sábado, 7 de noviembre de 2009

Historias de un callejón


Algo huele mal

A ver, cómo explicarlo. Nuestro departamentito de un dormitorio da, por el dormitorio y la cocina, a una especie de callejón. En términos técnicos es la parte trasera de un edificio pequeño donde están los estacionamientos. En el primer piso del edificio hay unas tiendas, un charity y una tienda de vidrios que es de nuestro landlord y en la parte trasera –la que vemos- están los basureros y estacionamiento de clientes.

El edificio es pequeño. Tiene sólo 6 departamentos. Desde la cocina veo todo. Me he convertido en la vieja sapa sin quererlo. Sé quiénes reciclan bien y quiénes no. Los veo entrar con sus take-aways y bolsas de supermercado, por lo que sé hasta qué es lo que comen. El hombre que vivía en el departamento que se desocupó estaba chiflado. Los últimos días que lo vimos, cuando salía de su departamento cerca de la hora de almuerzo (y yo, obviamente, estaba en la cocina), llevaba puesto un polerón que decía “you’re being filmed” (Está siendo filmado) y miraba al cielo, en todas las direcciones mostrando sus dedos medios, como garabato.
Y eso no es todo. Uno de los vecinos de ese edificio, un cabro negro joven, una vez se mandó la media güitreada a la salida de nuestra casa, a primerísima hora en la mañana. Yo me despertaba para ir a mi curso y en vez de despertarme con los pajaritos, me desperté con el ruido de la arcada y la subsecuente eliminación de lo que sea que le haya caído mal. Se me quitó el apetito y mientras me duchaba y quedaba lista para salir, me preparaba para la sorpresa de lo que iba a encontrar al salir. Daniel, muy tierno, se limitó a comentar “ojalá que llueva pronto”. Y en este país eso no es problema. El vómito se limpió rápido.

En este país, vomitar en la calle, es como mear en la calle en Chile. Así de común. Si uno pasa por un muro en Santiago centro huele a pipí, acá muchos rincones huelen a vómito.

Desafortunadamente nuestra calle no se escapa. Claramente se pueden observar los vómitos y si uno es despistado, los puede pisar. Por supuesto que esto no tiene que ver con ingleses delicados de estómago, sino que con ingleses buenísimos para tomar, que no saben o simplemente ignoran sus límites y que viven permanentemente con caña y no tienen ningún problema en admitirlo. El vómito está institucionalizado. Nunca había visto y escuchado tanto vómito en mi vida.

Y si de hablar de olores se trata, uno de los problemas de vivir en un callejón es que a veces pasa el camión de basura pero no se le ocurre entrar o pero que entran y no se la llevan porque a algún vecino consciente de su propia comunidad mete cosas al basurero que no están permitidas. Y ahí pueden pasar días en que la basura se acumula y se acumula y sobre todo en verano, no huele bien.

Malos hábitos

El callejón llama a proteger a la gente de malos hábitos. Es un lugar oscuro y escondido, por lo tanto que mejor que transformarlo en un lugar de vicios.

Hasta el momento no hemos visto ninguna escena de sexo, pero sí de lo siguiente:

1. Una niña musulmana de unos veintitantos años, tapada y todo se metió al callejón a fumarse un cigarro. Me pregunto que le dirá a su familia si le pillan los cigarros.

2. Un joven guatón, bien guatón, se escondió para pegarse un atracón de hamburguesas y papas fritas. Probablemente habría estado más cómo comiendo en el boliche donde compró su comida, pero parece que tenía “issues”, considerando el ímpetu con que se comía la comida.

3. Un maestro que estaba haciendo unos arreglos en una casa del frente, tenía un pito de marihuana o crack y lo escondía debajo de un basurero en nuestro “callejón”. Venía un par de veces al día, le daba un par de piteadas, lo dejaba debajo del basurero y de vuelta al trabajo. La última vez que lo vi, y no es chiste, lo pasó a buscar una ambulancia.

4. Anteayer un hombre negro se metió el callejoncito y se pegó unos jales.

5. Una carabinera inglesa se metió a fumar al callejón. Supongo que debe estar prohibido a ellos fumar con uniforme. Me vio casi al prender el cigarro y le pegó un par de piteadas y se fue.

6. Lo más, más freak, que casi me llevó a llamar a la policía. Mientras preparaba comida al atardecer, una señora entró y quedó parada en uno de los estacionamientos. Esta señora hacía como que hablaba con alguien, se tambaleaba y parecía que se iba a quedar dormida. Y estuvo ahí, de pie, por al menos una hora. Después volví a mirar y ya no estaba ahí. Quizás en qué dimensión estaba, pero de eso yo no quiero probar.

7. Y no pocas veces llegan grupitos de cabros y fuman pitos, cigarros o toman.

Y esto es sólo considerando las veces que sí estoy mirando.
Pero debo aclarar que esto no pasa solamente en los callejones. Mi amiga Sarah me pidió el otro día acompañarla a dejar la basura a la puerta de su casa (y eso es todo: abres la puerta, está la vereda y en el borde dejas tu bolsa) y un loco se me acercó y me empezó a conversar cosas que no le podía entender. Quizás en qué dimensión estaba, pero de eso no quiero probar.

Last but not Least


Y lejos lo más bizarro que esta vieja metida presenció fue cuando empecé a ver que una de las vecinas del edificio sacaba y llenaba los basureros. Al otro día no solo los basureros estaban llenos sino que hasta los estacionamientos mismos, llenos de basura y maletas. El cuento corto es que la niña China que vivía ahí estaba ilegal y la pillaron y se escapó. Mucha gente no resistió la tentación y abrió las maletas y las bolsas de basura para ganar con lo que se pudiera, lo que significó que todo quedó ahí tirado, nada de bolsas de basura. Finalmente tuvimos que llamar a la municipalidad para que vieniera a recoger los escombros, yo pasé una mañana recogiendo con una vecina las cosas y poniéndolas en bolsas de basura, que fué wácala, wácala. Lo único bueno es que yo gané con una cartera nueva y Daniel con una maleta.

Y eso es en el primer mundo.

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