sábado, 24 de julio de 2010

Optando por un embarazo sano: ¡sí se puede!


En realidad, aparte de saber cómo se hacen las guaguas, no sabía nada más de la maternidad, llámese embarazo y crianza de chiquilines. Sólo lo de las películas, como que en el embarazo uno se la pasa vomitando, que el parto es puro grito y dolor por horas, que se vive con antojo, y que uno sabe que va a tener la guagua en la mitad de la noche porque justo empezaron las contracciones. También por experiencias de personas cercanas uno aprende que hay embarazos más complicados que otro, que hay guagüitas que se pierden y que se puede subir mucho de peso, o hincharse de pies a cabeza. Nada bueno.

Sólo quería un buen embarazo. Según la creencia común eso no depende de uno, sino que de la naturaleza. Sospechoso. Le tenía pánico a pasar nueve meses en cama, subir mucho de peso (según muchos es inevitable y es genético) y a las hemorroides. Y bueno, pánico al parto mismo: ¡qué miedo! Pero la información es poder. Así que me dediqué a estudiar con la idea de desafiar esa creencia y hacer todo lo que me pudiera ayudar para disfrutar los nueve meses más cortos y más largos de mi vida.

Según mi experiencia depende de uno y no de la naturaleza. Las claves son, en mi opinión, la alimentación, tener un buen estado físico y eliminar el estrés. Estas tres cosas no sólo durante el embarazo sino que antes (y después) también.

Sí. Tuve la suerte de tener un embarazo sin muchos síntomas. Y eso sí que parece ser genético, hormonal. Tuve sólo 3 días en las primeras semanas en que sentía que tenía la peor resaca de mi vida y por semanas anduve muerta de sueño. Así que comiendo galletitas de agua y acostándome a las 21.00 no más. Después en el segundo y tercer trimestre sufrí acidez e insomnio, así que tuve que cortar las comidas pesadas y las frituras y para el insomnio simplemente lo asumí y tuve laaaaargos desayunos y escribí harto en mi diario de vida. Para cada síntoma que me pareció inevitable busqué una solución que lo hizo menos traumático.

Me salvé de tener antojos. Según yo, sólo tuve antojos relativamente sanos: lechuga con limón y sal y duraznos (hasta 6 en un día). Al final me dio con los helados pero tampoco tuve a Daniel saliendo a comprar helado a las 2 de la mañana. No sé si fueron antojos propiamente tal porque ¡todavía los tengo!

Y también me salvé de las hemorroides. Y eso NO CREO que sea genético. Tanto susto a que fallara mi ya flojo sistema digestivo me llevó a averiguarme de todas las posibles formas de evitarlo hasta encontrar la clave: la dieta. Nunca había tenido mejor digestión: mucha agua, frutas, verduras y avena con ciruelas secas en la mañana; y chao galletas y masas no integrales. Mis chanchadas eran las almendras que tienen mucha fibra.

Y mi pánico máximo era subir de peso. Por un lado el miedo es a sentirme fea y que después cueste mucho bajar los kilos subidos (¡Qué lata!) y por otro, el miedo a no tener un embarazo y parto saludable por los kilos extras.

Subí casi 10 kilos en los 9 meses. Así que carita feliz para mí, sobre todo por mi diente largo. Eso de creer que uno tiene que comer por dos o que en el embarazo uno puede comer lo que quiera es absolutamente “farso”. Totalmente creencia de abuelita. Está creciendo una personita adentro tuyo y tú sólo le quieres dar lo mejor y en cuanto a aumento de calorías sólo necesitas 300 extras al día, lo que no es mucho. Para mí fue casi como estar a dieta, comiendo harto, pero rico y sano, con salidas esporádicas. Debo aclarar que nunca dejé de comer chocolate, sólo en momentos en que mi digestión me hacía la desconocida, pero que sí los consumí con moderación.

