lunes, 20 de septiembre de 2010

Nuevos días de siempre



A las siete y algo de la mañana nos vamos despertando de a poco con el Enzo que empieza a transmitir. Ahora último ya pega gritos estertóricos y chillidos en un rango amplio de decibeles así que la despertada va siendo cada vez menos gradual. Además lo escuchamos con eco, porque lo podemos escuchar desde su pieza y luego el sonido diferido en el monitor que la Gabi tiene religiosamente en su velador. A la Gabi la levanta una grúa invisible y yo desde la cama trato de sacarme el sueño mientras la escucho ir al baño y bajar a la cocina. Escucho cómo enciende el microondas con el esterilizador de mamaderas y se prepara su desayuno (escucho el tic tic de las tijeras que usa para picarse sus ciruelas secas, con las que acompaña su cereal). La escucho subir de vuelta y entrar a la pieza del Enzo. Lo escucho a él quedarse calladito (otras veces pega algún ruido de contento o aumenta su llanto de “Aliméntenme ahora ya!”, hoy día es silencio) mientras ella lo saluda y desarma el blackout de la ventana. Cuando escucho que ya están sentados tomando desayuno ambos, me levanto yo. Paso a saludarlos y luego bajo a buscar el esterilizador (o el desayuno, o lo que haya que traer). Luego vuelvo y hago algunos ejercicios mientras Enzo toma su leche, y quedo para cuidarlo mientras la Gabi se saca leche.


Cuando le toca su segunda papa, aprovecho de ducharme. Cuando salgo, el Enzo ya está desayunado y es mío. La Gabi se va a pegar un repechaje de sueño y yo me quedo con el Enzo hasta que se queda dormido como a eso de las diez. El rato lo pasamos arriba en su gimnasio, a veces jugamos juntos, otras veces lo bajo para que me acompañe a tomar desayuno, otras veces lo dejo a mi lado mientras interneteo o trabajo. Luego duerme y como a eso de las 11 la Gabi despierta de nuevo, se pega su duchazo y llega a atender al Enzo mientras yo me voy a mi oficina-en-la-casa.

Ahí me quedo haciendo como que trabajo y la Gabi haciendo de dueña de casa y cuidadora del Enzo. Ella hace aseo, cocina y regalonea con el caballero. A veces lo saca a dar una vuelta, si el día está bonito. Yo tecleo, leo. Cada cierto rato pasan los dos a saludarme y yo tengo mi recreo con Enzo y la Gabi aprovecha de terminar algo o ir al baño o prepararse para salir.

A eso de la una o dos, Enzo está de nuevo durmiendo y nosotros almorzamos. Sandwiches y ensaladas son el menú más típico. La Gabi hace algo distinto todos los días, y son todos los días ricos. Yo ya tengo un poco de sueño a esas alturas así que me meto un café para durar el resto de la tarde. Ese resto se me va en más leer y anotar cosas y a la Gabi en mudar, jugar, ordenar, pasear/comprar comida en el super. Ahora último compramos ensaladas hechas que bajan de precio porque están para el día, pastas frescas de  por cinco libras y que están listas en tres minutos. La idea es no complicar la hora de la comida. Así y todo la Gabi se pega sus cocinadas locas, como las de antes, y ahí aparecen unos curries u otros inventos del momento.

A las cuatro yo paro la tontera, salgo a correr y a las cinco ya estoy con el Enzo en su coche listo para ser paseado y atutado en el camino. La Gabi se queda en la casa haciendo yoga, descansando o cocinando. Lo que le parezca. Yo salgo a recorrer las calles con el Enzo. Ahora último hemos conocido un montón de lugares nuevos alrededor de la casa. Bueno, los conozco yo en realidad, porque él en general va durmiendo o pensando en sus cosas de guaguo.

A la vuelta me queda jugando con él mientras la Gabi sirve nuestra cena. Al Enzo lo sentamos en su silla de juegos y lo ponemos frente a nosotros. Ponemos la tele (ahora último estamos viendo Heidi, la serie japonesa) y mientras comemos, el Enzo nos mira intrigado.

Luego de comer me lo llevo, tipín siete, a su pieza para masajearlo por unos veinte minutos. La Gabi prepara su leche y su baño. Luego de ser masajeado, lo llevamos al baño, lo metemos en su aguita, lo limpiamos, lo mecemos en el agua y luego de vuelta a sus aposentos. Entre los dos lo secamos bien, con toalla, papel y soplidos, bien calladitos para que se vaya relajando más. Le ponemos sus cremas para su piel seca y lo termino de vestir mientras la Gabi vuelve a poner el blackout. Ya son más cerca de las ocho y ahí  la Gabi se queda a darle su papa. Hasta hace unos días lo hacía yo, pero ahora decidimos cambiar y así la Gabi se ahorra una sesión de sacada de leche. Luego de comer cae a su cuna.

El resto de la noche lo dedicamos a descansar, conversar del día. A veces con una copa de vino o una cerveza. Nos quedamos regaloneando, conversando. A veces nos vemos una peli, como en los viejos tiempos, pero la mayor parte de las veces solo queremos descansar.

A las once y cuarto lo despertamos por última vez para una muda y un botellazo final. Con suerte, no despertará hasta el otro día. Sin suerte, despertará a media mañana por frío, hambre o un mal sueño. En cualquier caso un poco de papa lo arregla rápido. Y así termina el día.

Nos acostamos cansados.

Nos acostamos felices.

4 comentarios:

  1. rutinas lindas, lo mejor de la vida poder disfrutar a tu hijo así, cansan mas que la cresta.....pero la alegría que nos dan no hay nada que se le compare.

    ResponderEliminar
  2. Great description of a "day in the life" of the sea otters!

    ResponderEliminar
  3. Son tan bonitos. Es como un documental sobre chungungos urbanos. Estoy viendo Seinfeld y sale un barber shop llamado Enzo's.
    abrazos!

    ResponderEliminar
  4. Mucha gente odia las rutinas, pero cuando se tiene un bebé estas son saludables, y hermosas porque no decirlo. Lo mas maravilloso es que a medida que pasa el tiempo los bebés son más y más ricos. Un abrazo desde Chile.

    ResponderEliminar