estómago, se te corte el aliento y fijes la mirada cada vez que vez ésta, su primera foto. Nuestra primera foto.


Y ese es el misterio. Porque, con poco más de seis centímetros, ya estás aquí, con nosotros, con nuestros amigos que leen el blog de tus papás. Con el mundo.


Y ya eres amor nuevo.








5 comentarios:

  1. Leyendote, no me cabe duda alguna que lucharán por ser los mejores papás del mundo, el anhelo de muchos, el sueño de otros, abrazos y mis mejores deseos de bienestar para ustedes.
    Afetuosamente,
    Mirta.

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  2. Pucha, Dany... no tengo más que decir que felicidades a ti y a la Gaby por ser bendecidos con un nuevo miembro a su familia.

    Se que lo criarán bien y espero poder conocer a su retoño para regalonearlo.

    Saludos.

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  3. Wn... me dejas sin palabras, ojos vidriosos y esas cosas... no me cabe duda que van a ser unos papás de esos de los cuentos que ya no se escriben. Un abrazo a ti y a la Gaby, a la distancia. Y déjense caer por estos lares luego poh wn, que se echa de menos!

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  4. Gracias, chicas y chicos.
    Nos alegra saber que Pirigüín llega a un mundo con tantos tíos y tías de calidad.
    Abrazos a tod@s!!

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  5. Yo veo a muchas familias improvisadas en la calle y me da lata porque la gente se toma la paternidad a la ligera.

    Me da mucho gusto saber que hay personas que se cuestionan el tema y le toman el peso a semejante decisión. PORQUE ES UN TEMA DE PESO!

    Y he llegado a la conclusión que la gente que más se cuestiona la paternindad, es la gente que menos hijos tiene. Ya sea porque el mundo es una mierda o se acobardan por toda la responsabilidad que implica.

    A mi personalmente me da terror el fracaso parental. O sea, nadie te enseña a ser padre (books can be misleading) y los hijos podemos ser muy ingratos a veces.

    En fin, me alegra y me da esperanzas el que personas cómo tu y la Gaby sean padres. Estoy segura que lo harán de lujo y escribirán un libro para ayudar a los que venimos.

    :D

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