lunes, 4 de abril de 2011

“Keep an Eye” (manténgase alerta)

nhsEsta frasecilla la escuché por primera vez una vez que el Enzo, de entonces 3 meses, se desvaneció y lo llevé al doctor. Le conté toda la historia al doctor, que escuchó atentamente y en vez de darme una orden de exámenes simplemente me dice “keep an eye”. “Manténgase alerta y si vuelve a pasar, venga de nuevo”.

Y de ahí que esta frase se ha convertido en el reflejo del sistema de salud inglés. Porque la he escuchado una y otra vez. Y cada vez que la escucho siento frustración. Dos veces que fui al doctor por dolor de espalda, me mandaron a la casa con un folleto con posiciones correctas y con recomendación de tomar ibuprofeno y de “keep an eye”. Y por otra complicación “femenina” después de tres “keep an eye” fui a la atención primaria nocturna y ahí vi con mis propios ojos a una doctora de verdad preocupada que me dio una pastilla que me solucionó el problema hasta el día de hoy (recuerdo ese día de enero, gélido afuera y yo caminando a las 11 de la noche al hospital).

He escuchado esta frasecilla cuando en vez he querido escuchar “Pobrecita, no queremos que siga así de preocupada y adolorida así que le haremos todos los examenes para saber que tiene, darle un tratamiento adecuado y se vaya tranquila a la casa”.

Como chilena-hija-de-la-salud-privada espero que los doctores me quiten el dolor (o angustia o molestia), me expliquen lo que tengo y hagan lo que sea para darme la tranquilidad de que no es nada serio. No espero lo que siento que me pasa acá: que no hay empatía ni generosidad: si te duele tanto anda a la farmacia a comprarte un ibuprofeno o lo que tiene puede ser muchas cosas pero ahora no tenemos tiempo para darle toda la información para quitarle el susto. Como dice una amiga acá, es mejor hablar con el farmacéutico o buscar información en internet.

El viernes me tocó ir a A&E, a Emergencias. Tuve que chequear mis síntomas por internet y solicitar que un servicio de NHS (National Health Service) me llamara a la casa para chequear los síntomas para ver si era “recomendable” que fuera a Emergencias. Y la enfermera amorosa que me atendió me dijo que partiera inmediatamente. Yo estaba con un dolor de espalda inaguantable, llorando del dolor cuando la hipnósis para controlar el dolor que aprendí para el parto no me dio para más; tenía fiebre, náuseas, reflujo y un cansancio máximo. Por la fiebre y el dolor de espalda sospechábamos deuna infección al riñón.

Llegamos. Vamos a recepción. Esperamos como 30 minutos. Me llaman. Me hacen unas preguntas, me toman la temperatura y me hacen un test de orina. La enfermera amorosa que me atendió, me dice que “quizás tengo una infección urinaria pero se va a curar solita” y mirando al Enzo me pregunta si “estoy segura que no me he lesionado la espalda”. Y claro, desde que gatea han sido semanas maratónicas y la última vez que fui al gym me quejé que me dolía le espalda a la vuelta. Así que para la casa. Un paracetamol para la fiebre y un ibuprofeno para la espalda. Si tenía un virus era cosa de tiempo no más para que se acabe. Ella estaba tranquila porque no me iba a morir, yo estaba desmoralizada porque tendría que aguantarme el dolor y las náuseas.

En Chile y mi sistema privado de salud, me hubieran puesto suero, glucosa, omeprazol (para el reflujo), ibuprofeno y paracetamol a la vena. En una de esas me hubieran hecho un lavado estomacal. Hubiera salido del recinto sin dolor al caminar y con ganas de comer algo y sabría qué comer porque estaría con una dieta blanda.

Y hubiera pagado por eso en particular (mensualmente y el co-pago). Acá eso se va en los impuestos, diluido con todo el resto del gasto público.

Erróneamente, uno espera que un servicio de salud pública del primer mundo sea como el sistema privado de un país de tercer mundo. Entiendo que es la plata de todos los ingleses y no hay que malgastarla en medicamentos y examenes innecesarios. Entiendo que es un sistema público y que yo estoy mal acostumbrada al sistema privado. Entiendo que este país tiene sus propias historias con abusos a políticas públicas y problemas de administración pública (En todas partes se cuecen habas…) la cual tienen que ser cuidadosos. Entiendo, resignada, que no es un mal sistema.

Daniel me convence de a poquito que mi frustración es parte de un shock cultural. Que en temas de salud, el chileno con salud privada o pública tendrá su encontrón si llega a vivir acá y tiene que ir al doctor. Porque culturalmente en Chile hay una sobredependencia a los doctores.