Otra creencia de abuelita es que las embarazadas no deben hacer ejercicios. A mi hermana le dijeron que ¡no subiera escaleras! Y eso, la evidencia ha demostrado, es falso. Todo lo contrario, mantener un buen estado físico afecta positivamente al bebé y te prepara de mejor manera para el parto a ti y a tu guagua (posicionándola óptimamente). No hay que volverse loca, pero uno puede hacer el mismo ejercicio que hacía normalmente, pero no más. Y evitar, obviamente, ejercicios que tengan riesgos de golpes o caídas mala onda. Yo pude seguir corriendo, con un poco menos de intensidad hasta los cinco meses. Después me molestaba un poco la guata y comencé a caminar (al final como patito, pero caminé) que ayuda mucho a posicionar al bebé.

Paralelamente compré unos DVDs de yoga prenatal por amazon y me inscribí en un curso de pilates para embarazadas. El yoga tuvo efectos demasiado positivos y es una actividad que recomiendo a toda mujer embarazada. Practicándolo con regularidad, 2 a 3 veces por semana (no sé como lo hice, pero lo hice) te ayuda a mejorar la respiración, que es muy necesaria en el parto y para relajarse en momentos de ansiedad, a cuidar la espalda que sufre montones con el bulto adicional, y a posicionar bien al bebé y a aprender y elegir posiciones que puedes usar durante el parto. Pero por sobre todo te ayuda a sentir el control sobre tu cuerpo y confiar en él, en que puedes tener un parto sin problemas.

Para controlar el estrés en realidad fui totalmente descarada. Primero que nada estoy acompañada de Daniel que es totalmente zen. Además, ya trabajaba tiempo parcial y me fui a Chile dos meses de vacaciones. Enzo estuvo en Papudo, el Quisco, Tongoy, El Valle del Elqui; respirando aire puro, descansando y nadando; rodeado de familia y amigos que me regalonearon de lo lindo.

Y en el último trimestre comencé a practicar hipnosis. Técnica totalmente subestimada y poco utilizada como una forma no invasiva para controlar el dolor. Mi pánico siempre fue con la epidural –totalmente infundado, lo sé-, y probaría cualquier cosa para evitarla. Consiste en un CD con una grabación de 30 minutos con visualizaciones de relajación y sugerencias de que el parto es totalmente natural e intuitivo. En vez de ver el vaso medio vacío empiezas a verlo medio lleno. Te sugieren escucharlo 3 o 4 veces a la semana y te relaja y te hace sentir más preparada física y psicológicamente para el parto. Según yo, el estar relajado ayuda a que el parto progrese más rápido y si va a doler, mejor que dure menos. Esa era mi objetivo.

En mi caso, llegué al parto sin ninguna gota de susto o estrés. No puedo decir si sentí menos dolor, porque no tengo nada con qué comparar. Dolió y mucho, pero siempre me sentí en control y cuando estaba más débil me recordaba a mi misma que podía hacerlo y que cada vez faltaba menos. No me queda nada más que decir que funciona. El feedback externo lo indica.
Raya para la suma, subí 10 kilos y me mantuve activa, con buen estado físico y relajada durante todo el embarazo. Sólo al comienzo estaba ansiosa porque no sabía cómo me iba a cambiar la vida y todo era desconocido. Y llegué al parto preparada física y mentalmente y eso significó un parto más corto, sin miedo y ¡sin ningún punto!

Nunca me ha gustado andar aconsejando a la gente. Pero dada tanta creencia de abuelita alrededor no puedo evitar recomendar a todas mis amigas lectoras que quieran tener guagua que se hagan el tiempo para pasar nueve meses relajadas, que no dejen de hacer ejercicio cardiovascular y localizado para embarazadas; que coman sano pero rico y que crean en sus cuerpos y vivan un embarazo sin miedo. Pucha que ayuda.

Referencias (todas en inglés):

Hipnosis: http://www.natalhypnotherapy.co.uk/

DVD: Pregnancy Health Yoga with Tara Lee

Libros:
The Pregnancy Book 2007
What to Expect When You Are Expecting

Recursos en Línea:
BBC - Parenting
BBC - Health - Pregnancy
Bounty Club
What to Expect

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