martes, 28 de diciembre de 2010

Blanca Navidad

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Nuestro rincón navideño
La predicción mía (no puedo hablar por Daniel acá) y de muchos de mis amigos era que esta Navidad sería bastante terrible. Por un lado asumiendo y viviendo la totalidad del invierno (nada de su escape a Santiago a 30 grados) y por otro, lejos de la familia y los amigos para Navidad. Todo parecía indicar que se venían semanas de nostalgia y arranamiento absoluto.
Pero nada más lejos de la realidad. Ha sido entretenido y desafiante pasar por olas de frío, salir a caminar por la Nieve y nos hemos llenado de anécdotas como quedarnos sin calefacción (lo que lo hace parcido a un invierno puramene chileno, nada nuevo), amanecer con las cañerías congeladas y con –7 grados a las 7 de la mañana salir al patio con el secador de pelo para tirarle aire caliente a la cañería. También hemos tenido la lavadora mala y he salido a caminar con un carrito de feria con ropa por la nieve resfalándome y el caballero de la lavandería me ofrece té y un mince pie. Uno piensa que este país está acostumbrado a estas temperaturas pero no. Los trenes, los aeropuertos, todo se inmoviliza, incluso mi clase de natación con Enzo. En un momento de deseperación hice un pedido a domicilio del supermercado calculando que no iba a salir de la casa hasta febrero, just in case.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Yo amo a Jamie (Oliver)

No quería postear nuevamente sobre curries pero inevitablemente quiero escribir algo relacionado con comidas y esta vez tiene que ver con nuestro descubrimiento del chef Jamie Oliver. Ya lo conocíamos en Chile porque sus programas los daban en People & Arts. Lo veía como cualquier programa de cocina sin reparar en que Jamie es un chef, pero no cualquier celebrity chef, sino que tiene una causa: convencer al mundo que todos pueden cocinar y que al hacerlo es más sano y muy entretenido. Recuerdo que cuando me topaba con él en el cable, era el chef lolo, simpático, bonachón que seseaba, que cocinaba cosas ricas y relativamente sencillas para los amigos y la polola (ahora su señora). Nada de cosas muy sofisticadas ni presentaciones cuáticas, sólo el sabor de los mismos ingredientes de siempre pero mezclados de maneras que no se nos había ocurrido, siempre con aires a comida italiana, tradicional inglesa u oriental.