Primero que nada, en Chile, si nos resfriamos, si nos agarramos un virus, si nos da una infección pequeña, si tenemos fiebre, altiro partimos al doctor. Porque puede ser serio, bronquitis, meningitis, qué se yo. Cuando lo más probable es que sólo sean viruses, resfríos, etcétera, que se curan solitos  (cosa que la escribo pero me cuesta mucho creer). Siempre puede haber algo más y siempre es mejor que te vea el doctor. La palaba “automedicación” en Chile es duramente condenada, es para los irresponsables que “juegan con su salud”. Esto es cultural y en gran beneficio para el gremio de los doctores, porque incentiva a la población a ser hipocondríaca y necesitarlos más de lo necesario. Acá lo cultural es justamente al revés. Antes de ir al doctor, revise la página web, revise sus síntomas y la herramienta web le dirá si tiene que ir o no al doctor. El primer mundo nos dice, entonces, que no hay que alarmar; que lo que más comúnmente aqueja a las personas se cura solo o automedicándose (acá lo que se vende sin receta se vende en los supermercados, al lado de los productos de cuidado personal).

Segundo, los chilenos queremos saber qué tenemos. Si es una gastritis o colon irritable, o algo nos cayó mal; si es un resfrío común o viral. Necesitamos saber el detalle. No me contento con “quizás es un virus”. Yo quiero saber cúal es. Yo pelo y me quejo cuando los doctores me mandan a hacer tracaladas de exámenes, pero ahora que lo miro a la distancia hay un alivio enorme en saber que salen normales, que no tienes nada de nada, que todo ha sido descartado. Acá, a diferencia de Chile S.A, hay mucho gasto en descartar todas las posibles enferemdades así que hay que acostumbrarse al proceso de hipotetisar con lo más frecuente a lo menos frecuente, lo que significará ir descartando posibles enfermedades de a una. Y la verdad es que lo más probable es que sea lo primero. Si quiero saber detalles de lo que puedo tener me meto a internet, no le pregunto al doctor. Está lleno de sitios para hipocondríacos como yo con imágenes y todo, revisándo síntomas y enfermedades que los doctores no se molestan en explicar. Y los doctores, en vez de explicarte, te pasan un informativo impreso de una página web, porque, además, en promedio las consultas médicas acá duran 7 minutos.

Tercero, buscamos empatizar con el doctor. Siempre nos quejamos si un doctor no nos pezca y celebramos al que te da su correo para que le digas como evolucionas. Nos gusta la empatía, que te escuchen, que te expliquen con peras y con manzanas, que entiendan tu preocupación (aunque también quieran tu plata) y así poder elegir siempre al mismo doctor de la lista de médicos del centro. Porque en Chile los médicos están en el olimpo  de las profesiones junto con los abogados y los ingenieros (civiles, por supuesto, no nos engañemos más). Mientras que acá, nadie busca empatizar con el doctor, ni el doctor con el paciente. Por una parte, porque el sistema no lo permite: ves al doctor que te toca. Yo he visto a todos los que hay en el consultorio. Por otro, porque la gran diferencia cultural con Chile es que la profesión de doctor no tiene el prestigio que le damos en Chile. Un doctor vive bien, pero no se infla tanto el pecho. Todo lo contrario, se les cuestiona todo el tiempo de si están haciendo un uso eficiente de recursos o si dan buenos diagnósticos.

Habiendo dicho todo esto y haciéndome cargo de mi mala-crianza médica, no quiero dejar de decir que ver como la salud en Chile se ha convertido en un mercado lucrativo me da asco. Entramos a la consulta sabiendo que tendremos que pagar examenes y medicamentos, que seguramente no son necesarios. Una vez que fui al doctor porque me dolía la rodilla, me hizo encuclillarme y donde me dolía, me dice que me tiene que operar, sólo 5 minutos después de entrar a su consulta. Ya inmersa en Inglaterra, si me duele la rodilla, me tomo un ibuprofeno. Lo más probable es que se pase. Si no, ahí recién voy al médico y aún así quizás me mande para la casa con un “keep an eye”.

Todo esto, sólo me hace pensar que nuestro gran problema en Chile es que queremos mejorar la salud pública sin cambiar los roles de paciente y doctor. Si empoderamos más a los pacientes a informarse primero antes de pisar un consultorio, los consultorios estarían menos llenos. Y si desempoderamos a los doctores informando a la gente que las enfermedades más frecuentes se pasan sin ayuda del doctor –se pasan solas o con algo que pueden comprar en la farmacia- también tendríamos menos gente en los consultorios.

Mi padre siempre dice que el problema de la salud pública en Chile es que los doctores no son administradores. Yo justamente estoy jugando con la idea de que el problema, puede ser, que los doctores sean los doctores que son (y queremos que sean).

Referencias

NHS (National Health Service) Direct: Información en Línea

NHS Symptoms Checker: Herramienta para revisar síntomas  

Artículo del Daily Mail sobre cómo aprovechar los 7 minutos promedio que dura una consulta médica.

Interesante artículo del diario The Independent sobre la crisis de las maternidades en Inglaterra (no mucho que ver pero lo leí hoy y me pareció que merecía difusión).