viernes, 6 de mayo de 2011

Reporteando la Boda “Real”

(O breves reflexiones de salón de té sobre la monarquía en un mundo moderno)

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(Esto es a pedido del público)
Hace un par de años leí en un diario de copuchas como le digo yo, la prensa amarilla, como reporteaban la noticia que no era noticia: el príncipe Guillermo y su polola Kate compraban lechuga en un supermercado. Era una nota con fotos, con entrevistas a la cajera para saber qué medio de pago usaron, y con otros testigos que comentaban lo simpáticos y normales que eran. Y esa ha sido la tónica de la prensa amarilla: que comen en uno u otro restaurante, que visten tal o cual ropa, que conversan con perico de los palotes, que van a un partido de cricket, rugby, polo. Ambos sin mucha gracia para aportar en la esfera sensacionalista: ninguno con accidentes “bajo la influencia,” o con comentarios controversiales (el príncipe Harry es mucho mejor para la prensa en este sentido, disfrazándose de Nazi, fumando marihuana, llendo a pelear a Afganistan y convertirse en el blanco para los talibanes). No hemos visto ningún “mugshot”. Y dentro de su “no sensacionalismo” tampoco hay mucho que aportar a la contingencia: él trabaja de aviador, ella no trabaja, ninguno es conocido por apoyar causas sociales o ni siquiera son íconos de estilo. 
Por lo expuesto anteriormente, estar pendiente de la boda real era como estar pendiente de la boda de un conocido cualquiera (que además tendría que ser millonario, eso sí), por lo que me mantuve más bien apática a la “grandeza” o la “importancia histórica” del evento.  O sea, no iba a celebrar como lo hicieron muchos ingleses (ACLARO eso porque sí me mantuve pendiente de todos los detalles que podían aparecer en los medios. Todos.).

Acá en Inglaterra el día de la boda se hizo feriado para que la gente aprovechara de celebrar también, sin preguntarle a nadie, lo que causó molestias en el sector privado (obviamente) o los empleados que trabajan fines de semana y festivos (garzones, por ejemplo). Nosotros estuvimos en la mitad de la nada (de vacaciones, aprovechando el feriado) cuando esto pasó y yo lo leí en el diario al día siguiente más que verlo en la tele. Vi el vestido y apagué la tele porque no iba a escuchar una misa cuando no he entrado a una iglesia en siglos. Pero la tónica parece ser que sí se celebró bastante y todos lo vieron.
Mi teoría es que, más que un amor por la monarquía, los ingleses prenden altiro con una oportunidad para celebrar su “inglesitud” ya que no tienen un día nacional, como nuestro 18. Mi impresión personal por lo que sé de amigos y por lo que he leído también es que, en general, los ingleses son bastante apáticos frente a la monarquía. No les va ni les viene y de hecho pueden ser bastante críticos sobretodo porque viven de los impuestos y no de una manera particularmente austera (aunque dicen que sí) y el aporte político al país es cero porque están al margen. Pero claramente la monarquía y sus eventos reales tienen, indudablemente, un rol simbólico que une a los ingleses y sirven para recordarles, dispersos en su propio país multicultural, que son ingleses (y de paso odiar un poco más a sus inmigrantes… lo dije y qué).
Mi amiga Sarah me decía que igual hay que ver la boda real porque es un momento histórico, que aparecerá en los libros de historia. Y cuando me dijo eso, uno piensa en Enrique VIII matando a sus esposas o Ricardo Corazón de León luchando en las Cruzadas. Y hay algo que no tiene sentido: ¿un evento histórico? Un príncipe que toda su vida ha tratado que lo traten como persona normal porque eso es lo que es. Que se casa con la polola de la U, con la que vivió varios años primero, que tiene que pedir vacaciones para irse de luna de miel. Lo único histórico es que 2 billones de personas lo vieron.
La monarquía ha tratado de acercarse a la gente y al hacerlo, ha demostrado  que son personas normales, que se casan con “commoners” (hasta por ahí no más, porque digamos que no sacó a la chiquilla de un barrio marginal) y por amor. Al hacer eso sólo indican que no hay nada que los hace especiales, que no son especiales, ergo, no son necesarios y no se justificaría pasarles la brutalidad de plata que reciben todos los años.  No hay meritocracia, no hay plata ganada (no hay bread winners).  Al acercarse a la gente, han ganado empatía pero han perdido, de a poco, su estátus, su justificación como monarquía.
Hoy la portada de casi todos los diarios fue una fotografía de la Duquesa de Cambridge haciendo las compras en un supermercado, con su carrito y todo. ¿Eso, acaso, también saldrá en los libros de historia? 

1 comentario:

  1. la señora de las fotocopias me mantuvo informado de los detalles cada cambio de hora.

    acá le dieron mucho color (alguien dijo que la boloco es la reina de chile. pff).

    después de la boda escuché el disco de los sex pistols y vi this is england, el aldo oscuro, creo. el dark side.

    saludos.

    Lucas.

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